Venezuela, dos presidentes y un mar de dudas

  • Nicolás Maduro denuncia un golpe de estado liderado por el autoproclamado presidente Juan Guaidó
  • El ejército, colectivo clave para cualquier cambio, ha apoyado al heredero de Hugo Chávez
  • El peligro de una guerra civil parece lejano, pero presente. Los venezolanos no desean una intervención militar extranjera

El 23 de enero de 1958 cayó en Venezuela el régimen militar del general Marcos Pérez Jiménez y Juan Guaidó ha elegido simbólicamente ese mismo día, pero de 2019, para autoproclamarse “presidente interino” del país latinoamericano. Presidente también simbólicamente, como la fecha, porque carece de cualquier facultad ejecutiva. En estos momentos –y como casi siempre- lo que vaya a suceder en Venezuela es una incertidumbre, impredecible.

El país liberado por Simón Bolívar se encuentra en un punto muerto, inmerso en un conflicto de legitimidades y ante un abismo de incertidumbre: Nicolás Maduro, presidente venezolano, no reconoce a la Asamblea Nacional (AN) –el poder legislativo-, presidida por Guaidó desde el 5 de enero, con mayoría opositora desde diciembre de 2015 y declarada en 2017 en “desacato” por un Tribunal Supremo afín y nombrado por el chavismo. De igual manera, la AN no reconoce las elecciones de mayo del año pasado, en las que salió reelegido Maduro con el mayor porcentaje de abstención desde que Hugo Chávez llegara al poder en 1998 (52%).

En esos comicios no hubo apenas partidos opositores enfrente, ya que sus principales líderes estaban encarcelados, en el exilio o no se presentaron como protesta, y los resultados no fueron reconocidos por la Organización de Estados Americanos (OEA), los EE UU o Canadá, y puestos en cuarentena por la Unión Europea. Sí los reconocieron naciones como Rusia, Cuba, Turquía, Bolivia y Nicaragua. Reconocimientos o no, Nicolás Maduro puso en marcha una Asamblea Constituyente alternativa para promulgar una nueva Constitución y tomó posesión el pasado 10 de enero.

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El artículo 233

Apelando al artículo 233 de la Constitución bolivariana, Guaidó tildó el día 23 de enero a Maduro de “usurpador e ilegítimo” y se autoerigió máximo mandatario del país caribeño. El artículo reza así: “Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional”.

Maduro le ha respondido instando a la justicia a “actuar contra el golpe de Estado que están dando los lacayos de Estados Unidos”. A la delegación diplomática del país norteamericano le ha dado 72 horas para abandonar el país, pero Donald Trump se ha negado. Por su parte, la Unión Europea ha pedido elecciones anticipadas, pero ha evitado reconocer a Guaidó como presidente. España se ha sumado a esta posición comunitaria por boca del presidente Pedro Sánchez, quien así se lo ha comunicado vía telefónica a Guaidó, de quien ha alabado su “coraje”.

Con Guaidó vuelve la ilusión

Pero ése es el enredo político. A pie de calle se percibe una ilusión renovada entre una población que en las encuestas ha declarado querer un cambio político en un porcentaje del 80%, pero que a su vez no apoyaba a los líderes opositores en más del 25. Juan Guaidó ha aparecido para volver a reunir en las calles a miles de personas y creer que el cambio es posible con un discurso inteligente, sereno y conciliador.

Manifestantes participan en una protesta contra el Gobierno del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, este miércoles en Caracas (Venezuela)
Manifestantes participan en una protesta contra el Gobierno del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, este miércoles en Caracas (Venezuela). / EFE

Venezolanos participantes en la marcha del 23 enero comentan a cuartopoder.es que lo que más les gusta de él es que “ha llegado sin mochilas, ni cargas políticas. Limpio”. Así es porque su elección como presidente de la AN con 35 años fue casi por descarte. No había caras visibles donde elegir entre la desaparecida Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que aglutinaba a toda la oposición. Sin embargo, hay que señalar que Guaidó es el delfín de Leopoldo López, líder del partido de derechas Voluntad Popular, en arresto domiciliario desde 2017 tras pasar más de tres años en la cárcel al considerarle el régimen instigador de las protestas de 2014 donde murieron 43 personas.

