España, un país de “eurorresilentes” ante unas elecciones bajo el peligro euroescéptico

  • El Brexit o el auge de los populistas marcan los comicios

El próximo 26 de mayo, los españoles se encontrarán sobre las mesas de los colegios electorales tres urnas, las de los comicios municipales, las de los autonómicos en 12 comunidades y las de los europeos. Pese a que lo que se decide en el Parlamento Europeo acaba repercutiendo hasta en los alimentos que llegan a las neveras españolas, en los debates de las elecciones del 28 de abril esta cuestión estuvo fuera de toda discusión. Sin embargo, la posibilidad de que los partidos populistas y euroescépticos tengan mayor influencia tras el 26 de mayo o las repercusiones del Brexit hacen que estas elecciones sean decisivas.

Los españoles recordarán 2014, año de las anteriores elecciones europeas, como el momento en el que emergió uno de los fenómenos que marcarían después el panorama político nacional: el partido Podemos logró cinco escaños en el Parlamento europeo, un hito que se convertiría en el primer paso hacia el resto de cámaras del estado español. En el caso de España, no hay barrera electoral, un mínimo de votos para obtener representación, por lo que las elecciones europeas suelen ser la puerta de entrada por donde los nuevos partidos emergentes a nivel nacional pueden entrar con más facilidad que en otras cámaras. "Es la única institución que se elige por sufragio directo de los ciudadanos y de él dependen muchas políticas de la UE", explica Salvador Llaudes, investigador del Real Instituto Elcano, sobre la importancia de acudir a los comicios.

Del 23 al 26 de mayo, los ciudadanos de 28 países elegirán a los 751 eurodiputados de este órgano legislativo, de los cuales España ostenta 54. Los representantes que salgan de estas urnas, elegirán al presidente de la Comisión Europea. Es decir, al sucesor de Jean Claude Juncker.

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La política europea no levanta tantas pasiones como la nacional y eso repercute en la abstención. En 2014, este dato fue del 54,16% del total español y en 2009, del 55,10%. Por ello, la UE se esfuerza por movilizar a su enorme electorado, con campañas como Esta vez voto o lanzando webs como 'Lo que Europa hace por mí',en la que cada ciudadano puede rastrear cómo las políticas europeas influyen en su región. Más allá de la propia institución, otras entidades también hacen un esfuerzo por acercar los asuntos europeos a otros espacios, como el Centre de Documentació Europea, de la Universidad Autónoma de Barcelona.

En esta ocasión, el hecho de que haya también urnas autonómicas y municipales puede afectar a la movilización.

El voto del miedo: los euroescépticos

Durante la campaña a las generales, es muy probable que la entrada de Vox en el Congreso sacara a parte del electorado de centro y progresista de la abstención. Sin embargo, este partido de ultraderecha no tiene en su eje central el euroescepticismo, como sí sucede con algunos de sus homólogos populistas europeos. Algunos ya llevan años presentes en la Eurocámara, pero su crecimiento en el último ciclo político hacen que este año pueda ser decisivo.

Además de sacar un resultado que les permita ser más influyentes, estos partidos políticos tienen un desafío posterior: coordinarse. "El gran reto para estos partidos sería pasar de tres grupos a dos o a uno, pero va a serles muy difícil porque son formaciones donde los intereses nacionales tienen mucho peso, más allá de la intención de bloquear", explica el analista Salvador Llaudes sobre la división de estos partidos en tres grupos actuales: Europa de las Naciones y las Libertades (ENL), Conservadores y Reformistas Europeos (CRE) y Europa de la Libertad y la Democracia Directa (ELDD). El pasado abril, el ministro del Interior Matteo Salvini, planteó en Milán crear un nuevo grupo en la Eurocámara que tuviera como una de las ideas centrales devolver soberanía a los estados.

Sin embargo, el experto cree que, más allá de cuestiones abstractas, partidos como el francés Agrupación Nacional, Alternativa para Alemania (AfD), los Verdaderos Finlandeses o el polaco Ley y Justicia (PiS) tienen importantes diferencias. "Por ejemplo, sucede con el tema del acercamiento a Rusia, algunos consideran que hay que hacerlo, mientras otros, como los polacos, no", ejemplifica. También hay desavenencias sobre temas como la economía. Mientras unas formaciones son neoliberales, otras son más tolerantes a una "economía más planificada".

