La crisis demográfica, un problema sin fronteras que azota al mundo

  • Pese al aumento global, Naciones Unidas apunta que caerá el volumen de población en 90 naciones
  • La tendencia también afecta a España,donde la natalidad se ha desplomado un 29% en apenas una década

Ahora mismo somos unos 7.700 millones de personas en el mundo. En tres décadas habrá 2.000 millones más. Y para 2.100 la cifra será de casi 11.000 millones de habitantes, un 70% más de los que viven a día de hoy. Las cuentas las echa Naciones Unidas, que ya dibuja un presente sin relevo generacional en la Unión Europea, con una caída de 2,6 niños por mujer de media en 1950 a 1,6 en 2015, es decir, por debajo del 2,1 necesario para mantener la población estable.

Es más, pese al aumento global, el organismo apunta que caerá el volumen de población en 90 naciones. Sitúa estos países en Europa y Latinoamérica y pone fecha al declive: 2021 y 2058, respectivamente. De hecho habrá un vuelco de situación. El centro de investigaciones Pew Reasearch  detecta, analizando los datos de la ONU, que Sudamérica y el Caribe pasarán a ser las zonas más envejecidas en 2.100. 

Sin viajar en el tiempo, la tendencia en curso alerta en España: la natalidad se ha desplomado un 29% en apenas una década. Con estos datos en la mano parece menos de ciencia ficción la película de Los hijos de los hombres, de Alfonso Cuarón. En ella, Clive Owen acaba en una misión que (atención, spoiler) descubre es la de proteger a una refugiada embarazada. Un milagro en un mundo sin apenas niños. Esta catástrofe demográfica y su consecuente instrumentalización de la mujer la ideó Margaret Atwood, en 1985, en El cuento de la criada.

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El cambio poblacional tiene uno de sus orígenes, por razones biológicas y sociales, en otro cambio: el del papel de las mujeres. En España son madres primerizas a los 32 y cada vez tienen menos hijos. No ocurre sólo aquí: Estados Unidos, China y Japón, de distintos contextos culturales, también afrontan el reto de cómo incentivar tener más hijos en sus fronteras. 

Otro factor determinante lo perfilan en ‘The Guardian’, que consulta a varios expertos como el académico noruego Jørgen Randers y el Instituto Internacional de Análisis Aplicado de Sistemas. Estos investigadores, críticos con las proyecciones de la ONU (creen que no se alcanzarán los 11.000 millones de habitantes en 2100 sino que habrá parón antes), perfilan la urbanización como causa. Y lo argumentan así: las ciudades dan más acceso a formarse y a trabajar lo que modifica las prioridades. Son un entorno donde un hijo supone un esfuerzo económico y no una motivación como en el campo. Y hay menos exposición a la presión social de constituir una familia, siendo los amigos la red de confianza.

Si a ello añadimos que en 2007, y por primera vez en la historia, la ONU anunció que la mayoría de la humanidad vivía en ciudades, la teoría de estos expertos parece sostenerse. De hecho, en poco más de 30 años ocho de cada diez europeos vivirá en ciudades. 

La derecha capitaliza el problema demográfico

Entonces, ¿cómo es que creceremos a nivel mundial si hay un deterioro? Gracias a países como India, que tienen de dos a cuatro hijos por mujer, y al continente africano, que aportará la mitad del aumento global de aquí a 2.050, según la ONU

En España de momento la diferencia entre nacimientos y defunciones de nacionales es negativa desde 2017. Si se mantiene la población es por los migrantes,  que a 1 de enero de 2019 representan el 10,3% de 47 millones de españoles. Así lo argumenta el doctor Ramón Mahía, especializado en el impacto económico de la migración. Mahía destaca que la edad media de las españolas ronda los 45 frente a la treintena de las llegadas. Y concluye en un informe del Defensor del Pueblo que la edad fértil la concentran las foráneas (52%) frente a las nacionales (30%),

“Un país que no tuvo y no tiene los hijos suficientes decidió, quizás sin saberlo, que tendría inmigrantes”, reflexiona Josep Oliver Alonso, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Barcelona, en el informe citado antes. 

Es interesante pues detectar que los partidos de derecha se alzan como guardianes de la familia de origen nacional y alimentan la idea de que no hay sitio para todos. En Estados Unidos, por ejemplo, levantó polémica el comentario del congresista Steve King, que tuiteó “no podemos restaurar nuestra civilización en los bebés de los demás”. En Time rescatan otras frases rotundas como la de la ultraderecha Alternativa para Alemania, que lanzó una campaña con el lema “¿Nuevos alemanes? Los haremos nosotros mismos”. 