Muchos de los que marcharon este miércoles por Caracas también señalaban que “ésta es la última oportunidad”. Lo que están diciendo es que no aguantarían otra decepción, fracaso y masacres como la citada de 2014 o la de 2017, cuando, entre abril y junio, fallecieron en las protestas163 personas, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS).

Llegar a los jóvenes y a los ‘barrios’

En las marchas, los que se ponen en primera fila son jóvenes y ellos también han conectado con Guaidó, un venezolano originario del estado norteño de Vargas, que estudió ingeniería en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas y realizó dos posgrados en gerencia pública, uno de ellos en la Universidad George Washington, en Washington D.C. (EE UU). Al presidente más joven de la historia parlamentaria de Venezuela le ven casi de igual a igual, sin estar atenazado por deudas políticas.

Otra idea que ha llegado a la gente, y que huye del enfrentamiento y el revanchismo, son los cabildos abiertos o asambleas vecinales, en los que Guaidó ha hablado cara a cara a la ciudadanía para conocer su malestar y saber cómo quieren salir de esta situación.

Y ha querido llegar a los ‘barrios’, las zonas más pobres de las ciudades, el equivalente a la favelas en Brasil, que también se contagiaron, por ejemplo, del levantamiento el 21 de enero de un grupo de militares, sofocado de inmediato por el Gobierno. “Si bajan los barrios, el cambio llegará más fácil. Ellos auparon a Chávez y ellos pueden echar a Maduro”, señala una joven hispano-caraqueña residente en la capital de Venezuela, quien muestra su optimismo subrayando: “¡Y es que Guaidó tiene los mismos años que yo, 35!”.

El ejército, columna vertebral del gobierno de Maduro

Me voy a permitir una licencia al hablar en primera persona y voy a contar una anécdota que viví en los intensos días de las manifestaciones opositoras de 2017 en Caracas. Un buen amigo caraqueño me dijo desde el primer día que pisé el país: “Marcha no tumba gobierno. Hasta que no hable el ejército, nada”. Y el tiempo le está dando la razón.

Cierto es que el ejército ha asumido cada vez más atribuciones y que se ha erigido en guardia pretoriana del gobierno de Maduro. Un estudio de la ONG Control Ciudadano lo demuestra: la cuota militar en el Ejecutivo fue del 25% en época del teniente coronel Hugo Chávez (1998-2013). Con Maduro, conductor de autobuses en sus orígenes y que se aupó a la presidencia señalado a dedo por el propio Chávez antes de morir, alcanzó el 43,7% en 2017 y, en estos momentos, se ubica en el 26,4%.

presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, mientras da un discurso frente a simpatizantes este miércoles a las puertas del palacio presidencial de Miraflores, en Caracas (Venezuela).
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, mientras da un discurso frente a simpatizantes este miércoles a las puertas del palacio presidencial de Miraflores, en Caracas (Venezuela). / EFE

De 32 ministros, nueve son militares y dirigen carteras como Defensa, Interior, Agricultura y Alimentación, además de la petrolera PDVSA, que aporta a las arcas públicas el 96% de sus ingresos, y el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), el mismo que el 13 de enero retuvo durante unos minutos a Guaidó en una autopista de Caracas cuando se dirigía a un cabildo del estado costero de su Vargas natal.

Después del incidente, el diputado comentó que habló de «reconciliación» a los agentes que le detuvieron y que lo liberaron a la media hora. Este hecho representa otro acierto táctico de Guaidó porque para que cualquier cambio en el país dure en el tiempo es necesario contar con los que fueron o son todavía seguidores chavistas. En esa línea ha propuesto un “plan de amnistía para todos los funcionarios, civiles y militares que desobedezcan a Maduro”.

El peligro de una guerra civil

El ministro de Defensa, Vladimir Padrino, ha cerrado filas este jueves en torno a Maduro: “Los militares no aceptamos un presidente impuesto a la sombra de oscuros intereses ni autoproclamado al margen de la ley. La FANB (Fuerza Armada Nacional Bolivariana) defiende nuestra Constitución y es garante de la soberanía nacional. Es sumamente peligroso lo que ocurrió el 23 de enero. Estamos aquí para evitar una guerra entre venezolanos”. Pero Padrino ha añadido un matiz nuevo y ha llamado “al diálogo con la oposición”.

