Edith Pérez, la madre de dos hijos desaparecidos que fue a buscarlos al infierno

  • Edith Pérez lleva seis años esperando a sus dos hijos, sus dos sobrinos y su hermano, quienes regresaban de un viaje en coche a Estados Unidos y nunca llegaron a casa
  • Hoy esta madre coraje es una frenética activista que lucha por sus derechos y los de otras víctimas de desapariciones en México

CIUDAD DE MÉXICO — Fue hace ya seis años. Edith Pérez no se cree que haya pasado tanto tiempo desde aquel día negro. Sus dos hijos José Arturo y Alexis junto a sus dos sobrinos Milynali y Aldo regresaban de un feliz viaje con el hermano de Edith, Ignacio, quien había decidido llevar en coche a los cuatro jóvenes a Houston para pasar un divertido fin de semana. Esta madre esperaba a su familia en San Luis Potosí, en el centro-norte de México, deseosa de que le contaran la aventura. Les faltaba poco para llegar, según le había anunciado alegre por teléfono uno de sus hijos. Habían quedado en reunirse en casa de la abuela.

Pero el encuentro nunca llegó a producirse. Edith habló con su familia por última vez cuando se encontraba a la altura de Ciudad Mante, en Tamaulipas, uno de los estados más violentos de México y que colinda con San Luis Potosí. No llegaron a la hora prevista y tampoco lo hicieron en toda la noche. Un accidente, un imprevisto en la carretera tal vez, eran posibilidades que barajaban ella y su marido. Pasaban las horas y era como si se los hubiese tragado la tierra.

Después de una larga noche de espera e incertidumbre, el marido de Edith decide dirigirse a Ciudad Mante a poner una denuncia, pero no le atienden, y marcha rumbo al Ministerio Público –Fiscalía local–, donde le dicen, según cuenta Edith, que no van a buscar a su familia porque “la delincuencia organizada está muy fea” en esa zona.

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Comienza un periplo desesperante para pedir ayuda con puertas que se cierran en las narices. “No sabíamos que estaba habiendo desapariciones. Sabíamos que secuestraban a gente para pedir dinero, pero nosotros no éramos ricos. Nunca pensamos que se iban a meter con gente que nada tenía que ver, mucho menos con quienes iban de paso por Tamaulipas”, rememora para cuartopoder.es echando la vista atrás a aquellos días.

Una esperaría encontrarse con una mujer devastada después de semejante tragedia. Dos hijos, de 16 y 20 años de edad, dos sobrinos y un hermano borrados del mapa de un plumazo. Sin embargo, Edith es pura fortaleza. Se emociona cuando se da cuenta de los años que lleva luchando y mira de manera intensa a los ojos. No hay ni un solo día que no haya hecho lo posible por encontrarlos. Un atisbo de suerte hizo que su hija, ahora con 18 años, la siga acompañando. Ella no pudo unirse al viaje con sus hermanos porque el día de antes se dio cuenta de que tenía el pasaporte caducado.

El desesperado descenso a los infiernos

Es agosto de 2012. El hermano de Edith había sido candidato para las elecciones municipales que habían tenido lugar un mes antes, así que su desaparición y la del resto de miembros de la familia aparece en la cadena de noticias Milenio. Un día después la madre recibe una llamada de terror: unos supuestos secuestradores dicen tener en cautiverio a su familia y le piden dinero para liberarlos. Pero nada cuadra. Edith les pide una señal para estar segura de que tienen retenidos a sus parientes y los presuntos captores se equivocan en la descripción. “Dios me dio fortaleza y cabeza fría para dialogar con ellos. Me contestaba uno, me contestaba otro, me colgaban y me insultaban”, recuerda. No es la última vez que personas desconocidas intentan extorsionarla.

Edith empieza entonces su larga y ardua batalla. Ella y su marido emprenden una intensa campaña en redes sociales en búsqueda de sus hijos. Después, se adentran en Tamaulipas. Empiezan a pegar carteles con las fotos de ellos y con los apodos cariñosos por los que ella los llamaba, ‘Tititos’ a Alexis, ‘Arturito’ a José Arturo. Los militares de una base de la Marina instalada recientemente en San Luis Potosí los ayudan en los lugares más peligrosos de Tamaulipas. Cuando vuelven a pasar por las mismas zonas, los carteles ya no están, los han quitado.

