Líderes suníes piden la autonomía de Mosul para evitar la partición de Irak

Situación esquemática de la ofensiva sobre Mosul, dirigida fundamentalmente por el Ejército y las milicias chiíes. / Manuel Martorell
Situación esquemática de la ofensiva sobre Mosul del Ejército y las milicias chiíes con apoyo kurdo. / M. Martorell

Si en algo coinciden todos los análisis y los propios protagonistas de la crisis de Mosul es que el periodo post-EI será un nuevo y peligroso escenario que puede volver a estallar en cualquier momento y lugar si no se soluciona políticamente la marginación de los suníes, que constituyen la cuarta parte de la población de Irak.

Los intereses de Irán para aumentar su influencia en esta zona a través de las milicias chiíes, la permanente amenaza turca de intervenir en defensa de los turcomanos de Tal Afar o para desalojar al PKK de Sinyar se mezclan con los profundos recelos de cristianos y yezidis, principales víctimas del Estado Islámico, ante el nuevo poder que se instale cuando los yihadistas sean desalojados de la ciudad.

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Por esta razón, el Gobierno de Abadi intenta a toda costa que las milicias chiíes no entren en esta ciudad habitada por turcomanos, pero divididos entre suníes y chiíes. El apoyo de los pro-iraníes a una de las partes podría desencadenar la temida intervención truca. Por esta razón, el Ejército regular se apresura a llegar a la ciudad antes que las milicias, que ya han tomado el aeropuerto próximo.

Aún muestran mayor y creciente preocupación por el desarrollo de los acontecimientos, los principales dirigentes suníes de Nínive y Anbar no vinculados al Estado Islámico. Varios de ellos han pedido formal y expresamente que, tras la expulsión del Estado Islámico (EI), se cree en torno a Mosul una autonomía semejante a la que disfrutan los kurdos, es decir, con suficiente poder para administrar sus propios recursos y dirigir sus propias fuerzas de seguridad.

Entre ellos se encuentran los principales responsables del denominado Proyecto Árabe, una agrupación de fuerzas y personalidades liderada por Khamis Al Khanjar, impulsor de la coalición electoral Iraquiya y presidente de la OASRI (Organización para la Representación Árabe-suní). Este influyente político, originario de Faluya y que posee una televisión local en esta ciudad, ha llegado a decir que si el Gobierno de Bagdad no concede tal autonomía a los suníes, el próximo paso será la partición del país.

Rafa Al Esawi, ex viceprimer ministro y ex ministro de Finanzas, es de la misma opinión, advirtiendo que, en caso contrario, en las zonas suníes de Anbar y Mosul volverán a surgir movimientos armados contra el Gobierno central.

Otros dos destacados mandatarios suníes que exigen la extensión del modelo federal al resto de Irak son los hermanos Osama y Atheel Nujaifi, el primero ex viceprimer ministro y expresidente del Parlamento iraquí, y el segundo, gobernador de Mosul cuando en junio de 2014 la ciudad cayó en manos del Estados Islámico y se convirtió en capital del Califato.

El mapa muestra, esquemáticamente, las posible autonomías y las fuerzas en presencia. / M. M.
El mapa muestra, esquemáticamente, las posible autonomías y las fuerzas en presencia. / M. M.

Atheel incluso ha declarado que algunas zonas de la provincia de Nínive con especial diversidad religiosa podrían decidir en referéndum si quieren continuar dentro de la hipotética autonomía suní, integrarse en la kurda o buscar otra solución. La propuesta iba dirigida especialmente a los cristianos que pueblan la denominada Planicie de Nínive, situada entre Mosul y el territorio controlado por el Partido Democrático del Kurdistán (PDK), liderado por Masud Barzani.

Desde hace tiempo, las organizaciones cristianas exigen también autonomía y reclaman contar con fuerzas de protección independientes para que no se vuelva a producir el desastre del verano de 2014, cuando todas las localidades con presencia cristiana, prácticamente desde Al Qosh a Qaraqosh, pasando por Bartella y Tel Kayf, cayeron en manos del Estado Islámico. Por lo pronto, ya han creado el embrión de unas Fuerzas de la Planicie de Nínive.

Aún más complejo es el problema de Sinyar, principal zona habitada en Irak por los yezidis. Casi todos sus pueblos fueron ocupados por los seguidores de Al Bagdadi, asesinando a miles de hombres y secuestrando a otras tantas mujeres para convertirlas en esclavas sexuales. Los peshmergas del PDK, encargados de la defensa de esa zona, se retiraron prácticamente sin combatir, teniendo que intervenir las milicias kurdas de Siria, con el apoyo del PKK, para frenar a los yihadistas y proteger el éxodo en masa de quienes pudieron escapar por los montes de Sinyar.

Este hecho ha provocado que el PKK cuente en estos momentos con cierta influencia dentro de este credo zoroastriano y que haya conseguido formar las Unidades de Resistencia de Sinyar (YBS), que reclaman la creación de un “cantón” independiente, incluso al margen del Gobierno kurdo de Arbil.

Turquía ha dejado ya claro que no permitirá que el PKK forme “un nuevo Qandil” –las montañas del norte de Irak donde esta guerrilla tiene sus principales bases- en Sinyar, complicando aún más el futuro de estas dos comunidades –cristiana y yezidi- que, en todo caso, tendrán que negociar esa autonomía con quienes terminen sustituyendo al Estado Islámico en la administración de Mosul.