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ENTREVISTA CON LA CONCEJALA DE CASTELLAR DEL VALLÉS E IMPULSORA DE LA CONFLUENCIA CATALANA

Elisenda Alamany: “No entendería que Podem no estuviera en el espacio de los comunes”

SATO DíAZ | Publicado: - Actualizado: 20/3/2017 12:54

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Elisenda Alamany, en el acto de presentación de Un País En Comú. / Joana Bregolat

BARCELONA- La deriva política y judicial en Cataluña parece orientar los acontecimientos hacia un nuevo proceso electoral, bien sea autonómico, bien constituyente. Ante esta situación, la izquierda partidaria de un referéndum (ICV, EUiA, Barcelona En Comú, Podem y Equo) se afana en construir un nuevo sujeto político hasta ahora conocido como Un País En Comú, aunque este no sea su nombre definitivo. La asamblea constituyente será el 8 de abril. Durante las últimas semanas se han celebrado multitud de encuentros en toda Cataluña para perfilar sus documentos políticos.

Pero la polémica está servida y el proyecto se tambalea tal y como había sido concebido en un principio. La dirección de Podem, encabezada por Albano Dante Fachin, ha convocado una consulta a los inscritos en el partido de Pablo Iglesias en Cataluña para decidir si se integran en la confluencia con las actuales condiciones o no. El día 20 se conocerán los resultados de la votación. En este contexto, cuartopoder.es charla con Elisenda Alamany (Barcelona, 1983), una persona clave en la redacción de la ponencia política y en el proceso participativo desarrollado hasta ahora por Un País En Comú. Alamany se perfila como una figura principal para Xavier Doménech en el nuevo espacio político. El portavoz de En Comú Podem en el Congreso de los Diputados y líder de consenso de esta confluencia tiene plena confianza en ella. Titulada en Filología Catalana, Alamany ha ejercido la docencia en institutos y en la Universidad Pompeu Fabra. Políticamente proviene del entorno cercano a la CUP, anticapitalista e independentista. En 2005 participó en la creación de la candidatura municipalista Una Altra Veu, en Castellar del Vallès.

— Esta semana conocíamos la inhabilitación de Artur Mas por parte del TSJC. ¿Puede esta decisión judicial dar alas o alentar más al proceso independentista?

“La inhabilitación de Mas responde a la debilidad de la ‘Operación Diálogo’ del Partido Popular”

— Creo que no es una ecuación de causa y reacción. Se tienen que separar varios conceptos. Desde nuestro espacio, estamos en contra de la judicialización de la política y creemos que la otra cara de la moneda es una recentralización por parte del Estado. Hay una aceleración judicial de los casos que tienen que ver con el conflicto catalán que deberían solucionarse por la vía política. Creo que lo que quiere la gente, y lo hemos visto en los talleres participativos que hemos llevado a cabo, son políticas que den respuesta a sus necesidades emergentes. Más allá del debate nacional, que es importante tenerlo, hay otras muchas cuestiones que se escapan de las coordenadas de independencia sí o no y queremos ponerlas sobre la mesa. La inhabilitación responde a la debilidad del Estado español en la conocida Operación Diálogo del PP y creemos que es una pena que no se vaya tan rápido en los casos de corrupción como el Pretoria, el Palau o el 3%.

— Me refiero a si con esta inhabilitación se genera una figura de mártir y víctima en torno a Mas que pueda alentar al independentismo.

— No creo que la inhabilitación de Mas vaya a hacer subir el independentismo con respecto al 27S. Que hagan de Mas un mártir no creo que vaya a hacer resurgir el PDeCat o un nuevo sentimiento independentista mayor que el que existe ahora mismo.

— Los casos de corrupción acorralan a la antigua CDC. ¿Cómo pueden afectar al PDeCat, su partido sucesor?

— El PDeCat ahora mismo está huérfano de liderazgos. Nosotros salimos a ganar la alternativa de país. Tenemos que dejar atrás el hecho que CDC haya manejado a través de la cultura, sobre todo, el país como si fuera su propio cortijo. Durante mucho tiempo ha habido una confusión entre lo que era ese partido y el gobierno. Nosotros queremos transparencia como la que lleva a cabo el Ayuntamiento de Barcelona y participación y fiscalización de la ciudadanía en estos casos de corrupción.

— Desde el principio, el proyecto de Un País en Comú pretender disputar la actual “hegemonía convergente”. ¿Cómo se manifiesta esta “hegemonía convergente”? ¿Qué implicaciones políticas tiene?

