‘Tout autre chose’, ¿el germen de un Podemos belga?

Manifestación-Podemos-belga_Beatriz Ríos
Integrantes de la manifestación contra la austeridad y los recortes, promovida por ‘Tout autre chose’ y ‘Hart boven hard’, recorren las calles del centro de Bruselas el pasado domingo. / Beatriz Ríos

BRUSELAS.– Unas 20.000 personas desafiaron la lluvia el pasado fin de semana para manifestarse en el centro de Bruselas contra la austeridad y en defensa de una política alternativa, por la solidaridad y el trabajo digno bajo el paraguas de un movimiento social que sacude Bélgica. Cuartopoder.es ha hablado con los organizadores del movimiento ‘Tout autre chose’ (Todo lo contrario).

El día no podía ser más desapacible. Llovía a mares y una fuerte ventolera impedía caminar con normalidad por las avenidas de la capital belga y sin embargo, estaban llenas. Escuché una vez en Suiza, y es perfectamente aplicable a Bélgica, que “si parásemos cada vez que llueve, jamás haríamos nada.” De modo que, a pesar de la lluvia, a pesar de todo, entre 17.000 y 20.000 personas tomaron el centro de Bruselas. «Otra política es posible», reclaman, «hay alternativa».

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A Bélgica le llega algo rezagada la indignación. Tal vez porque las políticas de austeridad han tomado fuerza ahora con el nuevo gobierno, una coalición de partidos de derecha, incluida la extrema. Casi al mismo tiempo que las primeras medidas se lanzaban, la sociedad se organizaba en contra de ellas. Diciembre fue el mes más conflictivo con huelgas casi diarias y que culminó con un enorme parón nacional el día 15 del mismo mes. La sociedad belga se movilizaba entonces y se moviliza ahora: una nueva huelga paró el país el pasado lunes.

Los responsables de la manifestación del pasado fin de semana son dos movimientos sociales que nacen casi en paralelo: uno francófono (“Tout autre chose”) y otro neerlandófono (“Hart boven hard”). Porque la revolución en Bélgica será bilingüe o no será. Y sin embargo, por encima de todo, una idea: “tous ensemble/allen samen”, todos juntos.

Resulta complicado establecer las fronteras en un país cuya capital es la segunda más cosmopolita de Europa. Tanto, que la manifestación estaba poblada por personas de decenas de nacionalidades distintas. Sobresalían, entre los manifestantes, banderas griegas. Podían leerse en las pancartas referencias a la austeridad en España y Portugal. Se escuchaba coreado con una mezcla de acentos “el pueblo, unido, jamás será vencido.” Si algo caracterizó la protesta fue una absoluta heterogeneidad en cuanto a edad, sexo, origen, color o pasaporte. ‘Solidaridad’, era la consigna compartida. La manifestación, a caballo entre la protesta y la fiesta del cambio, recordaba a aquel Madrid de mayo de 2011 que lo cambió todo.

La protesta se organizó en 11 columnas que hacían referencia a 11 aspectos de la lucha: los diez horizontes que el movimiento toma como referencia para el trabajo diario y un espacio para las organizaciones que les apoyan, que son muchas. Partidos y organizaciones se interesan por su acción. Ellos lo agradecen pero inciden en la importancia de no pisarse unos a otros, de buscar la manera de compartir el camino. De no ser competición, o superposición, sino apoyo. Rechazan convertirse en una plataforma para otros. En la manifestación, por eso, las organizaciones se situaban a la cola. En el resto de columnas, cualquier referencia corporativista se tapaba con pegatinas del movimiento.

Los horizontes que marcaban la protesta y sobre los que trabaja el colectivo hacen referencia a distintos ámbitos que abarcan el trabajo digno, la educación de calidad, la justicia fiscal, la importancia de la ecología y el respeto a la diversidad. ‘Ciudadanos sin fronteras’, era el lema de la penúltima pancarta y una reclamación la cerraba: ‘Usemos la democracia’.

Un proceso de cambio, un cambio en proceso

Manifestación en Bruselas contra la auteridad.
‘Solidaridad’, fue la consigna compartida durante una marcha a caballo entre la protesta y la fiesta del cambio. / B. R.

La acción de ambos movimientos, cuya convergencia se produjo el domingo pasado en Bruselas pero lleva tiempo gestándose en reuniones y asambleas, mira de cerca lo que ocurre en España. Observa con curiosidad el ascenso de Podemos, aunque no aspira a convertirse en partido, al menos de momento. Se muestra aterrorizada ante la ley mordaza, pero mira con envidia la movilización ciudadana en España y sueña con hacer su pequeña revolución en Bélgica.

