Montejurra 76, una operación para allanar al rey Juan Carlos el camino hacia el trono

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Momento en que Aniano, carlista y militante de la HOAC, es alcanzado mortalmente, justo en el centro de la imagen, por "el hombre de la gabardina". / Fotos cedidas por el Partido Carlista (PC)

El próximo 9 de mayo se cumplen 40 años de los “sucesos de Montejurra”, unos graves hechos que, además de dos muertos por disparos de bala y decenas de heridos, pusieron en evidencia la colaboración de los servicios secretos españoles con el terrorismo ultraderechista internacional y acabaron definitivamente con la ya escasa credibilidad del Gobierno “aperturista” de Arias Navarro, que no tardaría en ser sustituido por Adolfo Suárez, iniciándose así la transición a la democracia.

Esta montaña próxima a la localidad navarra de Estella se había convertido, debido a su valor histórico, en la principal concentración anual del carlismo, el movimiento político más antiguo de España, entonces liderado por Javier de Borbón-Parma y su hijo Carlos Hugo, que impulsaron una evolución progresista hasta el punto de que el Partido Carlista resultó ser uno de los fundadores de la Junta Democrática junto al Partido Comunista.

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Este sector mayoritario del legitimismo todavía conservaba cierto apoyo popular en la región vasco-navarra, Rioja Alta, Cataluña y País Valenciano y lograba concentrar cada primer domingo de mayo a decenas de miles de personas que, desde hacía años, manifestaban posiciones claramente antifranquistas.

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Portada de Cuadernos para el Diálogo con la imagen de Ferrán Lucas, carlista y militante de CCOO.

Además, desde mediados de los 60, se habían convertido en un verdadero quebradero de cabeza para las aspiraciones de Juan Carlos a ocupar el trono de España. Allí donde podían, los seguidores de Carlos Hugo boicoteaban los actos de Juan Carlos y Sofía, acusando a su monarquía de centralista y de representar al capitalismo liberal, mientras que los carlistas defendían una monarquía federal como vínculo de unión entre unas regiones o antiguos reinos prácticamente independientes, regidos por fueros propios y sin una constitución central.

Por este motivo, finalmente Franco decidió expulsar de España a toda la familia Borbón-Parma en diciembre de 1968. Pese a ello, tanto Carlos Hugo, como su mujer, Irene de Holanda (segunda en la línea sucesoria de los Países Bajos) y sus hermanas Teresa, Cecilia y Nieves seguían acudiendo clandestinamente a la concentración anual de Montejurra.

Los también graves incidentes del año siguiente (1969), cuando los carlistas tomaron prácticamente la ciudad de Estella en protesta por esa expulsión, obligaron al Gobierno franquista a preparar una estrategia para debilitar la línea oficial del carlismo, fortaleciendo aquellos grupos disidentes que no solamente aceptaban colaborar con el régimen sino que también estaban dispuestos a reconocer a la dinastía liberal. De esta forma se eliminaba también un engorroso problema dinástico y se allanaba la consolidación de Juan Carlos en el trono de España

La denominada “Operación Reconquista” de 1976 entraba dentro de esa estrategia. El objetivo era aglutinar en torno a la figura de Sixto –el hermano menor de Carlos Hugo- a todos los sectores disidentes y arrebatar a los carloshuguistas el control del principal acto carlista.

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Caja con munición del Ejército encontrada en Montejurra.

Desde el principio, la “Operación Reconquista” tuvo un carácter militar y, teniendo en cuenta los testimonios aparecidos desde entonces, los grupos que actuaron el 9 de mayo de 1976 fueron armados por los servicios secretos (entonces el SECED, Servicio Central de Documentación) y por la Guardia Civil, existiendo también el convencimiento de que igualmente tuvieron conocimiento de los preparativos el presidente del Gobierno –Arias Navarro-, el ministro del Interior –Manuel Fraga- e incluso el propio rey Juan Carlos.

Uno de los testimonios más valiosos y directos es el suministrado por el periodista Diego Carcedo en su libro Sáenz de Santa María, el general que cambió de bando. Entonces, en 1976, Santa María era general jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil y, por este motivo, fue testigo de la conversación entre el general Campano –director del instituto armado- y José Arturo Márquez de Prado, uno de los organizadores de la operación.