— No creo que sea una cosa que se asocie sólo a un partido, sino a un estado de opinión conservador no sólo aplicable a CDC, pues ERC se sitúa también en ese centro intentando ganar unas futuras elecciones. Durante mucho tiempo se han desarrollado políticas conservadores y ahora neoliberales: Jordi Pujol se apoyaba más en el catolicismo, mientras que Artur Mas es más neoliberal. Esas políticas han marcado el día a día de nuestra generación. Aún somos esclavos de esas políticas. Un ejemplo son los presupuestos que no van a revertir los recortes que hicieron desde el 2010.  Nos situamos en una consolidación de 2.300 millones en recortes desde el 2010. En Educación no superamos los 600 millones respecto al 2010, en Sanidad los 1.000 millones. Seguimos siendo esclavos de ese ideario de las políticas neoliberales que ha hecho CDC tradicionalmente y que parece que ERC quiere seguir perpetuando.

— Las encuestas dicen que ERC será el partido más votado en unas próximas elecciones catalanas. ¿Pasamos de una hegemonía convergente a una de ERC?

“ERC tenía la oportunidad de aplicar políticas de izquierdas, pero
no lo ha hecho”

— No tenemos que hablar tanto de partidos. En JxSi lo que marca la economía son las políticas que surgen de un ideario neoliberal que no se enfrenta al sistema capitalista. El que ahora lo vaya a protagonizar ERC… lo veremos con los resultados en la mano. Puede ser que ERC saque partido de esta alianza con CDC, es una realidad que las encuestas muestran y con la que ellos se sienten cómodos. ERC en los presupuestos tuvo presión de la CUP, pero también de los movimientos sociales y sindicatos para poder negociar y gravar a las grandes fortunas con Sucesiones, Patrimonio y no lo ha hecho, porque ha optado por una posición cómoda. ERC tenía la oportunidad de hacer políticas de izquierdas y no lo ha hecho, porque está esperando a unos comicios futuros.

— Se entiende que ERC será su principal adversario en el medio plazo…

— Yo no hablaría todavía de adversarios. Vamos a esperar a configurar el nuevo espacio político, estamos haciendo el recorrido que queremos sin prisas y cuando llegue el momento pensaremos más en alianzas que en adversarios.

— En este sentido, más adelante, ERC puede ser un aliado para la construcción de una república catalana desde una perspectiva progresista.

— Vamos a ver cómo se sitúa ERC en esas supuestas políticas progresistas. Luego hablaremos de programas políticos y a ver con quién nos podemos llevar bien en el camino.

— Ustedes se definen como “soberanistas” y hablan de “soberanías compartidas”. ¿Puede explicar estos conceptos?

— Cuando hablamos de soberanismo hablamos de no relegar una soberanía a la otra, ni la ecológica, alimentaria, tecnológica… Durante mucho tiempo se ha hablado de liberación nacional, pero ¿qué pasa con lo otro, lo social, que marca el día a día de la gente? Cuando hablamos de soberanía, hablamos de que somos conscientes de que hay un sector de la población que quiere la independencia, pero tenemos el profundo convencimiento de que esa independencia, a la que se ha sumado mucha más gente, es una oportunidad para generar cambios. En el momento en el que esa independencia ha dejado de ser la puerta abierta para generar ese tipo de políticas transformadoras que echábamos de menos y pensábamos que se podían llevar a cabo a través de ese camino, cuando esto se quiebra, hay mucha gente que deja de interesarse en la independencia. Ahí es donde encontramos nosotros el consenso. Tanto con la gente que quiere la independencia como con la que no la quiere, estamos de acuerdo en que hay una serie de políticas públicas que llevar a cabo y que de la mano de la derecha o de la izquierda light no van a ser posibles. El tamaño y la magnitud de la tragedia es bastante grande.

Vamos a ponernos de acuerdo en qué tipos de políticas de vivienda, transparencia, de abajo a arriba… El referéndum, si se llega a hacer, que esperemos que sí, será un día más, no es una finalidad en sí mismo ni nos va a decir qué tipo de país queremos ser. Es un día más para elegir qué tipo de camino vamos a coger. No define ningún modelo de estado, es un gesto democrático de mínimos para decir qué y hacia dónde. La soberanía se construye cada día, no sólo el día del referéndum. Tenemos que actuar ya como si aquellos que quieren la independencia la tuvieran en sus manos.

Alamany, en una imagen de archivo. / J.B.

— ¿Cuál sería un referéndum válido para Un País En Comú? ¿Unilateral, pactado, con reconocimientos…?

— Hay diferentes criterios por los cuales el referéndum no tendría que volver a ser un 9N. Que sea efectivo, que tenga un reconocimiento internacional y unas garantías mínimas y que pueda interpelar a la gran mayoría de la sociedad. Si es unilateral, pero es capaz de interpelar a la mayoría de este país, tanto a los que van a votar que sí como a los que votarán que no, lo apoyaremos. Aún no sabemos qué referéndum van a plantear. Si hay elementos de desobediencia pero son legítimos y es el referéndum que se merece Cataluña para que pueda decidir, vamos a apoyar el referéndum. Si no, tampoco se me pasa por la cabeza que nos pongamos en contra del referéndum. No queremos un referéndum que nos diga que nos quedamos en la misma situación, queremos que nos dé más información de qué quiere la ciudadanía de Cataluña. Para repetir el 9N, no lo apoyaremos, pero no estaremos en contra.

