MANUEL MARTORELL | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 21:16

Los niños atrapados en un refugio del casco histórico de Diyarbakir (Turquía). / Jinha
Los niños atrapados en un refugio del casco histórico de Diyarbakir (Turquía) cercado por el Ejército turco. / Jinha

Tanto por parte de organizaciones turcas como internacionales se suceden estos días dramáticos llamamientos para evitar que la masacre de Cizre se repita ahora en Diyarbakir, capital del Kurdistán turco, donde unas 200 personas, en su mayoría civiles, están atrapadas en refugios mientras las explosiones provocadas por el Ejército y los bulldozers se van abriendo paso para llegar hasta ellos, supuestamente con el objetivo de acabar con lo que los militares consideran un foco de resistencia.

La diferencia entre lo sucedido en Cizre, donde murieron de esta misma forma más de 150 personas el pasado mes de febrero, es que en este caso entre los atrapados se encuentran familias enteras y, al menos, catorce niños, uno de ellos un bebé, Elif Su Aslan, de solo cuatro meses.

Figen Yuksedag y Salahattin Demirtas, máximos dirigentes del Partido Democrático de los Pueblos (HDP), con 60 diputados en el Parlamento de Ankara, se han dirigido expresamente a la comunidad internacional y de forma específica al secretario general de la ONU, a la Unión Europea y al Parlamento de Estrasburgo para que intervengan urgentemente e impidan que la antigua Amed se convierta en una segunda Cizre.

Al llamamiento internacional se ha unido una veintena de europarlamentarios que representan a todo el abanico político europeo encabezados por la socialista española Elena Valenciano, que, dirigiéndose al primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, piden sea levantado un “toque de queda” que ya dura tres meses y se permita salir con garantías a los atrapados.

Tropas turcas avanzan apoyadas por blindados por una ciudad kurda. / Firat News
Tropas turcas avanzan apoyadas por blindados por una ciudad kurda en un escenario de destrucción. / Firat News

Lo mismo hacen, desde el mismo lugar de los hechos, asociaciones de abogados, médicos, comerciantes y empresarios, la Asociación turca de Derechos Humanos (IHD), la Iniciativa de Mujeres por la Paz, varios conocidos intelectuales y periodistas que han formado un “gabinete de crisis” instalado el Centro Cultural Tigris-Éufrates de esa ciudad.

A ellos se suman los dos principales partidos kurdos, el citado HDP y el Partido Democrático de las Regiones (DBP), que se encargan de difundir al resto del mundo con los teléfonos móviles informaciones, fotografías y vídeos que les envían desde los refugios. De acuerdo con estas informaciones, la táctica utilizada por el Ejército en el laberinto de calles que forman este antiquísimo núcleo urbano consiste en ir abriéndose camino destruyendo con explosivos y bulldozers todos los edificios hasta llegar al objetivo que, finalmente, también es destruido por explosivos.

Entre las dramáticas imágenes difundidas al resto del mundo se encuentra un vídeo y unas fotografías en las que se ve a una mujer con seis niños, todos de corta edad, explicando que dos de ellos tienen heridas en brazos, piernas y cabeza. “Nos tiran gases lacrimógenos y no podemos respirar –explica la mujer-. ¿Cómo un Estado puede matar a su propio pueblo de esta forma? No entendemos qué pretende el Estado matando civiles. Somos personas. No nos bombardeen, no maten a nuestros niños”. En un mensaje de texto dirigido a la parlamentaria del HDP Sibel Yigatalp, Remziye Tosun escribe: “Por favor, Sibel; no permitáis que maten a mis niños; son muy pequeños”. Aparte del bebé de cuatro meses, hay cinco niños menores de cinco años, dos de siete, uno de diez, tres de once, uno de doce y otro de catorce.