En esa reunión, celebrada en el despacho de Campano, se ofrecieron armas de guerra, como ametralladoras, munición y equipos de comunicaciones para coordinar a los grupos que ocuparían la cumbre y a los que avanzarían, al pie del monte, desde el hotel Irache, impidiendo a los seguidores de Carlos Hugo iniciar el camino de ascenso como hacían todos los años siguiendo el itinerario del Viacrucis colocado tras la Guerra Civil.

Quienes llegaron arriba fueron recibidos a tiros, siendo alcanzado mortalmente un joven de Estella, Ricardo García Pellejero. Los que todavía no habían comenzado la ascensión y esperaban la llegada de Carlos Hugo e Irene se enfrentaron junto al monasterio cisterciense de Irache con la columna mandada por José Luis Marín García-Verde, que se haría famoso como “el hombre de la gabardina” porque llevaba esa prenda cuando fue fotografiado pistola en mano.

Sorprendidos por la resistencia encontrada, García-Verde hizo uso de su pistola hiriendo, también fatalmente, a Aniano Jiménez Santos, conocido en Cantabria por su actividad sindical en la HOAC (Hermandades Obreras de Acción Católica). Muchas otras personas resultaron heridas, bien por los disparos o durante los enfrentamientos con los grupos ultras, que iban armados con barras de hierro.

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Momento en que los carlistas rechazan con bastones a los grupos ultras junto al monasterio de Irache. / Cesión del PC

Una de las imágenes más impactantes fue la de Ferran Lucas, miembro de las Comisiones Obreras de Catalunya, cuyo rostro ensangrentado, atendido en el suelo por otros carlistas, ocupó las portadas de periódicos y revistas que no dejaban de preguntarse cómo el Gobierno había permitido tal situación cuando desde días antes se habían denunciado los preparativos de la “Operación Reconquista” y quién les había suministrado el armamento.

Pero, sobre todo, dos hechos convirtieron lo que podía haber sido una verdadera masacre en un escándalo político de primer orden. El primero fue la presencia en las filas atacantes de numerosos militantes ultraderechistas extranjeros, fundamentalmente italianos y argentinos, algunos vinculados a grupos terroristas como Ordine Nero, Ordine Novo, Avanguardia Nazionale o la Triple A (Alianza Antiterrorista Argentina). Entre ellos había acusados por el Gobierno italiano de perpetrar atentados en los que habían muerto decenas de personas; ahora se les veía en territorio español intentando disolver de forma violenta e impunemente una concentración política.

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Detalle del despliegue de la Policía Armada en las campas de Irache el día de los incidentes. / Cesión del PC

El otro fue la total pasividad de las fuerzas de seguridad, pese al gran despliegue realizado por la Guardia Civil y la Policía Armada. Solo una vez que se produjeron los enfrentamientos y las muertes, la Guardia Civil se interpuso entre las dos partes para que no hubiera más víctimas mortales. Sin embargo y pese a que todo el mundo vio quién realizaba los disparos, nadie fue detenido. Sixto, cabeza visible de los atacantes, en vez de ser detenido fue acompañado por la Policía para que abandonara el país.

Manuel Fraga, que se encontraba fuera de España en viaje oficial, se desentendió del asunto y desde el Gobierno se presentó lo ocurrido como una pelea fratricida que no les incumbía. Nunca se abrió una investigación seria; la judicial, iniciada ante las irrefutables y numerosas evidencias gráficas, no tardaría en cerrarse en aplicación de la ley de Amnistía, con lo que aquel crimen de Estado nunca fue totalmente aclarado.

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Una dotación de la Guardia Civil intenta separar a los contendientes tras los disparos. / Cesión del PC

Las principales consecuencias fueron políticas. Arias Navarro perdió la poca credibilidad que tenía su proyecto aperturista y fue sustituido dos meses después por Adolfo Suárez, que legalizaría el Partido Comunista y convocaría las elecciones de 1977. El carlismo, por su parte, quedó herido de muerte al ser presentado como un grupo violento lleno de divisiones internas.