— Podemos es su aliado en el resto del Estado, también para el asunto concreto del referéndum. Ahora mismo, no es seguro que Podem, la matriz catalana de Podemos, forme parte de esta confluencia. ¿Cómo pueden seguir siendo aliados de Podemos si no forma parte de la confluencia?

— Yo de entrada no avanzaría tanto. Tengo la confianza de que Podem formará parte de este proyecto, de esta confluencia. No nos explicamos que una herramienta tan útil como Podemos no esté en este espacio. Apuesto porque van a estar tal y como han estado a lo largo de todo el proceso. De lo que habla Podem es de cosas que ya han sido concebidas, como el voto telemático, las listas abiertas y un código ético que se aprobará el 8 de abril. Con estos elementos no veo por qué Podem no va a participar en este espacio. Han participado en todos los talleres y vamos a generar un espacio que sea más que la suma de las distintas partes, el objetivo es hacer algo más grande. No entendería que Podem no estuviera en este espacio.

— De momento, la dirección apuesta por no entrar con las actuales condiciones.

— Eso lo desconozco, no sé si está haciendo campaña o no. Sé que Albano Dante Fachin ha dado la posibilidad de decidir si se van a sumar o no. Apuesto porque van a estar, también tienen la posibilidad de presentar otra lista alternativa, desde el 21 al 25 de marzo. Yo destacaría la generosidad que ha habido por todo el mundo a lo largo de todo el proceso, y espero que prevalezca.

— Quieren que sus inscritos voten desde su propia web, no desde la web de Un País En Comú

— En el aspecto más técnico, quieren que se pueda votar directamente desde su web o que se volcara todo el censo a la web de Un País En Comú. Eso, la Ley de Protección de Datos no lo permite. De la otra manera, votando desde webs distintas, se podrían duplicar vocaciones y sería peor el remedio que la enfermedad. Por otra parte, nos parece lógico que si vamos a crear una cosa común, salgan las votaciones de la misma plataforma.

— La dirigente de Barcelona En Comú, Susana Segovia, hacía referencia a que Fachin teme dejar de ser secretario general de Podem para pasar a ser un dirigente más del nuevo sujeto político. ¿Se van a suprimir los partidos integrantes de esta confluencia?

“La nueva política nos enseña que el tema de los cargos, como seguramente explicitará el código ético, es una etapa superada”

— No sé cuál va a ser el camino que tomará cada partido. Me parecería bien que cada partido siguiera con su actividad social. Todas las partes hemos hecho un esfuerzo para compartir el espacio y generar una herramienta potente y creo que la lógica de la nueva política nos enseña que el tema de los cargos, como seguramente explicitará el código ético, es una etapa superada. Eso, viniendo de Podem, que es la bandera de la política regeneradora, no creo que vaya a suceder. Me gustaría pensar que no se debe a un afán de protagonismo por parte de Albano Dante, creo que eso no es así.

— Usted ha sido parte activa del proceso participativo en asambleas territoriales y sectoriales para elaborar los documentos políticos. ¿Cómo valora este proceso?

— El proceso constituyente institucional en Cataluña esté bloqueado, el social tiene que seguir su curso. Tenemos el proceso institucional que se mueve en una lógica parlamentaria que a mí me parece aborrecible, y luego el proceso social que nació de una voluntad de regeneración democrática, a parte de que un sector importante quiere la independencia. Desde Un País En Comú se ha creado un propio proceso constituyente, con seis ejes. Por la experiencia que he visto en los talleres, se ha roto la disciplina de partidos. Han habido debates plácidos y no tan plácidos, pero siempre con el respeto conjunto y el sentido de que compartíamos unan herramienta más poderosa que los proyectos de los que veníamos por separado. También es verdad que he visto implicada más gente mayor, pero un perfil de gente que no estaba en partidos ni politizada. Eso es importante, porque nos da una visión más amplia de la visión que teníamos. Hay gente que tiene un lenguaje muy hecho y otra menos politizada. Hemos fomentado la decisión desde el territorio, desde abajo hacia arriba y desde distintos prismas.

— Usted entró en política a través del municipalismo. Las victorias de la izquierda en el último ciclo político han venido, precisamente, desde los municipios. ¿Qué papel tiene el municipalismo en este nuevo espacio político?

