La ciudad belga de Tournai se declara ‘zona de exclusión’ del TTIP

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Vista general de Tournai, con la Grande-Place en el centro de la imagen. / Wikipedia
Vista general de Tournai, con la Grande-Place en el centro de la imagen. / Wikipedia

Tournai, una pequeña ciudad belga, capital de la provincia de Hainaut, pertenece a la Región de Valonia, al sur del país. Limítrofe con Francia, esta ciudad de algo más de 60 mil habitantes es desde diciembre del pasado año “zona de exclusión del tratado del TTIP" (Transatlantic Trade Investment Partnership), es decir, del tratado de Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión que negocian Estados Unidos y la Unión Europea. cuartopoder.es ha hablado con los impulsores de la iniciativa, que cuentan esta particular historia.

Tournai es una de las ciudades más antiguas de Bélgica y fue un punto estratégico histórica, cultural y económicamente durante varios siglos. Sus pequeñas casas al estilo del viejo Flandes constituyen un centro histórico de gran atractivo turístico. Sus extensos campos de siembra caracterizan el paisaje que rodea la ciudad. La economía de Tournai se basa precisamente en la explotación agrícola, la industria primaria (minería y canteras de piedra), la innovación tecnológica a través de diversos proyectos y el turismo gracias a su riqueza monumental, cuya joya es la catedral de Notre-Dame, declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

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“Este tratado amenaza la autoridad del Estado y la soberanía asumida a nivel nacional, regional, comunitario, provincial y local. Por eso, la ciudad de Tournai se declara zona de exclusión del TTIP.” Así concluye el texto que el pasado 19 de diciembre aprobó el pleno del ayuntamiento de Tournai. Lo primero que sorprende cuando uno conoce el caso es el consenso político: “La decisión se tomó por unanimidad y tras un debate político como jamás se haya visto en la ciudad,” se congratula Rene Vifquin, miembro del Colectivo Roosevelt, impulsor de la iniciativa junto con Occupy Tournai.

Fueron precisamente ciudadanos de a pie quienes lanzaron la propuesta. Preocupados por los efectos que la negociación puede tener, no ya sobre su situación económica, sino sobre sus derechos sociales y la protección del medio ambiente, decidieron actuar. Les preocupan las concesiones que la Unión Europea pueda hacer y han decidido protegerse frente a ellas a nivel local.

Rene se muestra extrañado al conocer la escasa cobertura que la negociación del tratado está teniendo en España. Se sorprende y se disgusta. “No creo que todo el mundo sea consciente de los riesgos que el tratado implica. No es solo una cuestión de política internacional. Estamos hablando del día a día, de la vida cotidiana,” afirma.

El proyecto surgió de una unión de fuerzas entre el Colectivo Roosevelt y el movimiento Occupy Tournai, aunque la idea nace en el seno del Colectivo en mayo del pasado año. “Occupy tenía los mismos objetivos que nosotros así que en septiembre empezamos a trabajar juntos”, destaca Rene. Sin embargo, insiste en que ellos no son los primeros. En Francia, casi una veintena de localidades se han declarado ya zona de exclusión del TTIP además de otras cuatro regiones. Entre ellas, la región Nord-Pas de Calais, al norte del país, que votó en junio de 2014 una petición por la paralización de la negociación del tratado. Fueron precisamente estas acciones locales las que inspiraron la iniciativa de Occupy y Roosevelt.

El consenso político, la clave

Dado que el objetivo era conseguir que la moción fuera aceptada, ambas organizaciones decidieron incluir en el debate a todos los representantes políticos de la ciudad: Partido Socialista, Movimiento Reformador (liberales), cdH (democristianos) y PartiÉcologiste (los verdes). Con esto pretendían implicar a las distintas formaciones en el proyecto solicitando que fueran ellos quienes presentaran la proposición. Finalmente, la moción fue incluida en el orden del día del 19 de diciembre de 2014.

