MEMORIA SELECTIVA

27 de enero de 1994: así fue la última huelga general contra Felipe González

  • La reforma laboral aprobada por el Gobierno socialista fue el motivo de la convocatoria de UGT y CCOO a la que se sumaron otros sindicatos
  • "Se generó mucha animadversión a los sindicatos. Fue una huelga más dura que la de 1988", recuerda Antonio Gutiérrez, secretario general de CCOO en aquella fecha
  • “Hay un dato que se olvida. La huelga de 1994 tuvo más movilización en número de trabajadores que pararon que la de 1988”, señala el historiador Sergio Gálvez

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Hace ya casi 9 años que no se convoca una huelga general de trabajadores y trabajadoras en nuestro país. Pero hubo un tiempo en que esa distancia entre huelgas fue mucho menor. Desde el año 1985 al 1994 se convocaron 4 huelgas generales de 24 horas (85, 88, 92 y 94). Todas ellas bajo Gobierno del PSOE de Felipe González. En la memoria colectiva destaca sobremanera la jornada del 14 de diciembre de 1988, una huelga calificada de histórica por la paralización del país y acciones tan simbólicas como el fundido a negro en TVE. Pero en datos generales, la huelga general de 1994, la última contra González, tuvo más seguimiento. Fue el 27 de enero y hoy se cumplen 27 años.

Nos vamos, primero, un poco más atrás en el tiempo. 6 de Junio de 1993. Felipe González se presenta a sus cuartas elecciones generales como candidato a la Presidencia del Gobierno. Ganaría por cuarta vez, pero en aquel momento perdió la mayoría absoluta y tuvo que pactar con PNV y CiU para ser investido presidente.

Ese contexto es algo que hay que destacar, según señala a cuartopoder Antonio Gutiérrez, por aquel entonces secretario general de CC.OO. “Se abrió la posibilidad de un Gobierno de coalición entre PSOE e IU, aposté mucho por esta opción y así lo comenté con González y Anguita pero fue un fracaso absoluto porque ninguno quiso”, afirma. Gutiérrez comenta que le dijo en varias ocasiones a González que se equivocaba al pactar con el partido catalán y que se iban a degradar aún más las políticas de empleo.

“Se inicia muy poco después la puesta en marcha de una nueva reforma laboral”, recuerda Gutiérrez. Antes, añade, el Gobierno desplegó un paquete de medidas con recortes para reducir el déficit. Se tocaron las pensiones o las prestaciones por desempleo. Se iniciaron las negociaciones por la reforma laboral, con Pedro Solbes como coordinador del Gobierno en ellas. Por los sindicatos mayoritarios acudían a las reuniones el propio Gutiérrez, por parte de CCOO, y Nicolás Redondo, secretario general en aquellos momentos de UGT.

Continúa su relato el ex-líder de CCOO: “Solbes me llamó un día y me dijo que había salido de un Consejo de Ministros y que no podíamos seguir negociando. Jamás me contó las razones y jamás le pedí explicaciones. Se abrió un periodo en el que la reforma laboral fue al Consejo Económico Social (CES). Hicimos desde CCOO una docena de enmiendas, para ver si usando otro escenario se podía paliar aquella agresión”. En este punto, Gutiérrez destaca la coincidencia con otro suceso que es importante señalar. El escándalo de la PSV que estalló en UGT. “Hablando con Redondo vi que no quería negociar, acuerdos ni huelgas. Yo le dije que o había acuerdo o había rifirrafe total”, apunta.

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Manifestación durante la jornada de huelga. / Efe

Según recuerda Gutiérrez, estando en las negociaciones de trámite en el CES, Felipe González mandó un fax donde venía a decir que lo que no se había negociado con él, no se negociaba con nadie. Abortó esa posibilidad de negociar por un ataque de soberbia”, señala. La intención de Gutiérrez era convocar la huelga el 21 de diciembre, antes de que se aprobara en el Parlamento la reforma laboral. Fue entonces, según narra Gutiérrez, cuando hubo una filtración con esas intenciones, todavía no apalabradas con UGT. “Corroboré que salía del otro sector de CCOO, no me quedó opción que asumir la responsabilidad, retiré la fecha del 21 de diciembre tras hablar con Redondo y fijamos el 27 de enero”. Ocurrió entonces que enero se habilitó para sesiones parlamentarias y la reforma laboral se aprobó en el Congreso poco antes de la convocatoria sindical con el apoyo de la derecha parlamentaria.

Huelga masiva pero con menos impacto y más agresividad contra los sindicatos

Llegamos ya al 27 de enero de 1994. “Hay un dato que se olvida. La huelga de 1994 tuvo todavía más movilización en número de trabajadores que pararon que la del año 1988”, explica por su parte Sergio Gálvez, doctor en Historia Contemporánea y autor del libro La gran huelga general, sobre aquel acontecimiento del 14-D. Esto se debe, en primer lugar, al cabreo de los trabajadores después de 12 años de reformas constantes contra los derechos de los trabajadores, reformas laborales o los planes económicos. Y luego porque los sindicatos habían generado una auténtica escuela a la hora de convocar una huelga y llevar a cabo toda la preparación. Eso es un éxito sindical sin ningún tipo de dudas. A pesar de todas las circunstancias negativas, de esa política agresiva, los trabajadores se echaron a la calle ante lo que se venía encima”, añade.

Para Gutiérrez, la huelga del 94 está infravalorada. “En el 14-D se admitieron 8 millones de trabajadores que la habían ejercido y en 1994 la cifra de lo que fue estrictamente paro laboral fue algo superior. Pero fue más a cara de perro, con mucha menos proyección social y que generó mucha animadversión a los sindicatos. Fue una huelga más dura en ese sentido”, comenta.

