HISTORIA / Lenin y Trotski protagonizaron la Revolución Rusa de Octubre de 1917, de la que se cumple un siglo

Así contó la prensa española la Gran Revolución de Octubre de 1917

LUIS DÍEZ | Publicado: - Actualizado: 08:32

Revolución Rusa
Mural del pintor mexicano Diego Rivera ‘La Revolución Rusa’. / Sacha Timæus (Flickr)

Ningún periódico español contaba con corresponsal en Petrogrado (San Petersburgo), la capital de Rusia, cuando los dirigentes bolcheviques Vladimir Lenin y León Trotski protagonizaron la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917, de la que está a punto de cumplirse un siglo. Los periódicos, segunderos de la historia, contaron en lenguaje telegráfico y de forma deshilachada aquellos hechos formidables que iluminaron el camino de la clase trabajadora y laboral de todo el mundo y marcaron el destino histórico y social del siglo XX. Sólo algunas mentes privilegiadas entre los periodistas locales llegaron a captar el alcance de lo que estaba ocurriendo en Rusia, pero los grandes rotativos del momento, con Europa ensangrentada por la Primera Guerra Mundial, no enviaron informadores (enviados especiales) al lugar de los hechos.

La prensa española acuñó una semántica muy curiosa: a los bolcheviques y marxistas comunistas les llamó “maximalistas” y a los mencheviques y socialistas moderados les aplicó el calificativo contrario: “minimalistas”. Algunos periódicos, singularmente el Heraldo de Madrid (ver documento en PDF), persistieron en llamar Lenine a Lenin.

Casi todos los rotativos de circulación nacional tardaron varias semanas en informar sobre la personalidad de los nuevos dirigentes del Soviet de Petrogrado

Casi todos los rotativos de circulación nacional, que se publicaban en Madrid y se vendían a cinco céntimos ejemplar, tardaron varias semanas en informar sobre la personalidad de los nuevos dirigentes del Soviet de Petrogrado que había sustituido con la fuerza de las masas trabajadoras y de los soldados y marineros, cansados de la guerra, al Gobierno de Alexander Kerensky.

El Heraldo, el primero en emplear y mantener día a día el titulo de “Revolución Rusa”, fue también el primero en ofrecer una semblanza y un pequeño retrato de Trotski (ver documento en PDF). Se adelantó así a El Liberal, donde fungía el periodista Luis Araquistáin, quien había conocido y acogido a Trotski en 1909, cuando venía huyendo de la represión zarista. Por cierto que Araquistáin tradujo y publicó un librito de Trotski, titulado Viaje a España, en el que el joven Lev Davídovich Bronstein llamaba “catedrales” a los grandes edificios construidos como sedes bancarias en la madrileña calle de Alcalá. Catedrales del capitalismo eran en realidad. Trotski pasó un mes en España antes de embarcar hacia los Estados Unidos de América; ahora reaparecía en la capital rusa al frente de la revolución.

La fecha del asalto de los bolcheviques al Palacio de Invierno fue el 25 de octubre en el calendario juliano, 7 de noviembre en el gregoriano, por el que se regía el resto del mundo

La Correspondencia, decano de la prensa madrileña, informaba en su edición del sábado, 10 de noviembre de 1917 (ver documento en PDF): “Los maximalistas han derribado al Gobierno de Kerensky y han obligado al Anteparlamento a suspender sus sesiones. Parece que no ha habido batalla y que la guarnición se puso de parte del Soviet, que, naturalmente, pudo incautarse de las comunicaciones y enviar despachos a todos los puntos de Rusia y del Extranjero, en los que anunciaba su fácil triunfo. ¿Qué ha sido de Kerenskiy de Tereschenko y los demás miembros del Gobierno provisional? ¿Han podido dirigirse a Moscú? ¿Están presos? ¿Y qué actitud adoptarán las provincias, viendo que la capital se halla en manos de la extrema izquierda?” Conviene aclarar que la fecha del asalto de los bolcheviques al Palacio de Invierno fue el 25 de octubre en el calendario juliano, 7 de noviembre en el gregoriano, por el que se regía el resto del mundo.

