Louçã (Bloco): “El Gobierno portugués ha sido un éxito porque presentó una alternativa a la austeridad”

  • Hablamos con Francisco Louçã, fundador del Bloco Esquerda, sobre la situación política de Portugal y España

Cuando el lisboeta Francisco Louçã pisó La Granja (Segovia) la semana pasada, la política española miraba hacia Portugal. A la espera de que se forme un nuevo ejecutivo en Madrid, ciudadanos, analistas y periodistas se preguntan si el país vecino, donde gobierna el partido socialista con el apoyo externo de los partidos de izquierda,  tiene la fórmula para desentrañar el bloqueo.

Louçã fundó el Bloco Esquerda, partido hermano de Podemos, en 1999 y lo lideró hasta 2012. En los últimos años, esta formación se ha convertido en una pieza decisiva en la gobernabilidad del país. Estos días, el político y economista luso ha visitado la X Universidad de Verano de Anticapitalistas, que se ha celebrado del 27 de agosto al 1 de septiembre, para hablar sobre “el gobierno a la portuguesa y la experiencia del Bloco”. Tras la charla, ha reservado unos minutos para contestar las preguntas de cuartopoder.es. 

– Supongo que habrá leído estos días que en España se compara la formación del gobierno portugués con la situación española actual, ¿usted ve semejanzas?

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– Pedro Sánchez, y en alguna medida también Pablo Iglesias, ha utilizado la experiencia portuguesa como argumento político en el debate español. Yo creo que es muy natural, pero hay un peligro en la instrumentación de la experiencia de un caso tan distinto como Portugal. Sobre la circunstancia española, no quiero añadir nada porque no la conozco lo suficiente. En el caso portugués, hubo un acuerdo entre el partido socialista, minoritario en el Parlamento, y los partidos de izquierdas con un contrato escrito. No participaron en el gobierno porque no sentían que hubiera una acuerdo suficiente para llevar a cabo un trabajo común bajo la disciplina de un mismo gobierno, pero sí para llevar a cabo medidas concretas sobre la protección de salarios, las pensiones y las medidas para mejorar la situación de las clases populares y de los servicios públicos.

En algunos casos, hubo mucha tensión, por ejemplo, con la falta de inversión pública, la conducción de la respuesta a la crisis bancaria o sobre políticas europeas. Pero estos cuatro años han sido un éxito porque han presentado una alternativa a la austeridad. Espero que en España vaya mejor. Hay que crear una forma de fuerza política que en Europa no acepte la condición neoliberal y el autoritarismo que está tan desarrollado en las instituciones europeas. 

– En 2015, la lucha contra la austeridad sirvió de pegamento para que los diferentes partidos de la izquierda portuguesa facilitaran un gobierno, pero el país tiene de nuevo elecciones en octubre. Después de estos cuatro años,  ¿se repetirá la coalición?

"El PSOE quiere evitar un nuevo acuerdo con los partidos de izquierda"

– Ya veremos. Depende mucho de los resultados electorales. El partido socialista tiene como ambición política tener la mayoría absoluta. Tuvo un 32% en las elecciones de 2015 y quiere llegar al 42%. Esto quiere decir que quiere evitar un nuevo acuerdo con los partidos de izquierda. Los sondeos no son muy favorables a esta posibilidad porque la gran parte de la mayoría social no quiere una mayoría absoluta. Lo teme, cree que es peligroso porque implicaría posiciones socialmente menos abiertas a la defensa de la condición popular. 

La izquierda del Bloco aparece muy fuerte en las encuestas. Representa una política que busca un gobierno que dé una respuesta exigente a las políticas económicas y que puede suplir un nivel de compromiso con políticas públicas en salud, en educación, transporte o vivienda o en la calidad de empleo, que son importantes para una sociedad desigual como es la portuguesa. Si en 2015 se trataba de rechazar la continuidad de un gobierno de derechas y de la austeridad, ahora se trata de construir un camino de políticas consistentes en inversión, cualificación y empleo que puedan evitar la vulnerabilidad de Portugal a una crisis económica y a la presión europea. 

– Durante años se ha desatado un debate sobre si es conveniente que la izquierda se centre en la política de las identidades o en el plano económico, ¿estos dos planos están realmente en contraposición?

"La lucha popular es y siempre ha sido muy diversa"

– Ese debate es muy importante por la razón misma de la identidad de la izquierda. La izquierda debe responder a los problemas sociales y a la condición de opresión de la gente, unificando en un pueblo la capacidad de lucha y respuesta. Es importante. La derecha, sobre todo Donald Trump y Steve Bannon, utilizaron mucho este argumento de que la lucha contra el racismo y por los derechos de las mujeres impide la presencia [en el debate público] de los trabajadores pobres. Hay un contexto político e ideológico muy intenso y creo que hay que ser muy insistente en esto. La izquierda viene de los movimientos populares y de ser la representación de la clase obrera. La lucha popular es y siempre ha sido muy diversa. Es una fuerza muy importante para la izquierda el éxito de la huelga feminista en España el 8 de marzo. Es una mala suerte que Vox se concentre tanto en España en la lucha contra los derechos de las mujeres. La izquierda debe representar a toda la gente que sufre problemas económicos, sociales, de discriminación racial o con los derechos de las mujeres. Tienen una raíz común y tienen que tener una solución común para dar una respuesta consistente. 

La izquierda debe optar por la gente y por la comunidad popular y por eso debe defender las identidades que se alzan contra la opresión como defiende la lucha por el salario de todas las trabajadoras y trabajadores. La clase obrera siempre ha sido muy diversa. Es una fantasía imaginar que era un ejército unificado y que las mujeres sufragistas venían de afuera a luchar al comienzo de siglo XX por el derecho de voto. El derecho democrático y el derecho al salario son parte de la misma voluntad de construir una sociedad que respete a la gente que trabaja. 

