La guerra contra el PKK en Turquía destruye la histórica ciudad de Diyarbakir

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Vista general de las murallas de Diyarbakir, en el sureste de Turquía, con claros signos de los combates. / Firat News
Vista general de las murallas de Diyarbakir, en el sureste de Turquía, con claros signos de los combates. / Firat News

El casco histórico de Diyarbakir, una de las principales y más antiguas ciudades de Turquía, se ha convertido en un auténtico campo de batalla donde se ha alcanzado tal grado de destrucción que el primer ministro, Ahmet Davutoglu, lo ha comparado con el de Toledo en España tras la Guerra Civil de 1936.

Este distrito de la antigua Amed, que cuenta con su propio ayuntamiento, es uno de los municipios kurdos que han proclamado el autogobierno, rechazado la autoridad del Estado y donde han surgido las Unidades de Defensa Civil, grupos de jóvenes armados que impiden la entrada de la Policía y a los que el Gobierno identifica con el PKK. Por este motivo, el Ejército lo declaró zona militar e inició a comienzos de diciembre una amplia operación de limpieza que todavía no ha concluido, utilizando para ello carros blindados, tanques, apoyo aéreo e incluso bulldozers para abrirse paso entre los escombros.

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El problema estriba en que este casco histórico, rodeado por las impresionantes murallas (6 kilómetros de largo) levantadas por los romanos en el siglo IV y que forma el núcleo central de un área metropolitana mucho mayor (casi un millón de habitantes), es considerado uno de los lugares habitados más antiguos del planeta, habiendo sido 2.000 años antes de Jesucristo asentamiento hurrita y capital de un reino arameo.

De acuerdo con las cifras municipales, 124 edificios monumentales y otros 400 usados como viviendas o comercios, tienen valor histórico arquitectónico y hoy están directamente amenazados por esta nueva escalada bélica. Por lo general, el valor de este tipo de construcciones no se aprecia porque la piedra de sillería suele estar cubierta de yeso o quedan camufladas por el estado de abandono en que se encuentran estas callejuelas, pero su tipología responde a la forma de construcción tradicional de esta región, con casas adecuadas a un clima continental extremo y muchas veces con uno o dos patios en su interior, como explican en su estudio los arquitectos Martino Tattara y Caglayan Ayhan-Day.

Fachada antigua de la Gran Mezquita, situada en el centro del casco antiguo. / Manuel Martorell
Fachada de la Gran Mezquita de Diyarbakir (s. VII), la más antigua de Turquía. / Manuel Martorell

Aparte de las propias murallas romanas, Diyarbakir atesora varias iglesias del periodo pre-islámico. Entre ellas, una basílica sobre la que se construyó la Gran Mezquita o Ulu Çami en el año 639, es decir, solo siete años después de la muerte de Mahoma, por lo que se la considera la más antigua de Turquía. Todo indica que, a su vez, la iglesia cristiana sobre la que se levantó el templo islámico se edificó con materiales de templos de estilo clásico, probablemente del periodo romano.

En la foto se aprecia una de las casas antiguas destruidas. / Roarmag.org
En la foto se aprecia una de las casas antiguas de piedra que han sido destruidas. / Roarmag.org

También tienen un gran valor patrimonial el minarete que se mantiene sobre cuatro columnas, a semejanza de un hórreo, un ejemplar también único en toda la Anatolia. Cada una de esas columnas representa una de las principales escuelas coránicas.

Precisamente fue en este lugar donde fue asesinado el presidente de la Asociación de Abogados de Diyarbakir, Tahir Elci, cuando denunciaba, en una conferencia de prensa al pie del minarete, el estado en que se encontraba tras haber recibido varios impactos. En ese momento se produjo un tiroteo y fue alcanzado por un proyectil en la cabeza, muriendo prácticamente en el acto, sin que se sepa todavía cual de las dos partes realizó el disparo. Las autoridades acusan al PKK, pese a que Tahir Elci era un ferviente defensor de la negociación entre el Gobierno y este grupo armado, mientras que los familiares, la oposición turca y los abogados de Diyarbakir consideran que se trata de otro crimen vinculado a los aparatos del Estado.

También resulta polémica la responsabilidad en el incendio de la mezquita Kursunlu, del siglo XVI. El gobernador de la ciudad también acusó al PKK pero periodistas y testigos aseguran que los disparos se realizaron desde el aire. Figen Yuksekdag, dirigente del partido kurdo HDP, preguntó, irónicamente, el 8 de diciembre en el Parlamento turco si los jóvenes que resistían en la ciudad tenían helicópteros. Igualmente se ha visto afectada la principal iglesia armenia recientemente reconstruida con ayuda del Ayuntamiento y de la comunidad armenia internacional como símbolo de la coexistencia entre las distintas religiones, ya que junto al minarete de la Cuatro Columnas y los restos de una antigua sinagoga, esta iglesia estaba integrada en la denominada "calle de las tres culturas".

Una mujer muestra el estado en que ha quedado la mezquita de Kursunlu, del siglo XVI. / Roarmag.org
Una mujer muestra el estado en que ha quedado la mezquita de Kursunlu, del siglo XVI. / Roarmag.org

Para Merthan Anik, presidente de la Cámara de Arquitectos de Diyarbakir, el principal riesgo para el patrimonio histórico de Diyarbakir consiste en la destrucción de las viviendas, algunas derribadas con ayuda de bulldozers tras haber obligado al desalojo de sus ocupantes. Según explicó Merthan Anik a Bianet, las autoridades se apresuran a catalogarlas como edificios en ruina y, por lo tanto, inhabilitados como viviendas, lo cual permite legalmente al Gobierno confiscar estas propiedades e impide a sus propietarios volverlas a ocupar. En este caso, los desalojados tienen derecho a una indemnización económica por una cantidad sin concretar.

El delegado del Gobierno ya ha afirmado que solo se reconstruirán los edificios monumentales y que estas viviendas no formarán parte del nuevo plan urbanístico, encargado al gubernamental Instituto de la Vivienda Social. Este hecho, en la práctica, supone la expulsión de sus más de 70.000 habitantes que, hasta ahora, formaban uno de los feudos más incondicionales del HDP, el Partido de la Democracia del Pueblo, al que el Gobierno considera el "brazo político" del PKK.

En julio, cuando la UNESCO calificó de “patrimonio de la humanidad” al recinto amurallado, Gultan Kisanak y Firat Anli, que comparten la Alcaldía, mostraron su esperanza de que esa declaración supusiera un gran impulso turístico para la ciudad. Pero hoy, solo seis meses después, neutralizado el Ayuntamiento kurdo, deshabitada por la ofensiva militar, todo indica que el nuevo diseño urbano y social correrá a cargo del Gobierno central, según el primer ministro Davutoglu, siguiendo el modelo de Toledo, aunque se teme que, en realidad, se aprovechen los nuevos planes urbanísticos para acabar con este foco rebelde, capital y verdadero corazón histórico para los 20 millones de kurdos que viven en Turquía.

4 Comments
  1. enante says

    ¡Es una lástima! Hace poco tiempo parecía que se había iniciado un proceso de paz para solucionar el problema kurdo y ahora se vuelve al militarismo más cegato.

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