Con mayor concreción, El Heraldo de Madrid informaba en su edición del sábado, 10 de noviembre: “Los maximalistas se apoderan del Palacio de Invierno”. E insertaba el cablegrama desde Petrogrado: “Anteanoche, a las dos de la madrugada, después de vivísimo combate, se rindió el Palacio de Invierno, en que se encontraba el Consejo de Ministros, a excepción de Kerenski. También ocuparon los maximalistas los locales del Estado Mayor”. En otros telegramas decía: “Prisión del Gobierno y fuga de Kerensky”. Y contaba: “El Cuerpo de los Soviets de toda Rusia ha lanzado proclamas diciendo que los ministros Konovalof, Keschkine, Terestchenko, Malakovitch y Nikitine han sido encarcelados. El Comité revolucionario ha hecho saber que Kerensky ha huido, y ordena a todas las organizaciones militares que le persigan y le detengan, y le conduzcan a Petrogrado. Toda complicidad con Kerenski será considerada como delito de alta traición”.

“El golpe de Estado de los volchevits se ha caracterizado por una perfecta organización; el número de víctimas ha sido muy pequeño”, decía ‘El Liberal’

El Liberal (ver documento en PDF) y La Correspondencia completaban la información: “Pedrogrado-8. El triunfo de los volchevits ha sido hoy completo. Encontraron una insignificante resistencia por todas partes, menos del regimiento de mujeres. El Palacio de Invierno fue cañoneado por la noche, pero los muros continúan en pie. La guardia del Palacio se vio obligada a capitular. Kerensky ha salido para el frente con fin desconocido; a Tereschenko no se le ha encontrado. Los otros ministros, la señora de Kerenski y Mitíukof han sido conducidos a la fortaleza de San Pedro y San Pablo. Hoy, día 8, la capital está tranquila, la población no comparte el movimiento, pero su actitud es de indiferencia. El golpe de Estado de los volchevits se ha caracterizado por una perfecta organización y por la total ausencia de desórdenes; el número de las víctimas ha sido muy pequeño”.

En las ediciones del domingo, 11 de noviembre, y de los días sucesivos, El Heraldo siguió desgranando cablegramas sobre las decisiones de los revolucionarios. El asalto al poder, largamente preparado por Lenin y sus camaradas con una campaña de propaganda prometiendo “paz, tierra y pan” a la famélica población, harta de la guerra, se hizo coincidir con el II Congreso General de los Soviets, que aclamó a Lenin como líder. “Durante la sesión celebrada ayer tarde por el Soviet –informaba El Heraldo— se presentó en el local Lenine, siendo ovacionado y pronunciando un discurso, en el que dijo: “Ahora es cuando empieza la verdadera revolución, que será secundada en todas partes”. Al Congreso asistían 550 delegados que “eligieron a 14 maximalistas, a Lenin y a varios socialistas revolucionarios”.

La Correspondencia completaba la información del colega madrileño aportando “los verdaderos nombres de los jefes maximalistas: Lenin, Zederblurt, Trotsky, Braunstein, Ziniviev, Apfelbaum, Kamenev, Rosenfeld, Steklev, Nahankhis, Sutkanm, Gimmer, Gorev, Goldmtn, Michkovsky, Goldenberg Ladin y Lure“. Tanto El Heraldo como El Liberal y El Imparcial informaban de los principales acuerdos adoptados por el Congreso supremo de los Soviet: “Primero, organización del Poder civil; segundo, terminación de la guerra por la paz; tercero, celebración de la Asamblea Constituyente. También se nombró una delegación que entable negociaciones con otros organismos revolucionarios para detener la comenzada efusión de sangre”.

Puesto que los socialistas moderados (“minimalistas”) habían abandonado el Congreso soviético en protesta por el asalto al Palacio de Invierno y la detención de los ministros, los bolcheviques formaron un gobierno monocolor encabezado por Lenin, cuyas decisiones fueron desgranando los periódicos españoles sin el menor entusiasmo. Lógico. Eran órdenes y proclamas comunistas de abolición de la propiedad privada y control de los medios de producción por parte de los soviets.