Precisamente, el miedo y el temor de que se fracture el país y estalle una guerra civil existe, pero, como destacan en Venezuela, “por ahora, eso es imposible porque las armas sólo están de un lado”. Tampoco ven con buenos ojos una intervención militar extranjera porque consideran que “sería un fracaso como país para todos”.

Para echar algo de leña al fuego, Rusia ha anticipado “un baño de sangre” ante las injerencias extranjeras y ha hablado de Maduro como el presidente legítimo. “La dualidad de poder lleva directamente al caos, a la destrucción de las bases del Estado venezolano”, ha sentenciado el Kremlin.

El petróleo: bendición y maldición de Venezuela

Venezuela es el país con mayores reservas probadas de petróleo del mundo: 297.000 millones de barriles. Sin embargo, el crudo venezolano es extrapesado, no como el de Arabia Saudí que es ligero, y necesita un proceso de refinamiento que Venezuela no puede realizar porque no tiene la industria necesaria. Uno de sus mayores compradores, aunque sea aparentemente paradójico, son los EE UU, alrededor de un 20%, unos 500.000 barriles diarios, que le revende gran parte de lo comprado una vez ya refinado.

Hugo Chávez alcanzó el poder empujado por las promesas a las clases más bajas, que nunca habían sido escuchadas, y como resultado del hastío general contra la corrupción de los partidos políticos clásicos. Una vez como presidente viajó en la ola de la subida de los precios del petróleo que alcanzaron los 130 dólares por barril. Gracias a esos ingresos creó las Misiones y dio cobertura médica, educativa, de vivienda o asistencial a millones de personas. Pero esa época dorada del oro negro no iba a durar siempre y, lo que es peor, no se aprovechó para instalar unos sólidos cimientos que aguantaran todo ese entramado, además de arrinconar progresivamente a la empresa privada.

Hoy, el petróleo está a 60 dólares el barril, pero en años anteriores bajó hasta los 30, y la hiperinflación asfixia a los venezolanos. En 2018 sobrepasó el 1.000.000%, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

“No se encuentra de nada y lo que hay no para de subir de precio. Un trozo de queso te cuesta un sueldo mínimo y es imposible encontrar harina Pan –la harina de maíz blanco precocido con la que se hacen las tradicionales arepas-. Fui a comprar unas pastillas de jabón, las adquirí y, cuando volví a las dos horas a ver si había más, valían el triple. Esto es una locura”, comenta otra persona vecina de Caracas.

Crisis y éxodo venezolanos

Además, la escasez de medicamentos es alarmante, la dificultad de acceder a alimentos regularmente acuciante –el Observatorio Venezolano de Salud (OVS) afirma en un estudio que los venezolanos han perdido un promedio de 8 kilos durante la crisis-, y la inseguridad, diaria –Caracas es la segunda ciudad más peligrosa del mundo con 111 muertos por 100.000 habitantes, según la organización civil mexicana llamada Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal (CCSPJP)-. Todo ello ha provocado un éxodo masivo. Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, estima que 3 millones de venezolanos han abandonado el país en los últimos años.

Ante este panorama, hay que evitar simplificar y no todo puede ser sólo culpa del tan nombrado imperialismo yanqui, explicación o excusa, según se mire, a la que siempre recurre Nicolás Maduro. Quizás, también debería reflexionar sobre la responsabilidades primero del chavismo y después del madurismo, ya que gobiernan el país desde hace 20 años y  ensayar una especie de transición ¿a la española? que empiece por unas elecciones “libres y fiables”, como ha pedido la Unión Europea.

Seguramente no sea un dato a tener en cuenta, sólo es cuestión de numerología, pero Juan Guaidó nació el 28 de julio de 1983 y comparte día de cumpleaños con el fallecido Hugo Chávez. Casualidades del calendario.

Nota del autor: las declaraciones y comentarios de este artículo han sido recogidos por el autor vía telefónica, mensajería instantánea o redes sociales directamente de personas residentes en Caracas que han preferido permanecer en el anonimato