Sus presos políticos, encarcelados por luchar contra la dictadura, fueron de los últimos en beneficiarse de la Amnistía. El Partido Carlista no fue legalizado, por lo que no pudo presentarse a las elecciones, pese a ser una de las pocas organizaciones que en marzo de 1977, cuando se anunciaron las elecciones del 15 de junio, fueron capaces de presentar de forma inmediata candidaturas completas en casi todas las circunscripciones electorales. Sus posibles votantes se repartieron entre agrupaciones electorales con otras denominaciones o apoyaron a otros partidos, como el PCE o el PSOE, que sí habían sido autorizados a participar en las primeras elecciones democráticas de la Transición.

asdfaf854987987 (YouTube)

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40 AÑOS DE LOS SUCESOS DE MONTEJURRA

(II) Las vinculaciones políticas / La Unión Nacional Española, un partido clave para la 'Operación Reconquista'.

 (y III) El homenaje / Lo charlistas piden la descalcificación de los documentos oficiales sobre Montejurra 76.

3 Comments
  1. EUDO says

    MONTEJURRA:
    LA OPERACIÓN RECONQUISTA Y EL ACTA FUNDACIONAL
    DE LAS TRAMAS ANTITERRORISTAS.
    Fuente «INTERIOR» Por Santiago Belloch

    9 de mayo de 1.976: 3 muertos y varios heridos

    Revisé diversas fuentes documentales sobre los trágicos sucesos de Montejurra. De muchas de ellas se intuía la necesaria intervención de órganos de la Seguridad del Estado en la preparación y desarrollo de los acontecimientos.
    Los hechos se produjeron en el entorno de la tradicional «romería» de los carlistas en Montejurra. La intervención programada de grupos parafascistas convirtió la romería en una masacre. Despertó mi interés por el caso Montejurra la presencia masiva de grupos ultras de todo tipo y procedencia, incluidos algunos de los más conocidos activistas de la Internacional Fascista. Me resultaba increíble que semejante concentración pública se hubiese podido producir sin el conocimiento de las Fuerzas de Seguridad y de los servicios de información de la Presidencia de Gobierno.
    Conversaciones con personas que estuvieron ese día en Montejurra no hicieron más que confirmar mi criterio de que tras los hechos, aparentemente anárquicos, existía una planificación meditada y cara. Había implicada una excelente logística que incluía transportes, alimentación, alojamientos, armamento, medios técnicos de comunicación y sobre todo, coordinación, una coordinación de aire inconfundiblemente profesional.
    La imagen del ultra argentino Rodolfo Almirón y de un señor muy serio que identifiqué con relativa dificultad como Arturo Márquez de Prado fueron los primeros detalles que quise investigar. El apellido Márquez de Prado estaba de moda en España. Una fiscal del mismo apellido triunfaba con tesis y actitudes propias de una cultura autoritaria. Establecí la conexión familiar entre ambos… Pero eso no me llevó a ningún sitio, excepto ala constatación de que u tercer miembro de la familia, Fernando Cota y Márquez de Prado, se situaba en los más altos niveles de la Justicia: en la Sala Segunda -de lo Penal- del Tribunal Supremo. No creo que esta circunstancia tuviese nada que ver con la predilección que mostró Mario Conde por ver al magistrado Cota instalado en la presidencia de la Sala.
    Pude comprobar la posterior ocupación de Rodolfo Almirón -que aparece en varias fotos conocidas de los sucesos- como guardaespaldas de Manuel Fraga. Un error lo comete cualquiera. Pensé. No me gustó el hecho de que en el momento de los sucesos de Montejurra, Fraga fuese ministro de la Gobernación. Se le debe suponer un alto grado de información de lo que allí pasó y de sus protagonistas.
    Pero fue otro el que capto mi atención: el de un mercenario que a lo largo de diez años (1974-1984) ocupó un puesto clave en los operativos del frente ilegal -conocido como «guerra sucia»- contra ETA: Jean Pierre Cherid. Bajo diferentes siglas, ATE, BVE, AAA, y GAL, dirigió y ejecutó atentados, a menudo mortales, contra terroristas y miembros del entorno radical.
    Fue a finales de 1977 cuando conseguí el testimonio definitivo, el del entonces general de brigada y jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, José Antonio Sáenz de Santamaría. Tras varias conversaciones -todas ellas grabadas- el general me explicó, después de consultar sus archivos, la verdadera historia de la conocida operación Reconquista. Esta es su versión, de la que me pasó una copia manuscrita, como protagonista directo de los hechos.