La falta de entusiasmo por la Revolución Rusa caracterizó a la prensa burguesa europea, con la excepción de L’Humanitè en Francia

La falta de entusiasmo por la Revolución Rusa caracterizó también a la prensa burguesa europea, con la excepción de L’Humanitè en Francia. El único periódico considerado de izquierdas en España era El Socialista y se hallaba prohibido desde mayo de 1917 por respaldar la huelga general, cuyo comité (Francisco Largo Caballero, Julián Besteiro, Daniel Angiano y Andrés Saborit) acabó en la cárcel. A falta de celdas en Madrid, los enviaron al penal de Cartagena, lo que no impidió que todos ellos resultaran elegidos concejales en Madrid en las elecciones municipales del domingo, 11 de noviembre y El País, el rotativo republicano de la calle de la Madera, exigiera su inmediata excarcelación y emprendiera una campaña por la amnistía a la que se sumó El Liberal.

Las evoluciones de Kerensky al frente de algunas guarniciones para marchar sobre Petrogrado y recuperar el poder centraban el interés de los principales diarios. Unos decían que estaba cerca de la capital rusa, otros que pretendía trasladar el poder a Moscú. Pero lo cierto es que la mayor parte del Ejército ruso y la Armada en su totalidad estaban del lado de los bolcheviques y obedecían a Trotsky al tiempo que deseaban el armisticio con Berlín, algo que era interpretado por los más conspicuos observadores como un pacto tácito de los “revolucionarios maximalistas (de la Tercera Internacional) con los imperialistas alemanes.

En apenas tres meses el Ejército Rojo sofocó la resistencia, liquidaron a los zaristas y frustraron los intentos de independencia de Ucrania

Los despachos de las agencias de noticias y los comentarios de la prensa de Londres y París, recogidos por los diarios españoles, cifraban en centenares de muertos la lucha de los mencheviques y los bolcheviques en Petrogrado y Moscú. En la capital se hablaba de ochocientos muertos y en Moscú de medio millar, sin que se supiera a ciencia cierta de que lado se inclinaba la balanza. Los cosacos defendieron la causa de Kerenky y llegaron a cercar la Duma de Petrogrado, en la que resistieron los bolcheviques. Los ferroviarios se ofrecieron a mediar entre los partidos y fracasaron. Lenin como gran líder y Trotski como jefe del Ejército Rojo demostraron una gran habilidad en el manejo de la propaganda, de modo que al grito de “todo el poder para los soviets” siguió la imputación a los “contrarrevolucionarios” del daño de la destrucción de los ferrocarriles y el aislamiento y el hambre de la población en las principales ciudades. En apenas tres meses sofocaron la resistencia, liquidaron a los zaristas y frustraron los intentos de independencia de Ucrania.

En la prensa española fue El Imparcial y, concretamente, el periodista Manuel Ciges Aparicio, el mejor intérprete de las causas inmediatas de la Revolución Rusa. En un artículo publicado en primera plana el viernes, 9 de noviembre (ver documento en PDF), relataba el contesto de la caída de Kerensky y el triunfo de la revolución en la capital del imperio ruso al unirse las tropas y el pueblo. En su magnífica obra La venganza de los siervos (Edt. Crítica, 2017), resume el historiador Julián Casanova: “A comienzos de noviembre, los bolcheviques tenían el control de las principales ciudades de la región industrial del centro, norte y este de Moscú, en los Urales, en las partes más cercanas del frente y entre los marinos de la flota del Báltico. Derrotados sus adversarios militares por el momento, asegurados los principales centros de poder, Lenin y los bolcheviques pudieron dedicarse a temas apremiantes: conseguir la paz, atender a las reformas radicales que había reclamado desde abajo el movimiento de los sóviets y reorganizar el poder”. Eso no quita para que la guerra civil se prolongara dos años.

Artículos Relacionados

- Publicidad -
icono cuartopoder  Lo más reciente
 
- Publicidad -
- Publicidad -

- Publicidad -
Volver Arriba

Send this to a friend