El relato que hace Edith de Ciudad Mante en aquella época, a final del mandato del expresidente Felipe Calderón, es escalofriante. Una ciudad abandonada donde los únicos que pasean por la calle son los militares que vigilan la zona. Un lugar donde reina el terror y donde todos tienen en su familia a alguien desaparecido o que pertenece al crimen organizado. “Intentábamos sensibilizar a las viejecitas”, narra. A veces se encontraban con sorpresas desagradables como una señora de un puesto de tortillas que les dijo que ella estaba protegida “por los malos”, otras veces recibían mensajes de gente anónima que les quería ayudar y les daba indicaciones para encontrar a su familia.

“Mi marido iba con un bate de béisbol, yo con un martillo”

“Mi marido iba con un bate de béisbol, yo con un martillo”, cuenta Edith. “Me decía: si nos atacan, les das y corres”. Así entraron en ranchos, rastrearon los ‘campamentos’ –lugares donde los narcos retienen a los secuestrados y esconden material delictivo–, o descubrieron fosas con restos humanos. Les había empezado a prestar ayuda la Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA), es decir, el Ejército, pero siempre indagaban ellos solos y luego daban el aviso. Hasta la fecha, siguen realizando la búsqueda de esta manera, por delante de las autoridades y bajo su propio riesgo.

Cuando Edith increpó a Calderón

Habían pasado tres meses de la desaparición de sus hijos y sus otros tres familiares, cuando Edith se enteró de que el entonces presidente Felipe Calderón se acercaba a inaugurar unas instalaciones en Ciudad Valles, San Luis Potosí, y decidió acudir al acto. “Me dio tanto miedo, temblaba. Me daba tristeza y coraje ver como la gente estaba aplaudiendo y solo quería que me escuchara”, recuerda. Allí, decidió recriminarle el abandono de su familia por parte de las autoridades y el rechazo que obtuvo a la petición de reunirse con él en su despacho.

“No se vaya, nada más, por favor, porque necesito hablar con usted al final. Si es que le interesa su familia. Yo supongo que sí”, le respondió visiblemente molesto Calderón. El expresidente pidió que Edith le entregara el expediente del caso de su familia a un general que se encontraba en el acto y algunas cosas cambiaron para ella a partir de entonces. La Policía Federal que, según cuenta, había rehusado ayudarla, comenzó a investigar. El expediente de la desaparición pasó de Ciudad Victoria (Tamaulipas) a la Procuraduría General de la República –Ministerio Fiscal que depende del Ejecutivo–.

“A su familia la confundieron”

Alexis y José Arturo, cuando eran pequeños.
Alexis y José Arturo, cuando eran pequeños./ Cedida

A día de hoy no hay ninguna pista firme sobre el caso que pueda explicar donde se encuentra esta familia, solo existe el testimonio confuso de un criminal. Tamaulipas es territorio en disputa de Los Zetas y el Cartel del Golfo. En 2014 se detuvo al que era el jefe de Los Zetas en Tamaulipas, Ricardo Iván Santillo, con quien Edith pudo hablar. “Me dijo que a lo mejor a mi familia la habían confundido con los contras –rivales– porque estaban esperando a una familia que venía de Estados Unidos”, relata. Poco después, Santillo se retractó.

Edith sigue buscando, no le queda más remedio, y lo hace como si ese fuese su destino. Dice que le mueve «el amor» a sus hijos y pone el acento en su condición de madre y mujer porque «la mayoría de las personas que buscan desaparecidos son mujeres”, remarca. Más aun, en su lucha incansable encontró la manera de ayudar a otros. Cuando se hizo conocida, muchas madres de San Luis Potosí y Tamaulipas comenzaron a ponerse en contacto con ella. “La mayoría de estas desapariciones se produjeron en 2010, era 2016 y estas mujeres seguían llore y llore. Las veía muy deterioradas y no empoderadas. Tenían la misma hojita que les habían dado hace seis años y seguían sin darle seguimiento a sus casos. Eso me llenó de rabia”, recuerda.

Hoy Edith es presidenta de Voz y Dignidad por los Nuestros y casi ha terminado la carrera de Derecho, una materia que decidió aprender para poder tener el control de todo el proceso que atraviesa. Su asociación la componen un centenar de familias, de San Luis Potosí y Tamaulipas, y cada una de ellas tiene de uno a cuatro desaparecidos.

A día de hoy Tamaulipas es el estado con más desaparecidos en México, pero sus casos no son únicos y, por desgracia, no serán los últimos. Las cifras oficial de desaparecidos es de más de 36.000 en todo el país, según los datos reflejados hasta abril por el Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas, aunque las organizaciones de DDHH y la propia ONU han indicado que hay personas que quedan fuera de la estadística, por lo que estaríamos hablando de una cifra mayor. Son decenas de miles de personas que han sido borradas del mapa y que sus familiares siguen esperando encontrar. Lo peor es que sigue ocurriendo cada día.