    Versión corregida del texto facilitado por el general Sáenz de Santamaría

    ANTECEDENTES

    El Partido Carlista había experimentado una significativa evolución hacia la Democracia en los últimos años del franquismo (Tras una larga lucha contra el elemento integrista infiltrado Don Carlos Hugo los había expulsado del partido -nota mía aclaratoria-) Cada año, la concentración carlista en Montejurra fue adquiriendo un carácter reivindicativo hasta llegar a convertirse en punto de encuentro de las fuerzas progresistas estatales. El acto se autorizaba como celebración religiosa legalizada.
    Posteriormente a la muerte de Franco, la presión de elementos ultraderechistas apoyados por medios como El Alcázar, y dirigentes del Partido Carlista de la facción de don Sixto de Borbón, conocido por sus posiciones de carácter fascista y opuesto al pretendiente Carlos Hugo, consiguieron la colaboración de servicios de la Seguridad del Estado. Entre los hombres clave de esa decisión estaban José Arturo Márquez de Prado, Antonio María de Oriol y Urquijo, a la sazón presidente del Consejo de Estado (y conocido monárquico Juanista) y el general Campano, entonces director de la Guardia Civil.
    Bajo la intención genérica de «reconquistar Montejurra» y arrebatarla a los que calificaban de rojos-marxistas, consiguieron que el Gobierno Arias-Fraga tomase en consideración la propuesta de organizar la operación tendente a dicha «reconquista». La operación recibió el nombre clave de «operación Reconquista».
    Para ello se establecieron contactos entre organismos como el SECED (Servicio Central de Documentación de la Presidencia del Gobierno y antecedente del actual CESID), la Guardia Civil y dirigentes del Partido Carlista ya citados (Los integristas). El CESED, que fue fundado por Carrero Blanco, estaba dirigido en aquel momento por el general Juan Valverde. Las reuniones fueron coordinadas por el propio Ministerio de la Gobernación, cuyo titular era Manuel Fraga.

    ORGANIZACION

    Se adoptaron medidas tendentes a dar la impresión de que se trataba de una reconquista civil de los verdaderos Requetés, fieles a la tradición, que con su «fortaleza moral y política» -como diría después el diario ultra El Alcázar- habían rechazado a los traidores de la verdadera ideología carlista.
    Para lograrlo, el Gobierno encargó al SECED la propaganda del acto, concentrando a simpatizantes en la zona de Montejurra -monasterio de Irache- a base de ofrecimientos económicos y de facilitar medios de transporte.
    Asimismo se repartieron por el servicio citado -el SECED- gran cantidad de bastones y cachabas con objeto, decían, de facilitarles la subida al cerro. Estaba claro que eran para ser empleados en la agresión prevista.
    La financiación de la operación corría a cargo del señor Oriol y Urquijo, quien depositó en diversas entidades bancarias de Santander, Vitoria, Logroño, Pamplona y Burgos, cantidades destinadas a sufragar los desplazamientos de los simpatizantes.
    Por otra parte, organizaciones ultraderechistas como los Guerrilleros de Cristo Rey
    -de Sánchez Covisa, Fuerza Nueva y otras, contactaron con miembros de la Internacional Fascista italiana, con la Triple A argentina y otras organizaciones similares. Esto posibilitó que acudiesen a Montejurra conocidos miembros del fascismo italiano como Stéfano della Chiave. Augusto Chanchi y el argentino Rodolfo Almirón, que más tarde sería escolta de Manuel Fraga. En Montejurra apareció por primera vez el mercenario Jean Pierre Cherid.
    La Guardia Civil se encontraba en esas fechas bajo la dirección del teniente general Angel Campano y tenía como subdirector al general de división Salvador Bujanda. Ambos eran miembros del Partido Carlista y mantenían una estrecha relación de amistad con Arturo Márquez de Prado, principal dirigente de dicho partido. (Nota estos señores, conocidos franquistas y ultraderechistas, habían sido expulsados del Partido Carlista hacía ya varios años)
    Eso hizo que el señor Márquez de Prado estuviese los días precedentes al acto de Montejurra en la Dirección General con frecuencia exagerada y participando incluso en reuniones del director general con su Estado Mayor y mandos implicados en la organización de los actos.
    El señor Márquez de Prado solicitó para sus militantes, que iban a concentrarse en la cima del monte con anterioridad, que la Guardia Civil les dotase de radio teléfonos y les facilitara armamento pesado: ametralladoras.
    El jefe del Estado Mayor de la dirección, a la sazón el entonces general de brigada José Antonio Sáenz de Santamaría, se opuso rotundamente a esas peticiones y logró que el director general Campano no accediera a las mismas, limitándose la ayuda al envío de un destacamento uniformado de la Comandancia Móvil de Madrid que se instaló, con anterioridad al domingo 9 de mayo, en la cumbre de Montejurra y en la falda del monte, en las proximidades del monasterio de Irache.
    Estas fuerzas fueron las que, en definitiva, consiguieron restablecer la situación tras los enfrentamientos que tuvieron lugar el citado domingo 9 de mayo y a los que haremos referencia en los siguientes apartados. (Nota.- En la cima del monte fue asesinado Aniano Giménez Santos por disparos de una ametralladora pesada. Si allí se encontraba la Guardia Civil de la Unidad Móvil -que más tarde participaría en el Tejerazo- ¿Quién disparó? La Guardia Incivil protegió y amparo a los asesinos y en ningún momento intervino para proteger a las víctimas)

