El miedo se instala en las calles de Bruselas

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Fuerte presencia militar y policial en el centro de Bruselas por la alerta de atentado terrorista. / Beatriz Ríos

BRUSELAS. Bruselas amanece en alerta máxima. Las autoridades anuncian que la ciudad se encuentra bajo una amenaza “grave e inminente” de atentado terrorista. El metro se clausura y el gobierno pide a los ciudadanos que no abandonen sus casas y, de hacerlo, eviten las zonas de aglomeraciones como supermercados, zonas comerciales, transportes o espectáculos. Y como resultado, la ciudad se para.

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La policía trabaja desde hace una semana para tratar de desarticular un entramado terrorista en la ciudad. Varios de los autores de los atentados en París el pasado 13 de noviembre eran belgas. Entre ellos, Salah Abdeslam, al que aún busca la policía y que se cree volvió a Bruselas tras los ataques. Todo esto, sumado a la detención de un hombre con numerosas armas anoche y la sospecha de la presencia de cómplices de los terroristas que atentaron en París en la capital belga, ha empujado a las autoridades a decretar el máximo nivel de alerta: el 4. Este nivel tan solo afecta a la Región de Bruselas y a la localidad de Vilvorde. El resto del país, mantiene el nivel 3.

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En rueda de prensa, el primer ministro Charles Michel reconoce que las investigaciones apuntan a un posible “ataque inminente” con el mismo modus operandi que en París: varios objetivos, tiroteos y explosiones. Los objetivos: zonas comerciales y transporte público. La STIB, la empresa de transportes de la capital belga, anuncia que el metro permanecerá cerrado al menos hasta la tarde del domingo. El resto de transportes funciona con cierta normalidad, aunque la afluencia de pasajeros se reduce notablemente.  Numerosos comercios y museos cierran sus puertas. Eventos deportivos, conciertos, teatros… se cancelan. El miedo invade Bruselas.

Son aproximadamente las 11 de la mañana del sábado cuando recorremos las calles de la capital belga. Lluvia, nieve y un fuerte viento azotan la ciudad. Las zonas comerciales de Chaussée d’Ixelles y Toison D’Or están casi desiertas. Soldados apostados en las puertas de los comercios dan la sensación de pasear por una ciudad sitiada. Aunque algunas tiendas, bares y restaurantes permanecen abiertos, la mayoría van cerrando poco a poco sus puertas. Al caminar hacia el centro, la escena se repite. Cines, museos, teatros… Todo cerrado. El Palacio Real, el Museo de Arte Nacional, el Magritte, Monts des Arts… están desiertos. En una ciudad acostumbrada a las bajas temperaturas y la lluvia, el tiempo aciago no es suficiente para explicar la ausencia de transeúntes.

También las estaciones de tren presentan una imagen sorprendente en un sábado cualquiera. El tren es el principal medio de transporte interurbano en Bélgica y la Estación Central de Bruselas dista mucho del bullicio habitual del fin de semana. Dos camiones del ejército custodian la entrada principal. En su interior hay varios soldados apostados con sus armas vigilando el hall principal. Los pocos viajeros que entran y salen de la estación lo hacen, a pesar de las circunstancias, con cierta normalidad.

Un blindado militar, esta mañana, en una desierta Grande Place. / Stephanie Lecocq (Efe)
Un blindado militar, esta mañana, en una desierta Grand Place. / Stephanie Lecocq (Efe)

La Grand Place, principal atractivo de Bruselas, está extrañamente solitaria en este mediodía de sábado. Tan solo un grupo de turistas asiáticos contempla los edificios de la plaza. Una pareja, ajena tal vez a la alerta, celebra su boda en el ayuntamiento. Y más soldados, más policía. Hasta el Maneken Pis, mucho menos transitado que de costumbre, cuenta con custodia.

El Boulevard Anspanch, una zona peatonalizada meses atrás, parece algo más viva que el resto de la ciudad. Sin embargo, solo hay que dirigirse a través de las callejuelas que salen hacia el norte de la ciudad para advertir que se trata de una ilusión. La Plaza de Saint-Géry, una zona de bares a la que los jóvenes belgas acuden habitualmente el fin de semana, está prácticamente vacía y también vigilada. Lo mismo ocurre en la zona comercial de Rue Neuve, una de las más importantes de la ciudad. Las galerías, centros comerciales y tiendas de la zona van cerrando sus puertas conforme avanza la mañana. Al salir el sol, Bruselas recupera algo de actividad en sus calles. Sin embargo, la mayoría de los transeúntes son turistas.

Lo que más llama la atención en este mediodía aciago de sábado es el silencio. Un silencio pesado y tenso invade una ciudad tradicionalmente ruidosa. Por el momento, Bruselas no ha sufrido los atentados, pero decididamente se ha instalado el miedo. El ambiente es tenso, pesado y está enrarecido.

A las cuatro de la tarde del sábado, La Libre Belgique, un diario belga, anuncia que seis personas han sido detenidas fuertemente armadas en una gasolinera al sureste de la capital.  A esta hora, las fuerzas del orden reconocen estar buscando activamente al menos a dos personas: una de ellas portaría una bomba.

Beatriz Ríos es periodista (*)