— Los municipios van más avanzados, luego se proyecta a nivel nacional. El municipalismo nos ha enseñado cómo se hace política intentando incluir muchas diversidades. A parte de esto, creo que la aspiración de este espacio va más allá del terreno nacional. Cuando lleguen los comicios del 2019 ofreceremos la posibilidad de estar en los municipios, no vemos la posibilidad que el cambio no arraigue en todas las poblaciones. Siempre, con el respeto absoluto a todas aquellas candidaturas alternativas que hace décadas que están trabajando. El municipalismo no ha salido desde hace dos días, desde las primeras experiencias democráticas hay gente trabajando y esto desemboca en las grandes victorias de las candidaturas del cambio. Esto nos ayuda a la difícil tarea de incluir diversidades. No sólo queremos estar en el terreno nacional sino también en las elecciones del 2019, en las municipales.

— Usted ha pasado de entornos próximos a la CUP a ser una pieza importante en la creación de esta nueva confluencia. ¿A qué se debe ese viraje ideológico y político?

“Tenemos vocación de mayoría, esta es nuestra principal diferencia con
respecto a la CUP”

— Orgánicamente nunca he estado en la CUP. Cuando empecé en Castellar del Vallès , participé en una candidatura alternativa que no quiso hacer candidatura conjunta con el resto de candidaturas alternativas del Vallès para evitar injerencias externas. Cuando surgió la CUP, con las posibilidades de entrar en el Parlament y Consell Comarcal, se nos animó a sumar esfuerzos para tener más representación en el Consell Comarcal y hacer oír nuestra voz de manera más potente sobre cómo se distribuía el dinero en la comarca. La CUP es un espacio con el compartimos muchos elementos de radicalidad democrática, pero en el momento actual hay una oportunidad de cambio. Cabe decidir si ese cambio lo van a liderar las derechas, la ultraderecha, como parece que ocurre en muchas partes del mundo, o las fuerzas de izquierdas. Si lo van a liderar las izquierdas hacen falta candidaturas amplias. Es una visión política, pero también estratégica. Los proyectos políticos amplios, con políticas que la gente pueda incorporar en su realidad más cotidiana, son aquellos que pueden cubrir cuantos más espectros posibles mejor.

Un País En Comú refleja bastante esta política de alianzas con vocación de mayorías, que es la principal diferencia que existe con la CUP. No queremos una izquierda encantada de haberse conocido a sí misma, queremos una política de izquierdas que sea capaz de liderar cambios y asumir contradicciones si se da el caso. Cuanto más cerca estás del cambio, más contradicciones has de asumir. Aceptamos el reto y queremos liderar la alternativa a la hegemonía convergente. Tenemos que interpelar a la sociedad catalana, tenemos vocación de mayoría, y esta es nuestra principal diferencia respecto a la CUP, con todo el respeto y admiración a las políticas desarrolladas, pues han sido compañeros de viaje.

— La CUP se define como anticapitalista. ¿Cómo se define este nuevo sujeto político con respecto a lo económico? ¿Anticapitalista? ¿Socialdemócrata?

— En los documentos, que no son un programa político sino un ideario, dejamos claro que queremos superar la socialdemocracia. Estamos en contra de lo que ha generado el capitalismo y neoloberalismo, creemos en el papel que ha de tener la institución para afectar al mercado laboral, a la vivienda…

— Usted proviene de entornos independentistas. ¿Sigue, desde este nuevo espacio político, soñando con una independencia catalana?

— Soy independentista. Es importante decirlo, porque dentro de este espacio hay muchos más.  Este espacio es una nueva herramienta esencial, porque en el esquema de coordenadas de independencia sí o no, no sólo se ha polarizado el debate, también se ha simplificado. Parece una quimera poder hablar de otras cosas que no sea el situarnos en un lado o en otro. A los independentistas que queremos hablar del modelo de país que queremos no se nos permite hablar de independencia como una posibilidad de regeneración democrática o transformación social. Si no se nos permite hablar de esto, no nos interesa este proyecto para Cataluña. El único partido que está hablando de representar a toda la sociedad catalana, a los que van a decidir que sí y los que no, es este espacio. Me siento muy cómoda de estar en este espacio porque nos aproxima a lo que llevamos haciendo desde el municipalismo, al margen de ser independentista o no. La clave es constuir la república barrio a barrio, con independentistas, federalistas o confederalistas. Hay mucha gente que pide ya dejar de hablar del procesismo y empezar a hablar de lo que nos preocupa, la pobreza, la vivienda, el paro juvenil…

— El debate de la confluencia de las izquierdas también se sigue dando en el resto del Estado. ¿Cree que se deben fraguar alianzas, como en Cataluña, entre Podemos, IU y otras izquierdas para generar un único sujeto político?

— Es un movimiento que no tiene prisas, ni fechas, y que ha puesto por delante la capacidad de diálogo entre diversos actores. Es fundamental empezar a reconocerse con la gente que ha ido de la mano en manifestaciones y luchas sociales. Eso se tiene que trasladar al resto del estado.

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