Un desafío para el sistema de partidos

En cualquier caso, los sondeos recopilados por la propia eurocámara apuntan a un parlamento fraccionado, donde las dos grandes formaciones tradicionales, el Partido Popular Europeo y los socialdemócratas, pierden fuerza. "En ciertos aspectos, estos partidos tenían la capacidad de dominar el debate y funcionaban bajo una lógica de gran coalición, no de confrontación. Se buscaba hacer una política más centrada y virtuosa", reflexiona Llaudes en referencia al proyecto común y los valores europeos compartidos. En cualquier caso, es probable que el presidente de la Comisión salga de estos dos grandes grupos, que seguirán siendo los mayoritarios a la espera de ver cómo se configura la eurocámara.

El analista del Real Instituto Elcano cree que si populares y socialdemócratas no logran la mayoría en el Parlamento Europeo, podrían sopesar construir una "gran coalición plus", en la que intentarían sumar a los liberales y los verdes para intentar contrarrestar el peso de los "populistas eurófobos".

Los retos

La Unión Europea influye de manera cotidiana en la vida de los más de 500 millones de ciudadanos a los que el Parlamento representa. Los nuevos representantes tendrán que abordar temas pendientes, como el de la inmigración, la seguridad, la agenda digital o cómo resituar a esta organización supranacional en la guerra comercial entre China y Estados Unidos.

El experto se detiene en dos grandes retos: la negociación del Marco Financiero Plurianual 2021-2027 y la gestión del Brexit. El primero es el presupuesto que establece, por ejemplo, los límites de gasto para los próximos años y orienta las prioridades a largo plazo. El segundo, una de los mayores incertidumbres políticas del próximo ciclo.

Al no haber ejecutado la salida de Reino Unido de la Unión Europea, estos ciudadanos también votan en las elecciones y tendrán su correspondiente representación. "Si el Reino Unido se marcha tras los comicios tendrá menos consecuencias, pero si su salida permanece en el aire y no termina de resolverse no sabemos qué puede pasar", explica el experto.

Aún así, cree que estas elecciones no se leerán por parte de los ciudadanos británicos como un segundo referéndum sobre la salida de la UE, aunque así lo venda después el euroescéptico Nigel Farage, que lidera el Partido del Brexit, y al que las encuestas le auguran un buen crecimiento. Los sondeos parecen indicar que las urnas castigarán a los conservadores de Theresa May, pero Llaudes recuerda que Farage capitalizará la desafección con la UE, mientras el voto de la alternativa está dividido.

El papel de España

Con la aparición de Podemos en 2014 y el crecimiento de Ciudadanos, el PSOE se resintió al igual que lo hicieron las formaciones homólogas de los países europeos. Pero la victoria de Pedro Sánchez en las elecciones generales ha hecho que esta formación no solo haya resistido el avance de los nuevos partidos, sino que además haya conseguido recuperarse en las elecciones de abril, pasando de los 84 diputados a los 123, aunque sin llegar al número de escaños de la época dorada del bipartidismo.

Esto hará que pueda ser uno de los partidos que más peso gane dentro de la familia socialdemócrata, pudiendo ampliar su influencia y permitiéndole negociar puestos en los órganos europeos con más comodidad tras el 26 de mayo. “España tiene que jugar un papel determinante en la futura Comisión Europea”, afirmó esta semana el presidente del Gobierno en la cumbre de Sibiu , tal y como recoge el diario El País.

Además, los expertos apuntan también a que el Brexit podría ser otra oportunidad clave, tanto dentro de la familia socialdemócrata como en la estructura general de la UE. Si los británicos acaban saliendo de las instituciones comunitarias, España podría ser un aliado importante para Alemania y Francia tras la deriva tomada por el Ejecutivo italiano.

Pese a esta circunstancia, en España las discusiones sobre la Unión Europea en el debate político suelen saldarse con apelaciones genéricas al europeísmo, sin entrar en los detalles, que se quedan en círculos más especializados. Ha habido excepciones. En 2014, en medio de la crisis económica, la política de austeridad sí generó un primer cuestionamiento (no sobre el qué, sino sobre el cómo) que se ha ido mitigando gracias a la mejora de las cifras económicas y a la flexibilización de estos postulados. "Esto no ha llevado a que la sociedad española cuestione la pertenencia a la UE. Es resilentemente europeísta porque seguimos entendiendo que Europa nos ha dado mucho y que el mundo es un lugar complicado".