‘Hart boven hard’ (algo así como ‘un corazón riguroso’), la facción flamenca, fue el germen del movimiento. Un grupo de periodistas, académicos, activistas del mundo asociativo y ciudadanos en general, se unieron para canalizar la lucha contra las medidas de austeridad. Su acción comenzó a finales de agosto y la dimensión que la organización ha tomado en unos pocos meses es cuando menos remarcable: se han constituido más de 20 núcleos de acción locales y regionales.

El caso de ‘Tout autre chose’ es parecido, aunque con una especial representación del mundo cultural. “Vimos lo que hizo ‘Hart boven hard’ en Flandes y decidimos que había que hacer lo mismo en el lado francófono. Ellos solos no podrían hacer nada a nivel nacional,” relata Jérôme Van Ruychevelt, miembro del movimiento a cuartopoder.es.

Se encerraron durante un mes a trabajar: objetivos, estrategia de comunicación…, y se lanzaron en diciembre de 2014. Y funcionó. Más de 12 mil personas han firmado el manifiesto de ‘Tout autre chose’ por una política alternativa y la cifra continúa creciendo. “Queremos presentar una alternativa a las medidas de austeridad pero siempre hablando de derechos, libertades, ecología, diversidad, cultura…” insiste Jérôme.

El principal objetivo del movimiento es que la sociedad retome las riendas de la vida pública. Buscan hacer comprensible el debate el debate político e implicar a la sociedad en él. Construir una sociedad crítica con el sistema y transmitir una idea: “¡Hay alternativa!”, tal y como rezaba la principal pancarta de la manifestación el pasado domingo.

Manifestación en Bruselas del Podemos belga.
Un manifestante muestra una pancarta en contra de las ‘leyes nefastas’ y el derecho a la desobediencia. / B. R.

¿El Podemos belga?

En cuando a la organización, una asamblea general se constituyó el pasado 7 de marzo. Hasta entonces, un comité de gestión de participación completamente abierta se ha encargado de ir avanzando en la cristalización del colectivo. Una pequeña sala en un centro cultural de Bruselas, un grupo de unas 40 o 50 personas, todas las generaciones representadas y un diálogo abierto: ¿hacia dónde vamos? “Queremos construir juntos lo que somos,” se escucha entre las intervenciones. Y se incide en la necesidad de estructuras claras, de roles definidos, de transparencia.

Se ven desbordados por el trabajo. Apenas una decena de personas se encarga de contestar a las preguntas que llegan a la web, de dar respuesta a las demandas de los medios cada vez más interesados en su propuesta, de gestionar la organización de los eventos que entonces se avecinaban y que fueron una realidad aquella tarde aciaga de la protesta.

Son un movimiento social pero la organización en tan poco tiempo es sorprendente. “Queremos estar organizados pero sin perder la espontaneidad,” explica Jérôme. Votan como en aquellas asambleas del primigenio 15-M español. Alzan las manos en un aplauso silencioso cuando están de acuerdo. Toman la palabra con serenidad y arrojo cuando hay objeciones.

La comparación es inevitable, ¿es Podemos un espejo en el que mirarse? “No tenemos la ambición ni la intención de ser ‘los indignados’, tampoco un partido político”, asegura el miembro de ‘Tout autre chose’ a cuartopoder.es. Sin embargo, reconocen la importancia de la acción en estos meses del partido de Iglesias. “Observamos a Podemos, pero de la misma manera que lo hacemos con otros movimientos, por ejemplo, en América Latina,” insiste.

Durante uno de los comités a los que asistió este diario surgió el tema. “Hay un artículo en Le monde diplomatique que habla de Podemos”, el partido español que lo está cambiando todo, “deberíamos echarle un vistazo.” De alguna manera, se han convertido en referencia.

¿Hacia dónde mira el activismo belga?

‘Todos juntos’ avanzan, aunque aún están buscando su camino. Se encuentran en pleno proceso de cambio y el cambio conlleva un proceso. “La idea es crear un movimiento social que tenga fuerza suficiente para influenciar el debate político. Hasta ahora, eso no existe,” Jérôme se lamenta. Insisten en la necesidad de educar a la gente. Una población crítica es necesaria para el cambio y es imposible no pensar en Antonio Gramsci.

Hay un largo debate por delante con la ciudadanía y “habrá que definir qué queremos y qué ofrecemos,” declara Jérôme. Aunque algo está claro, será ‘tout autre chose’, algo totalmente diferente. Van despacio, porque van lejos, ¿les suena?

Podemos_belga_manifestación
Aspecto de la manifestación que recorrió el pasado domingo las calles de Bruselas bajo una intensa lluvia. / B. R.
(*) Beatriz Ríos es periodista