    DESARROLLO DE LOS ACONTECIMIENTOS

    Durante la noche del 8 al 9 de mayo los elementos reclutados por la ultraderecha se desplazaron a la cima del monte, donde se apostaron.
    Cuando los Carlistas partidarios de Carlos Hugo estaban ya en la mañana del día 9, a punto de alcanzar la cima, se encontraron con el grupo de ultraderechistas partidarios de Sixto, el hermano de Carlos Hugo.
    Estos componentes del bando de Sixto abrieron fuego sobre los que llegaban, produciéndose un tiroteo de armas cortas, pistolas. En el tiroteo resultaron dos muertos y varios heridos.
    Uno de los muertos fue Ricardo García Pellejero, que fue alcanzado por un disparo efectuado por «el hombre de la gabardina», vestido con una larga gabardina, boina colorada y una pistola en la mano. Fue posteriormente identificado como Martín García Verde, comandante retirado del Ejército. Hubo además tres heridos graves y varios leves. Uno de los heridos graves, Aniano Giménez Santos, falleció cuatro días más tarde. (Nota.- Ricardo García Pellejero murió a la entrada del monasterio de Irache y no en la cima de Montejurra, los carlistas estaban desarmados y, por lo tanto incapaces de repeler la agresión)

    REPERCUSIONES DE LOS HECHOS

    Hubo tres detenidos y procesados:
    -Martín García Verde fue detenido en Huelva por la Guardia Civil. Era comandante retirado.
    -Arturo Márquez de Prado fue detenido e ingresado en la cárcel de Pamplona.
    -Francisco Carreras fue detenido e ingresado en la cárcel de Pamplona.
    El primero acusado de la muerte de Ricardo García Pellejero. Los otros dos fueron acusados como dirigentes de la acción violenta del día 9. El dirigente Sixto de Borbón fue expulsado de España por el Gobierno, sin permitirse que el juez le tomara declaración.
    A los siete meses de su procesamiento, los tres se acogieron a la amnistía por considerarse los hechos como » delito político». La justicia, con carácter general, mostró muy poco interés en el esclarecimiento de los hechos.

