Ataque con armas quimícas en Jan Shijún: una macabra demostración de fuerza

Nikki Haley muestra los efectos del bombardeo con armas químicas.
Nikki Haley, representante de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, muestra los efectos del bombardeo químico. / Justin Lane (Efe)

En el bombardeo de Gotha, el año 2013, cerca de Damasco, la cifra fue mucho mayor. Fue entonces cuando Barack Obama dijo que un nuevo ataque con armas químicas supondría cruzar una “línea roja” que haría a Estados Unidos replantear su política hacia Siria, insinuando que se produciría una intervención directa en el conflicto.

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El incumplimiento de su palabra, porque los bombardeos químicos continuaron, supuso una muestra de debilidad frente a un régimen que, al comienzo de la guerra, llegó a estar “contra las cuerdas”, pero que después no ha dejado de fortalecerse con la ayuda de Rusia, Irán y de las milicias chiíes libanesas de Hezbolá.

Una de las imágenes distribuidas por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

Tres años después, la situación aún es más favorable para el Gobierno de Bachar al Asad. Tiene la iniciativa en todos los frentes contra el Estado Islámico y contra la nueva coalición impulsada por Al Qaeda bajo el nombre de Tahrir al Cham, es decir las dos agrupaciones yihadistas excluidas del teórico alto el fuego alcanzado en las conversaciones de Astana entre Rusia, Irán y Turquía, que apoya a la denominada oposición islamista moderada.

De acuerdo con el citado Observatorio Sirio de Derechos Humanos, la de Jan Shijún tampoco sería la única acción militar con bajas civiles tras el ataque químico del martes que ha conmocionado a la comunidad internacional debido a la crudeza de las imágenes con niños muertos apilados en camionetas de los Cascos Blancos.

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Esta misma fuente informa que al día siguiente la aviación ha vuelto a bombardear esa localidad, alcanzando los centros médicos donde están siendo atendidos decenas de heridos, algunos en estado crítico. La suma total de civiles muertos en distintas zonas de Siria se elevaría de acuerdo con esta organización humanitaria a 131 personas, de las que 41 serían niños y una treintena mujeres.

Análisis de la oposición citados por el Syrian Observer indican, por su parte, que el ataque de Jan Shijún intentaría detener la fuerte ofensiva lanzada por Tahrir al Cham desde sus feudos en Idlib para ampliar su zona de influencia dentro de la provincia de Hama. Tahrir al Cham estaría embarcada, en este sentido, en una estrategia no solo para revertir el retroceso generalizado de los grupos armados sino también para consolidarse como la única oposición “seria” al régimen de Damasco en contraposición a los grupos claudicantes que acuden a las negociaciones de Ginebra.

Uno de los niños atendidos tras el bombardeo de Jan Shijún.

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En realidad, tras la pérdida de Alepo, la neutralización de los grupos apoyados por Turquía en la región de Al Bab y el desalojo del Estado Islámico en la margen occidental del pantano sobre el río Éufrates, la única plataforma importante que le queda a las grandes organizaciones islamistas es la provincia de Idlib, sobre la que el Ejército sirio, con el apoyo de la aviación rusa, estaría intensificando sus operaciones. Según el Syrian Observer, que cita fuentes locales, solo en los últimos diez días desde la base aérea rusa, junto a la ciudad de Latakia, en la costa mediterránea, se habrían detectado hasta 250 vuelos de aviones militares.

Pero el objetivo no sería solo frenar la citada ofensiva de Al Qaeda, sino también presionar al resto de los grupos armados que este mismo mes de marzo se han retirado de las conversaciones de paz de Ginebra auspiciadas por la ONU para no perder protagonismo como fuerza opositora ante la cada vez más poderosa coalición liderada por el antiguo Frente al Nusra. Trataría, así, de obligarles a retornar a la mesa de negociación y aceptar las condiciones que Damasco para un proceso de transición que, supuestamente, pondría fin a esta tragedia que ya dura seis años.

En definitiva, una macabra demostración de fuerza ante la impotencia de una comunidad internacional que, de nuevo y debido al veto de Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU, ha sido incapaz este miércoles de dar una respuesta efectiva, limitándose, como ha hecho la representante de EEUU, Nikki Haley, a denunciar con vehemencia este nuevo “crimen de guerra”, siendo un interrogante si la amenaza de Donald Trump de tomar cartas en el asunto volverá a poner en evidencia, como ya ocurrió con Obama, la posición de Washington en el conflicto.

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