– ¿Entonces es, en su opinión, un debate ficticio?

– Es un debate muy instrumentalizado por razones ideológicas, antifeministas, contra los migrantes… Intentar polarizar y poner a una parte de los trabajadores pobres contra la otra parte de las clases populares. Hay que responder con democracia, unificación, cooperación. Es decisivo para la vida social que se rechace la violencia contra las mujeres como es decisivo que el joven tenga un trabajo cualificado por un salario digno. Eso es parte de la misma lucha contra la desigualdad. La izquierda solo tiene sentido como unificador, como puente, con coherencia social y no como un cúmulo de provincias separadas, de gente que no se ve, no se conoce. La izquierda es unificación, un proceso común de lucha social y es una fuerza para representar una sociedad que sufre tanto con el capitalismo agresivo. 

– Usted fundó el Bloco en 1999, ¿qué balance hace de estos 20 años?

– Nació cuando en Portugal hubo un referéndum sobre el aborto y lo perdimos. Ganamos el siguiente, pero la derrota nos enseñó que había que crear fuerza en la izquierda. Es uno de los primeros partidos que se creó, más tarde nació Podemos y otros, bajo la idea de que la izquierda tiene que nacer con fuerza, unificación, capacidad de propuestas muy concretas y tener mucha relación con movimientos sociales, aprender con la lucha de la gente. Ha sido muy importante y por eso el Bloco es el tercer partido en Portugal. Veremos cuando llegue a ser el segundo. 

– ¿Ustedes tienen esa expectativa para las elecciones de octubre?

– Es cierto que en estas elecciones se prevé que el Bloco va a subir. Veremos a dónde llega. Creo que una izquierda fuerte es muy importante para Portugal porque condiciona la decisión política y es muy importante lo que pueda pasar. En cinco semanas lo sabremos. 

– Usted ha sido crítico con la Unión Europea. Me gustaría que me diera su opinión sobre el Brexit y la decisión de Reino Unido de cerrar el Parlamento.  

"El cierre del Parlamento británico es de una violencia institucional inimaginable"

– El Brexit es una aventura, que la UE ha favorecido, para arreglar problemas internos del partido conservador bajo David Cameron. De una aventura se tornó en un desastre completo. Llegar a suspender en Parlamento, algo que desde mi conocimiento no pasó durante la Segunda Guerra Mundial, es formidable. Nos decían que Orbán y Hungría era una democracia iliberal y que Inglaterra tenía la historia del Parlamento más antiguo, más tradicional y más respetado. Ahora están como en un estado de excepción. Es de una violencia institucional y antidemocrática inimaginable.No se podía anticipar, pero es una prueba de que la política autoritaria es cada vez más la regla de partes importantes de la derecha europea. 

– ¿Qué espera de la nueva legislatura de la Unión Europea?

– Tengo una expectativa muy baja. La recomposición política de la derecha, la derechización de la derecha y la incapacidad del centro, de los partidos socialistas y de Macron de responder a eso crea una inestabilidad política e institucional cada vez más acentuada.  El gobierno más poderoso [Alemania] no logró imponer en su grupo político el compromiso sobre las candidaturas de los cargos europeos que traía de Kyoto. Eso demuestra que hay una descomposición política que tiene mucho que ver con la crisis de la derecha y la globalización, la desregularización, las políticas neoliberales y de austeridad, que han creado muchas tensiones y mucha dificultad de hegemonía electoral y política por parte de las autoridades europeas. 

– Usted es economista, ¿a Europa le espera una nueva crisis económica?

– Sí, lo que no sabemos es cuándo. El capitalismo funciona por crisis. The Economist, la revista liberal británica, anunciaba la recesión para 2015, después 2018 y erró las dos veces. Ahora mucha gente comienza a señalar condiciones de crisis. Por supuesto, las hay. La economía en los últimos años funcionó siempre por burbujas: la inmobiliaria, la de los años 90 y ahora, de nuevo, una burbuja financiera. Ya veremos si es por la guerra comercial de Trump con China o es algún problema es la estructura financiera europea. El euro sigue muy frágil, como se ve con la recesión de Alemania y puede llegar a Reino Unido, Rusia, Brasil o México. Hay varios países que están al borde de la recesión y esto puede desencadenar una crisis. 

– Cuando llegó la crisis de 2012, los españoles, igual que los portugueses, sufrieron mucho. Hubo muchas promesas por parte de los poderes políticos de que se reformaría el sistema para que no volviera a tener esa debilidad ante una crisis, ¿pero los estados están hoy preparados para resistir mejor otra?

– Hay algunos cambios. En la parte de la deuda pública, está menos en los bancos comerciales y más en los centrales que en el pasado. Lo que hay que decir es que a pesar de alguna gestión política, el sistema financiero es tan frágil como siempre y, como siempre, si hay una crisis y pérdidas pedirá a los estados que le paguen y a exigir que la compensación sea la bajada de los salarios y las pensiones. Son siempre las mismas [medidas] con una agresividad social.

Al contrario de la crisis anterior, la tasa de interés es casi 0. La política monetaria ya no puede funcionar como una forma de estímulo económico. Por eso, incluso economistas muy conservadores le piden a Alemania que aumente los salarios, que baje los impuestos sobre el trabajo y haga inversión pública para aumentar la demanda y anticipar y responder mejor a una situación de recesión o de crisis. Pero el poder financiero es muy fuerte. No le interesa el aumento de los salarios, sino garantizar sus rentas. Por eso, hay tanta presión de una parte de capital, en torno a Trump y a su gente. Hay un riesgo muy importante de que la respuesta a una recesión sea más desigualdad y más agresiva.