    CONCLUSIONES

    a) Actitud de Fraga
    El día en que sucedieron los hechos, Fraga no se encontraba en España, pues estaba de viaje oficial en el extranjero. Como se encargó repetidamente de expresar ante los periodistas, estaba encargado de los asuntos de su departamento el entonces ministro secretario general del Movimiento, don Adolfo Suárez.
    El señor Fraga, no obstante, y de manera más bien tibia, asumió la responsabilidad, pero minimizando los hechos que calificó como «una triste pelea entre hermanos».
    Ahora bien, en la preparación de la denominada operación Reconquista y en su disposición a apoyar a la ultraderecha en las movilizaciones previas, se mostró interesado.

    b) Inicio de acciones antiterroristas
    La conjunción de los distintos elementos que formaron la trama de esta operación es el primer paso de lo que durante la Transición constituyó el núcleo de las operaciones de la llamada «guerra sucia» contraterrorista.
    Así, vemos que formaron parte de la operación:
    -Militares descontentos de la reforma democrática del Régimen.
    -Partidos ultraderechistas residuales: Fuerza Nueva, Partido Carlista Oficial.
    -Activistas violentos de estos partidos: AAA, Batallón Vasco Español, Guerrilleros de Cristo Rey.
    -Mercenarios reclutados de los partidos ultras extranjeros: PIDE portugués, Triple A argentina. Etc.
    -Miembros aislados de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que, por su ideología, no encajaron la reforma del Régimen.
    Todo este entramado operó de alguna forma apoyado, directa o indirectamente, por los aparatos del Estado en todas sus acciones de lucha antiterrorista durante los años setenta y ochenta, en lo que vino a llamarse Grupos Antiterroristas de Liberación y sin que hubiese solución de continuidad entre los mismos.

    Hasta aquí el texto facilitado por el general Sáenz de Santamaría. El general participó, como jefe de Estado Mayor de la Guardia Civil, en las reuniones preparatorias de la operación. Es un testigo presencial, un protagonista directo. Su testimonio cierra el círculo lógico que se desprendía del análisis de los hechos conocidos.
    A efectos prácticos, la operación Reconquista de Montejurra fue el ensayo general de la intervención de órganos de la Seguridad del Estado en actividades ilegales ligadas a la lucha antiterrorista.
    Lo singular de esta operación radica en que se utilizaron técnicas de «guerra sucia» en una maniobra de claro corte involucionista. Pocas veces más se haría así. Meses después se iniciaban las primeras «conjuras de salón» -o de cafetería- entre oficiales y jefes militares descontentos y sectores ultras de la sociedad civil. Este sería el modelo golpista hasta finales de 1985, año en que se realizó la última intentona de golpe de Estado.
    Lo revelador es la presencia de Jean Pierre Cherid y el «esquema operativo» que siguió, un verdadero anticipo de lo que sería el frente ilegal -la «guerra sucia»- contra ETA hasta la llegada de Antonio Ibáñez Freire al Ministerio del Interior y, sobre todo, a partir de él.

  2. Miguel Angel Fernandez Marntin says

    ¿Carlista y de Ccoo? Esa es la cuadratura del circulo. Un autentico carlista no puede aliarse con una ideologia asesina y anticatolica como es el comunismo, como se pudo comprobar en las persecuciones religiosas de la II republica. Es la misma incompatibilidad que un carlista tiene con el nazionalismo, el republicanismo o el ateismo.

  3. florentino del Amo Antolin says

    Se cargaron el Carlismo Autogestionado Federal. Como siempre, cuando se habla de dinastías aparecen las sombras y las dudas, los atentados, las dictaduras… ¡ Para que nada cambie !. ¿ Quienes temían la línea directa sucesoria de Carlos Hugo ?…
    La misa arriba en Montejurra, no pudo celebrarse; se hizo en un pueblo de Lapurdi y la ofició Eloy Fernández, era de Lizarraldea ( tierra Estella ). Otra reconquista de sangre, que no abre los telediarios, todos los años por su día !. https://uploads.disquscdn.com/images/76aca70ca330968d0a9524553f8660dc45134b1719fa25fea4bb907e293f9784.jpg https://uploads.disquscdn.com/images/ee223b23181a40c048132cb3a64fa4af67ffe69a9f3d4b983aad78abd7d475e3.jpg https://uploads.disquscdn.com/images/3fc423c588f739284f2f2d6734f7e8f88585e3c361c97209f6febd590a88b6dc.jpg

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