Un soldado escribe que "los lobos ya huelen la sangre". / Bianet
Un soldado escribe “los lobos ya huelen la sangre”. / Bianet

Tanto en esta ciudad kurda como en otras donde los ayuntamientos han proclamado el autogobierno, rechazado la autoridad del Estado y donde han surgido milicias de autodefensa que el Gobierno turco vincula al PKK, parece claro que se está dispuesto a imponer al precio que sea la autoridad estatal, dando carta blanca para ello a las fuerzas militares. De hecho, el AKP, el partido gubernamental que lidera el presidente Tayip Erdogán, se dispone a aprobar en el Parlamento una ley que exima a los militares de los crímenes que puedan cometer en estos operativos.

Operaciones semejantes se han llevado o están en curso en una veintena de ciudades –ahora han comenzado en Idil-, provocando, según cifras oficiales, el desplazamiento de unas 400.000 personas. Teniendo en cuenta lo ocurrido en Silván, Yuksekova, Nusaybin, Sirnak, Silopi y Cizre y que cientos de municipios están siendo investigados por posible colaboración con el terrorismo, se podría afirmar que nos encontramos en el inicio de una campaña de limpieza étnica, ahora avalada por la Alianza Atlántica e, incluso, por la Unión Europea, indefensa ante Turquía por la amenaza de recibir nuevas oleadas de refugiados.

La violencia con que está actuando el Ejército turco se puede apreciar en las pintadas que los soldados escriben en los muros de las ciudades kurdas: “Los lobos ya saborean la sangre fresca”, “Los leones de Alá ya están aquí” o “¡Chicas: ya hemos llegado!”, clara amenaza de violar a las jóvenes que, por luchar en las filas del PKK, son tratadas como prostitutas. En otras ciudades, como Silopi o Silván, las unidades “antiterroristas” han entrado al grito de “Allahu Akbar”.

Al parecer, y según afirman los miembros del comité de crisis, el Ejército actúa incluso al margen de las autoridades civiles, impidiendo, por ejemplo, la llegada de ambulancias o la apertura de corredores humanitarios reanudando los combates cuando esas iniciativas se ponen en marcha. Eso es lo que habría ocurrido en Cizre de hacer caso al testimonio de un superviviente que se encontraba fuera del refugio cuando se produjo el asalto final. Pese al anuncio de la llegada de ambulancias para retirar a los heridos, éstas eran bloqueadas y las personas que se aventuraban a comprobar si habían llegado eran abatidas por francotiradores.

Momento en que la anciana Fatma Ates es retirada en una manta por sus familiares. / Bianet
Momento en que la anciana Fatma Ates es retirada en una manta por sus familiares y el periodista Mazlum Dolan / Bestanuce

Solamente una anciana de 85 años, Fatma Ates, que se encontraba muy grave, fue autorizada a salir del cerco de Diyarbakir, coincidiendo con la presencia de observadores del Parlamento Europeo, y tuvo que hacerlo en una manta llevada por su marido, sus hijas y el periodista de la agencia Dicle, Mazlum Dolan. La anciana falleció poco después mientras que sus familiares y el periodista fueron detenidos. Días después, en medio de masivas protestas contra el cerco militar convocadas para este miércoles por el HDP, el bebé de cuatro meses, su madre, Seda Aslan, y otras diez personas más pudieron ser evacuadas y trasladadas a un hospital, según informan Bianet y la agencia Jinha.

Desde el interior de los refugios han afirmado que solamente saldrán si son acompañados por personalidades y organizaciones de la sociedad civil. Reyhan Kavak Ozbek, dirigente local del DBP, que se encuentra entre los atrapados, también ha explicado que dentro se habla constantemente de lo ocurrido en Cizre; de cómo los cuerpos quedaron irreconocibles, muchos de ellos calcinados o destrozados por los explosivos. Según esta dirigente kurda, por parte de los propios niños y ante el temor de que, ya sin vida, ni siquiera puedan ser identificados han pedido que, como en las películas bélicas, les cuelguen del cuello unas placas metálicas con sus nombres grabados.

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