En contraposición, se intenta concienciar con campañas distendidas como el divertido anuncio ‘Hazlo por Dinamarca’, incentivando a tener sexo para ayudar al país, combinado con prácticas como el cheque bebé en España o las ayudas a familias numerosas. 

Su efectividad es dudosa y hay que recordar que España ha atravesado una crisis financiera que disparó el riesgo de pobreza y la precariedad, cuya población más vulnerable era, de hecho, los niños. Sumado a esto hay fenómenos recientes pendientes de regulación y reconocimiento, como son las madres solteras, más expuestas a la falta de una efectiva conciliación familiar.

Welcome refugees: Portugal dice sí a los migrantes

Por otro lado, volviendo a retomar la aportación de los migrantes en crecimiento demográfico, Portugal destaca por ver desde el inicio a los refugiados como valor y no una amenaza. Calculan que necesitan 75.000 migrantes al año para evitar una caída del 40% de la población activa de aquí a 2060, según la la Fundación Francisco Manuel dos Santos.

El Gobierno de izquierdas que sorprendió a todos en 2015, con el socialista Antonio Costa a la cabeza, se ha mostrado siempre dispuesto a acoger a los desamparados aunque, en la práctica, la iniciativa fracasó: dos de cada cinco refugiados se fueron a otros sitios.

Un factor en la marcha de refugiados era la difícil situación económica del país. En 2011 Portugal fue rescatado por la troika. Recibió 78.000 millones. Ahora ha conseguido atraer capital extranjero que le demanda a su vez personal cualificado. De ahí que el gobierno luso permita visas exprés a gente formada y a foráneos que den dinero al país pero, a pesar de frenar algunas partes del ‘austericidio’, la nación arrastra una deuda pública enorme y la atraviesan una oleada de huelgas de continuo. 

Otro factor en que no permanecieran los refugiados fue que Portugal, al igual que España y unido a todo lo explicado al inicio del reportaje sobre más y más gente en las ciudades, tiene un asunto por resolver: la desertificación. Denominan así a lo que en España llamamos ‘la España vacía’, esas partes del territorio con apenas población y, por tanto, con apenas infraestructura e inversión que, de nuevo, desemboca en menos habitantes. Allí ubicó a los refugiados sin preparar mejor un periodo de transición y adaptación. 

El llamado ‘milagro de Portugal’ al que mira la izquierda y los más progresistas de Europ, tiene sus sombras. Aunque es cierto que se ha logrado subir el salario mínimo, reducir la jornada laboral a 35 horas y subir las pensiones, el punto de partida es tan bajo (el sueldo mínimo en 2017 era de 557 euros) que es insuficiente. 

Mientras, a la crisis demográfica se une la migratoria: hasta 15 millones de personas viven sin nacionalidad, unas 3.000 personas fallecen al año en el Mediterráneo y algunos arriesgan la vida de sus hijos, que migran solos, con la esperanza de un futuro donde sus vidas sean posible. En concreto, en España a lo largo de 2017 hubo un 61% más de niños y menores que se jugaron la existencia para llegar.

 António Costa
El primer ministro de Portugal, António Costa, a su llegada a la cumbre de líderes de la Unión Europea (UE). EFE/ Stephanie Lecocq

A la conquista de los expulsados económicos

A la baja natalidad y la solución humanitaria y demográfica de recibir a migrantes se une la salida forzada de miles de nacionales. En Portugal calcula que medio millón de portugueses emigraron de 2011 a 2016. Para que retornen ofrecen una rebaja del 50% del IRPF. 

También en España hay iniciativas de gobiernos locales. En 2017 Euskadi anunció que subvencionaría a las empresas que contrataran a 200 personas de menos de 35 años. En total dotaba de 1,7 millones la iniciativa. Sin embargo, el intento, que repiten este año, solo tuvo siete beneficiarios hace un año. En marzo el Consejo de Ministros publicitó el Plan de Retorno a España, con hasta 24 millones y una batería de 50 medidas.

La iniciativa más reciente es la de la Xunta de Galicia, que anunció esta pasada semana más de 700 millones en ayudas para combatir la crisis demográfica con varias líneas de actuación, entre ellas al retorno de los más jóvenes. Mientras, plataformas como ‘Volvemos’ se hacen eco de las vías posibles para los españoles que quieran regresar y crean un punto de encuentro en el que compartir experiencias como el ‘duelo migratorio’ y el ‘choque cultural inverso’.

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