La UE propone a Turquía un acuerdo ilegal para expulsar a los refugiados

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Un grupo de refugiados espera la apertura de la frontera entre Grecia y Macedonia. / Simela Pantzartzi (Efe)

BRUSELAS.– “Tenemos que romper la relación entre subir a un barco y la residencia en Europa”, declararon anoche los líderes de los 28 Estados miembros de la Unión Europea. Para la UE ya no hay inmigrantes y refugiados, ahora todos son “migrantes irregulares” y como tal, serán sistemáticamente expulsados de Grecia a Turquía. Este acuerdo alcanzado la pasada noche en Bruselas institucionaliza dos prácticas ilegales: las devoluciones en caliente y las expulsiones colectivas.

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Ayer se reunieron en Bruselas los líderes de los 28 Estados miembros de la UE, acompañados por el primer ministro turco Ahmet Davutoğlu. En la enésima cumbre sobre la crisis de refugiados, la segunda con Turquía, los Estados miembros han jugado a los cromos con las vidas de miles de personas que huyen de la guerra, la persecución y el terrorismo. Europa expulsará a todos los migrantes y demandantes de asilo que alcancen Europa de manera irregular. Los primeros, definitivamente. Los segundos, podrán presentar su solicitud desde Turquía. Europa pretense así frenar a las redes de traficantes, obligando a los refugiados a optar por una vía legal. Por cada demandante de asilo que Erdoğan acoja, la UE se compromete a admitir a otro que haya solicitado el estatus desde Turquía. A cambio, el país que gobierna Recep Tayyip Erdoğan recibirá los 3000 millones de euros en ayuda humanitaria acordados en octubre; la UE se compromete a avanzar en el proceso de adhesión y los ciudadanos turcos podrán viajar sin visado a la UE a partir, a más tardar, de junio de este año.

En este acuerdo que avergüenza a la mitad de Europa -Italia se negaba a firmar, Francia no lo ve claro y Alemania, entre otros, rechazaba en un principio las expulsiones-, hay varias trampas. La primera es que así, la Unión cierra de facto las puertas a los demandantes de asilo sin ofrecerles una vía real, segura y legal de llegada. De este modo, ni se acaba con el tráfico ilegal de personas –como pretende el Consejo Europeo con esta medida-, ni se protege la vida de los demandantes de asilo. La segunda trampa, que se institucionalizan las devoluciones en caliente y las expulsiones colectivas, ambas ilegales. La primera, para el derecho internacional que exige el análisis caso por caso de las demandas de asilo de personas susceptibles de merecer protección internacional. Las segundas, para el derecho europeo (artíclo 19. 1 de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE).  La tercera es que la declaración se basa en la buena voluntad de los Estados miembros que deben acoger después a demandantes de asilo que hayan presentado su solicitud legalmente desde Turquía. Sin embargo, insiste la declaración, “el presente documento no establece ningún nuevo compromiso por lo que a reubicación y reasentamiento se refiere.” Por lo tanto, será el mismo sistema de realojamiento que ha sido un estrepitoso fracaso –apenas varios centenares de refugiados de los 160.000 previstos han sido realojados en los últimos meses- el que se espera dé una alternativa a los demandantes de asilo que esperen en Turquía. ¿Por qué iba a funcionar esta vez si países como Hungría han manifestado ya su total oposición al programa? Pero hay más. La cuarta trampa es política. La UE ofrece a Turquía, un país que está directamente implicado en el conflicto en Siria; que desde hace meses lleva a cabo operaciones militares en su propio territorio con numerosas víctimas civiles y que la pasada semana clausuró un diario por ser crítico con el régimen, la posibilidad de avanzar en el proceso de adhesión a la UE. Eso sí, con la oposición frontal de Chipre –media isla está gobernada por un ejecutivo que depende directamente de Turquía- o de Grecia, por alusiones.

El acuerdo de la Unión Europea con Turquía es políticamente costoso, dudosamente legal y definitivamente insuficiente para hacer frente a una crisis que se ha cobrado ya la vida de miles de personas. Mientras los dirigentes de los 28 Estados miembros se reunían ayer en Bruselas, la lluvia caía otra vez sobre Indomeni inundando las tiendas de campaña de decenas de miles de personas que esperaban una salida y ahora encuentran una carta de expulsión.

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Niños y adultos refugiados reclaman la comida que reparte un grupo de voluntarios en el Puerto del Pireo (Grecia) / Orestis Panagiotou (Efe)
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Varias personas cargan con sus enseres en el campo de refugiados de Gevgelija. / S. P. (Efe)
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Una niña busca comida entre la basura en el campamento de refugiados de Idomeni, norte de Grecia. / S. P. (Efe)
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'Ayúdennos', se puede leer en una de las tiendas en las que los refugiados esperan en Idomeni, cerca de la frontera entre Grecia y Macedonia. / Kay Nietfeld (Efe)
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El campo de refugiados de Idomeni (Grecia) en el que alrededor de quince mil personas esperan para cruzar la frontera, inundado. / Valdrin Xhemaj ( Efe)
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Policías fronterizos mantienen vigilado el paso entre Grecia y Macedonia, tras el cierre de fronteras entre ambos países. / Kay Netfield (Efe)
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"Estamos muriendo lentamente aquí," protesta un grupo de demandantes de asilo atrapados en la frontera de Grecia con Macedonia. / Kay Netfield (Efe)
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Una niña pequela en un campamento montado junto a la frontera cerca de Idoemeni, norte de Grecia. / Georgi Likovski (Efe)
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Un grupo de inmigrantes musulmanes reza durante el desmantelamiento del campo de refugiados, conocido como "La Jungla", en Calais, Francia. / Yoan Valat (Efe)
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Un grupo de refugiados camina hacia el campamento de refugiados de Idomeni, norte de Grecia. / G. L. (Efe)
(*) Beatriz Ríos es periodista.