‘Ataúdes flotantes’ para los rohingya

Bodega del barco pesquero de Ko Tong, modificado según las autoridades para transportar personas. (Mónica G. Prieto)
Bodega del barco pesquero de Ko Tong, modificado según las autoridades para transportar personas. El artilugio metálico cubierto de plástico era suspendido en el mar con cadenas para servir de retrete. / Mónica G. Prieto

TAM LA MANG (SATUN, TAILANDIA).- En el atracadero de Tam La Mang, en la zona reservada por la Policía marina tailandesa, zozobra un barco amarrado a dos embarcaciones oficiales. Hasta hace tres semanas era el pesquero del respetado líder político Pajjuban Angchotiphan, más conocido como Ko Tong, ex presidente de la Administración provincial de Satun, empresario de éxito y copropietario de una pequeña isla. La investigación sobre tráfico humano lanzada por las autoridades tras el macabro hallazgo de Padang Besar, un campo de mafias de trata donde eran hacinados cientos de refugiados rohingya e inmigrantes bangladeshíes hasta que pagaban un rescate a sus captores, terminaría confirmándole como una de las cabezas visibles de las mafias. O puede que como un cabeza de turco: pudo huir fuera del país pero, en lugar de ello, buscó refugio en Bangkok, donde terminaría entregándose a las autoridades defendiendo su inocencia.

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La foto del supuesto traficante, arrogante y confiado, ilustró portadas con grandes titulares que hablaban de éxito de la campaña contra el tráfico humano, como ocurrió con la imagen del pesquero que se bambolea al ritmo de las olas en Tam La Mang, en la provincia de Satun. La embarcación llevaba, según la investigación, años sin capturar peces: almacenaba y transportaba seres humanos. “Su interior había sido modificado para albergar carga humana”, confirma a cuartopoder.es el actual gobernador de Satun, Dechrat Sionsiri, ufano de tener un culpable a quien señalar. “Adaptó dos embarcaciones: su barco de pesca, que podía acoger a 250 personas, y una lancha rápida para sus actividades criminales”.

Un joven observa el barco paralizado por las autoridades, en el atracadero de . (Mónica G. Prieto)
Un joven observa el barco paralizado por las autoridades, en el atracadero de Tam La Mang . / Mónica G. Prieto

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Hoy, las dos embarcaciones flotan amarradas en Tam La Mang para atracción de políticos y policías, que acuden a curiosear en las propiedades del empresario caído en desgracia. La lancha rápida, bautizada como Al Buraq (nombre de reminiscencias religiosas islámicas) es una fabulosa embarcación de cuatro potentes motores. Está cargada de botellas de agua vacías, aunque es imposible saber si transportaba turistas o refugiados. En el pesquero no hay redes ni olor a pescado. La cubierta llama la atención por estar completamente despejada, y la bodega es una sala diáfana con una simple instalación eléctrica donde las temperaturas son insoportables. Allí es donde Koh Tong escondía a los refugiados rohingya e inmigrantes bangladeshíes para transportarles desde Ranong. Dos ingenios metálicos llaman la atención: son una suerte de estructura metálica cubierta con un toldo de la que cuelgan cadenas. Eran los improvisados retretes de los desgraciados pasajeros, que se veían obligados a hacer sus necesidades suspendidos en el mar a falta de otro tipo de instalación.

Camarote del capitán. (M. G. P.)
Imagen del camarote del capitán. / M. G. P.

Pero seguramente lo más llamativo sea el contraste. El camarote del capitán, frente a la bodega del barco. En esta última, es fácil imaginar el asfixiante calor que han padecido los seres humanos allí hacinados, el miedo, el mareo y los vómitos, los insectos, la basura y el hacinamiento: la zona podía acoger hasta 250 personas. Mientras, en el habitáculo del capitán, un flamante aire acondicionado y un minifrigorífico, de reciente adquisición a juzgar por su estado, constatan las escasas privaciones por las que pasaba mientras su carga agonizaba bajo sus pies. En el catre, ropa de cama de Garfield y una almohada con la imagen de Hello Kitty.

Un barco con refugiados rohingya, localizado por la Fuerza Naval birmana. (Ministerio de Exteriores de Birmania)
Un barco con refugiados rohingya, localizado por la Fuerza Naval birmana. / Ministerio de Exteriores de Birmania

Seguramente, no sea un barco muy diferente a los  ‘ataúdes flotantes’ que surcan el Mar de Andaman y el Estrecho de Malacca: pesqueros y cargueros modificados que, con una capacidad para entre 300 y 1.000 personas, vagan en busca de una costa donde atracar. Antes, esos barcos atracaban en Tailandia para transportar su carga humana a pie por las montañas, pero desde que el hallazgo de los campos de la muerte desencadenase una redada contra las mafias en Tailandia, los refugiados han quedado en el mar, en muchos casos abandonados por sus tripulaciones, generando una crisis regional que ha obligado a Indonesia y a Malasia a comprometerse con acogidas temporales. El ministro indonesio estimaba hace unos días que unas 7.000 personas continúan perdidas en alta mar; Naciones Unidas reduce el número a unos 3.000. Curiosamente, ni Birmania -país de donde huyen la mayoría de las víctimas- ni Tailandia se han sumado a los compromisos. El Gobierno de Bangkok ha especificado que no dará refugio a los rohingya ni a los bangladeshíes porque “no huyen de la violencia o del conflicto armado: son inmigrantes ilegales“.