Ruy Demotte, alcalde de Torunai. / rudidemote.be
Ruy Demotte, alcalde de Torunai. / rudidemote.be

Durante el pleno, se desarrolló un intenso debate político en torno a la cuestión. “Es la primera vez que veía un verdadero debate democrático en el pleno,” destaca Rene. La moción presentada constituía un proyecto modesto por miedo a que éste fuera rechazado. Esto, no solo esto no sucedió sino que tuvo el efecto contrario: “Fuimos más allá de lo que estaba previsto,” afirma Rudy Demotte (PS), alcalde de la ciudad. Los miembros de los diferentes partidos trabajaron para que la iniciativa fuera más fuerte, más firme y más amplia. Se comprometieron. Todos votaron a favor de la moción. “¡Incluso los liberales!” bromea Rene.

El impacto mediático fue notable y la declaración fue adoptada por otros ayuntamientos de la región, que la tomaron como referencia. Las iniciativas se han sucedido y el Colectivo Roosevelt espera que estas declaraciones continúen repitiéndose también a nivel regional y nacional.

Símbolo del rechazo ciudadano

No, la iniciativa no tiene un impacto jurídico real, cierto, pero tiene un importante carácter simbólico. Para los impulsores, es una manera de forzar a las instituciones implicadas a replantearse las condiciones de la negociación, especialmente en términos de transparencia y defensa de derechos. Esta iniciativa es, en palabras del alcalde Demotte, “una advertencia de que el resultado de la negociación no podrá ser aceptado a cualquier precio. Es una muestra de nuestras esperanzas y nuestros límites”. Es, en definitiva, una muestra del rechazo de los ciudadanos a las negociaciones tal y como se están desarrollando.

Un rechazo que se ponía de manifiesto en un informe presentado por la Comisión a principios de año. Este documento recoge los resultados de una consulta popular que mostraba que la mayoría de la ciudadanía europea está en contra del Sistema de Arbitraje Privado entre Corporaciones y Estados en particular y de la negociación de este acuerdo de libre comercio con Estados Unidos en general.

Cecilia Malmström, Comisaria de Comercio, se comprometió en la presentación de dicho informe a trabajar para lograr el acuerdo de la ciudadanía y a tener en cuenta sus demandas. Sin embargo, la primera demanda de la ciudadanía es precisamente la paralización de las negociaciones que afrontarán su octava ronda de negociaciones a partir de mañana.

La lucha continúa

“No estamos en contra de cualquier tratado. Estamos en contra de todo tratado que no ponga por delante los derechos sociales,” defiende Rene Vifquin. En cualquier caso, las acciones no van a parar. En abril se celebrará una manifestación. Las distintas organizaciones que se oponen al tratado unen fuerzas. Siguen promoviendo iniciativas, fomentando el debate, haciendo presión sobre los políticos. Mientras la negociación esté en curso, seguirá habiendo margen.

La declaración de Tournai en Bélgica -o Grenoble, Besançon o Nord-Pas de Calais en Francia- como zona de exclusión del TTIP es una muestra más de la acción ciudadana en defensa de los derechos sociales. La iniciativa local que reta al poder global. Tournai ha plantado cara a la Unión Europea, a Estados Unidos. En un ejercicio de democracia y soberanía se ha negado a que se negocie con sus derechos. Ha dicho “no” a la opacidad, al secreto. Uno puede estar o no de acuerdo pero Tournai, ante el TTIP, se planta.

Vecinos de Torunai, durante el pleno en el que aprobó la iniciativa contra el TTIP. / Foto cedida por el Colectivo Roosevelt
Vecinos de Torunai, durante el pleno en el que aprobó la iniciativa contra el TTIP. / Foto cedida por el Colectivo Roosevelt
(*) Beatriz Ríos es periodista.
5 Comments
  1. Jen says

    OUT WITH TTIP

  2. celine says

    Jo, ¡qué envidia produce ver cómo funcionan las democracias de verdad!

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