La marea naranja de Keiko Fujimori pone rumbo a 2021

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Silvia de Félix *

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Keiko Fujimori alza el dedo pulgar en señal de victoria, el pasado 29 de mayo, tras participar en el segundo debate presidencial frente al entonces también candidato y hoy presidente del Gobierno, Pedro Pablo Kuczynski. / Jurado Nacional Electoral de Perú.

Perú estrena presidente de la República tras uno de los comicios más ajustados de la historia reciente en América Latina. Pedro Pablo Kuczynski asume el reto de dirigir el país durante los próximos cinco años en el que es el primero y, por cuestión de edad, posiblemente el único mandato presidencial de su dilatada carrera política. Frente a él, un Congreso hostil capitaneado por Fuerza Popular, el partido de Keiko Fujimori, que crece de forma imparable en popularidad y apoyos.

Pedro Pablo Kuczynski aseguró el pasado 28 de julio en Lima el relevo presidencial en una ceremonia de investidura a la que no asistió Keiko Fujimori. Pese a su ausencia, Keiko quiso enviar un mensaje de felicitación a todos los peruanos a través de las redes sociales en un día en el que Perú celebra las Fiestas Patrias, el aniversario de la independencia del país. Desde que en junio perdiera las elecciones presidenciales por una ajustadísima diferencia de votos, la lideresa de Fuerza Popular ha desaparecido de la escena política. Pareciera enojada con el devenir de los acontecimientos que la han dejado, por segunda vez consecutiva, apeada del Palacio de Gobierno. Pero la chancona (empollona), apelativo utilizado por la prensa local para definir a Keiko, no se arredra fácilmente. Su partido ha obtenido en las elecciones legislativas de abril una mayoría histórica en el Congreso –73 diputados– y, hoy, Fuerza Popular – el partido naranja – es la principal fuerza política de carácter nacional en Perú.

¿Por qué la mitad de los votantes peruanos han apoyado la herencia política de un expresidente condenado a 25 años de cárcel por crímenes de lesa humanidad y cuyo principal asesor y mano derecha, Vladimiro Montesinos, cumple igualmente pena de prisión por homicidio? Para Santiago Pedraglio, periodista y profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), “la escena política favorece que Keiko tenga el espacio que tiene”. Explica Pedraglio que en estos últimos 16 años, tras la dimisión de Alberto Fujimori, las fuerzas políticas se han licuado. “Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala, todos los mandatarios del postfujimorismo han abandonado la Presidencia con índices muy bajos de aprobación popular. De hecho, Humala ha tenido que retirar a su candidato de la carrera presidencial ante los datos arrojados por las encuestas. Los éxitos de Keiko son una gran crítica a los tres gobiernos que sucedieron a su padre y, además, hay una especie de enganche, de reconocimiento a los aspectos positivos del fujimorismo”, añade.

Leyendas urbanas

La década fujimorista (1990–2000) dejó réditos de los que hoy se nutren sus sucesores. Alberto Fujimori peinó con sus visitas cada rincón de Perú, llevando el Estado donde nunca antes ningún presidente había llegado. Pedraglio confiesa que “preguntas a mucha gente: ¿y tú por qué votas a Keiko? Y te dicen: yo es que estoy agradecido, porque con él [Alberto Fujimori] llegó el agua, la luz, los desagües y la carretera”. A los resultados de la política clientelista del fujimorismo se suma el arresto, en 1992, del líder de Sendero Luminoso y el fin del terrorismo. “Que Fujimori acabara con el terrorismo es discutible. En la década de los 90 el fujimorismo se volvió una fuerza tan grande que creó leyendas urbanas”, matiza Ramiro Escobar, periodista y profesor de la Universidad Aplicada de Ciencias Peruanas (UPC). Discutible, entre otros motivos, porque el operativo que capturó al líder de Sendero Luminoso, el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN), no se creó bajo el mandato de Fujimori sino en el último año del primer gobierno aprista de Alan García.

Las elecciones generales de 2016 han desvelado la profunda sima que divide a la sociedad peruana entre partidarios y detractores del fujimorismo. “El fujimorismo va más allá de Fuerza Popular y de las personas. El fujimorismo es mucho más [...] Ahora en el Perú solo hay dos corrientes políticas: el fujimorismo y el antifujimorismo”, asegura la excongresista naranja Martha Chávez en la prensa local. La bipolaridad que preside el sentir político peruano se manifestó con mayor fuerza en la segunda elección presidencial de junio, cuando los programas de Gobierno de los dos candidatos en liza se diluyeron para dejar paso a alusiones del ayer. Y Kuczynski ancló su mensaje político en la diferencia, erigiéndose estandarte de la democracia frente a los atropellos del pasado. Ganó. Pero los poco más de 40.000 votos que le auparon a la Presidencia dejaron un sabor agridulce a victoria pírrica.

A vueltas con el indulto

Keiko Fujimori asegura que convertirá sus propuestas electorales en leyes. Y la mayoría absoluta de Fuerza Popular en el Congreso le da pie para “pensar en el futuro del país”. Una de las principales incógnitas de la nueva legislatura que estrena Perú será saber si el Congreso aprobará una ley para dar arresto domiciliario a reos de la tercera edad. Aunque Fuerza Popular afirma que no figura en su agenda solicitar el indulto para Alberto Fujimori, muchos creen, entre ellos, el presidente Kuczynski, que en los planes de la formación naranja figura liberar al exmandatario encarcelado “por la puerta grande”. Si bien esta posibilidad genera escepticismo, los círculos políticos y diplomáticos no descartan que Alberto Fujimori termine cumpliendo condena en su residencia familiar.

Kuczynski afirma que rubricaría una eventual ley genérica que beneficie a las personas de la tercera edad en prisión. “A PPK [Pedro Pablo Kuczynski ] no le convendría ponerse duro en eso”, opina Ramiro Escobar, quien ve en este tema uno de los principales motivos de turbulencias en la nueva legislatura. En un escenario en el que el Ejecutivo y el Legislativo se han declarado la guerra antes de tiempo, el problema del fujimorismo radica en cómo hará uso de su fuerza en el Congreso. “Si se extralimita, será fatal. El fujimorismo debe controlarse, no puede transmitir que está librando una especie de guerra total, como ha dado a entender hasta ahora”, concluye Santiago Pedraglio.

Durante el desayuno electoral de la segunda elección presidencial – tradición peruana que consiste en convocar a la prensa el día electoral para mostrar a la población cómo comienzan el día los candidatos –, a Keiko se le quemó la tostada. Muchos han querido leer en este momento un acto premonitorio de su fracaso en las urnas. Sin embargo, el número de votantes que ha separado en 2016 a Keiko de la victoria presidencial cabe dentro del estadio de fútbol Vicente Calderón. Si algo diferencia a la lideresa de Fuerza Popular del resto de sus competidores es su tenacidad. Consolidación de las bases regionales, presencia ubicua en sierra, selva y costa peruanas y persistencia en sus marcas de identidad: orden, seguridad y crecimiento económico. La marea naranja, con el Congreso a favor, avanza rumbo a 2021 con vientos favorables. Y a la tercera podría ir la vencida.

* Silvia de Félix es periodista y observadora internacional de elecciones.

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