La cubierta del pesquero de Ko Tong. (Mónica G. Prieto)
La cubierta del pesquero de Ko Tong. /Mónica G. Prieto

Durante 20 días, esos barcos cargados de rohingya y bangladeshíes fueron devueltos una y otra vez por los países mencionados en lo que las ONG calificaron de “ping pong con vidas humanas“. Cuando uno de ellos se aproximaba a sus costas, con un doliente pasaje implorando ayuda, Tailandia rechazaba el barco y lo ponía rumbo a Malasia, quien a su vez lo rechazaba y lo escoltaba rumbo a Indonesia, quien a su vez le obligaba a retroceder rumbo a Tailandia… Con las tripulaciones huidas, sin alimentos ni agua potable -en ocasiones bebiendo orina, lanzando los cadáveres de los más débiles por la borda– los pasajeros se enfrentaron a la muerte en sus más diversas formas: inanición, sed, enfermedad, insolación, golpeados por sus semejantes en las disputas internas por los escasos recursos o incluso amenazados por las fuerzas navales de los países de la región.

Para Human Rights Watch, que ha entrevistado a los refugiados e inmigrantes finalmente acogidos,”los supervivientes describen cómo huyeron de Birmania para acabar en manos de traficantes y extorsionadores, en muchos casos para ser testigos de asesinatos y sufrir abusos y hambre”, denunciaba Brad Adams, responsable para Asia, en un comunicado. “Las entrevistas con oficiales y otros [personajes relacionados] deja claro que esas brutales redes, en complicidad con oficiales de los Gobiernos de Birmania, Bangladesh, Tailandia y Malasia, se aprovechan de la desesperación y la miseria de uno de los pueblos más perseguidos y abandonados del mundo”.

El gobernador de Satun, en un momento de la entrevista, celebrada en el Palacio de Gobernación. (M. G. P.)
El gobernador de Satun, en un momento de la entrevista, celebrada en el Palacio de Gobernación. / M. G. P.

Uno de los barcos, con 350 personas a bordo, apareció en la costa tailandesa el 14 de mayo, a la altura de la isla de Lipe. Los barcos de la Fuerza Naval tailandesa repararon su motor y les entregaron ayuda humanitaria, como rememora orgulloso el gobernador en el Palacio de Gobernación de Satun. “El primer ministro me asignó el envío de barcos para chequear las condiciones a bordo. Pero resultó que el barco quería ir a Malasia, ese era su destino final. Les entregamos cargamentos de comida y agua, por aire y por barco, y les dejamos marchar”.

Otro compartimento del pesquero. Es el único barco paralizado por ser empleado en tráfico humano. (M.G.P.)
Otro compartimento del barco. Es el único pesquero paralizado por ser empleado en tráfico humano. / M.G.P.

Nada que ver con la versión ofrecida por uno de los supervivientes, cuando finalmente fueron rescatados en Sumatra. El barco desapareció durante varios días tras ser rechazado por Malasia e Indonesia, y cuando se temía lo peor, pescadores indonesios lo atisbaron a unos 60 kilómetros de la isla de Aceh y rescataron a su pasaje en un gesto de humanidad del que carecen los Gobiernos regionales. Sirajul Islam, un joven rohingya de 23 años, no tardó en denunciar que los barcos tailandeses les remolcaron durante 10 minutos en dirección a Malasia y “nos amenazaron con disparar a nuestro barco si tratábamos de regresar”.

Islam también relató cómo 10 personas a bordo, incluidos mujeres y niños, murieron de inanición durante un trayecto agónico de dos meses de duración cortesía de mafias como la que gestionaba Ko Tong. La magnitud del número de víctimas (se ha rescatado a 4.000 personas) indica que la captura de Ko Tong es sólo una pieza en una cacería con muchas más cabezas a abatir.

Depósito de agua potable del pesquero. Debajo de la cubierta eran hacinados los refugiados bajo temperaturas asfixiantes. (M.G.P.)
Depósito de agua potable del pesquero. Bajo la cubierta eran hacinados los refugiados con temperaturas asfixiantes. / M.G.P.

“Ko Tong es la mafia”, dice sin dudas el gobernador Sionsiri. “El, a quien todos respetaban y admiraban, era la mafia. Pero le aseguro que ya no hay más redes en Satun”, prosigue el político. Sionsiri asegura que en Satun no hay campos de traficantes y que él mismo ha examinado la isla propiedad de Ko Tong para confirmar que, pese a los rumores, esta no alberga campos de la muerte en su interior. “Lo he hecho personalmente”, dice. Asegura que los dos únicos campos que hubo en su provincia fueron desarticulados el año pasado, en Turah Bao y en Biye, pero que se trataba de “instalaciones pequeñas, campos de tránsito” donde “sólo” hallaron a menos de cien víctimas.

Lancha rápida del supuesto traficante. (M.G.P.)
Lancha rápida del supuesto traficante. / M.G.P.

Para Abu Qalam, el activista rohingya asentado en Satun que sigue desde hace años el tráfico humano contra su comunidad, el arresto de Ko Tong es muy significativo -“nadie se atrevía a mencionar su nombre en voz alta porque todos sabían a qué se dedicaba”, aduce- pero conserva su escepticismo sobre la actual campaña contra el tráfico humano. “Creo que esto es una campaña de relaciones públicas, un gran show“, asegura. “A los verdaderos peces gordos de Satun no les han tocado”.

Tráfico humano en el siglo XXI (I) / En el campo de los secuestrados fantasma.
Tráfrico humano en el siglo XXI (II) / “Los oficiales tailandeses nos vendieron a la mafia por 10.000 bath”.