Nicolás Redondo la califica de “éxito indiscutible”, según se puede leer en el libro Memoria Política, de Jorge M.Reverte. Destacaba Redondo el grado de unidad de CCOO y UGT o la multitud de adhesiones de la parte más activa de la sociedad. Y añade: “Era evidente que los sindicatos estaban bien acompañados, como nunca lo estuvieron. Y, como nunca, fueron atacados. Sufrimos una desaforada campaña contra la huelga: TVE, prensa, derecha política, derecha económica, CEOE, Gobierno...Nunca los sindicatos habían sufrido tantos ataques por algo perfectamente constitucional. Trataron de comparar este paro con el del 14-D para así infravalorar la dimensión que este había adquirido”.

“González indiferente ante la huelga general: no cambiará su política económica”, tituló el diario ABC la mañana siguiente al 27 de enero. Antón Saracíbar era en 1994 el secretario de organización de UGT. No se equivocó el diario conservador, al menos según su testimonio: “El movimiento sindical ha ido asumiendo a lo largo de la historia que no fuimos capaces de cambiar la política económica del Gobierno y la proliferación de la precariedad en el mercado de trabajo. Esto todavía se sigue produciendo, uno de los problemas fundamentales sigue siendo la precariedad en nuestro mercado de trabajo, esto no lo hemos conseguido”, comenta a este medio.

Según Saracíbar, todas las huelgas hasta esa fecha tuvieron que ver con un hecho constatable: los sindicatos se sintieron incomprendidos. “Algunos incluso hablaban de traición, al no ser correspondidos por un Gobierno socialista”, destaca. “Se comprobó que en el Gobierno seguía predominando un enfoque neoliberal y unas propuestas que chocaban sistemáticamente con las reivindicaciones sindicales. Hay que recordar los continuos llamamiento a la moderación salarial, el abuso sistemático de la contratación temporal sin causas que lo justificaran, el desplome de las prestaciones por desempleo, la reforma de la seguridad social encaminada a recortar las pensiones, los recortes en retribuciones de empleados públicos y las contrarreformas laborales entre las que se incluye la de enero de 1994”, explica.

El ex-dirigente de UGT destaca que esas medidas impopulares preocupaban a los dirigentes sindicales, “pero sobre todo el tono con los que eran tratados en las altas esferas del Gobierno”. “La visión era que éramos organizaciones opuestas al progreso, o grupos de presión en defensa de intereses corporativos a los que había que quitar influencia. Se llegó a plantear por algunos una socialdemocracia sin sindicatos, como si esto fuera posible. Todo ello unido a un discurso sobre el fin de la clase trabajadora en un mundo post-industrial. Por aquel entonces se defendía que las clases medias profesionales deberían abandonar la alianza con la clase obrera”, apunta. Sobre la movilización de 1994, destaca Saracíbar que se realizó por “el empleo y la solidaridad”.Se refería sobre todo a los desempleados, a los trabajadores públicos, a los pensionistas y a los jóvenes”.

A aquella huelga también se sumaron otros sindicatos más minoritarios. Entre ellos, la Unión Sindical Obrera (USO). Julio Salazar, ex-secretario general, destaca que la huelga de 1988 no se puede comparar con ninguna. “El Gobierno de Felipe González aplicó políticas que, bajo el eufemismo de crear empleo, desarrolló reformas laborales que lo que conllevaban era más pérdida del valor y el protagonismo social del trabajo. Se produjo una desregulación del mercado laboral, recorte de prestaciones sociales y de pérdida de poder adquisitivo”.

“La huelga del 88 ya conllevaba una reforma laboral por un contrato basura. Y esta también llevaba contratos de aprendizaje, se empezaron por los contratos por horas o a tiempo parcial al dar entrada a las Empresas de Trabajo Temporal (ETTs). Eran este tipo de políticas que bajo el manto del socialismo significaba estar todos los días de copas y oros con los empresarios y de bastos y espadas con los trabajadores,” añade Salazar.

Las ETTs ya venían funcionando desde los años 90 pero no estaban reguladas, nos recuerda Gálvez por su parte. Sobre la reforma, no obstante, destaca más otras dos patas: los ya mencionados “contratos basura” y el derribo de “la última puerta defensiva que tenían los sindicatos frente a esa oleada neoliberal”. Es decir, el despido. “Se había flexibilizado la entrada, se estaba flexibilizando la permanencia pero la última barrera defensiva que cae es permitir y abaratar el despido libre. De ahí viene la reacción de los sindicatos”, añade.

¿Y después de la huelga? Negociaciones colectivas y críticas a la estrategia

Acaba la huelga, ¿qué hicieron los sindicatos?González dijo que si queríamos negociar sería en el Parlamento, vimos que no había que entrar en el juego de enfrentarse a esa cámara. Y nos centramos en los tres asuntos gordos: el poder adquisitivo de las pensiones, las prestaciones por desempleo y algunas materias laborales. Cambiaban las causas objetivas que facilitaban el despido. Estaba luego una reencarnación del Plan de Empleo Juvenil que nos cargamos el 14-D, que era como un contrato de aprendizaje, un periodo de prueba muy amplio con salarios bajos”, destaca.

Manifestante en la huelga de 1994. / Fundación Largo Caballero

Estas cosas vamos a combatirlas en la negociación colectiva”, recuerda Gutiérrez que se decidió en aquellos momentos. “En ese contexto, con la UGT destrozada, pensamos que lo más inteligente era volcarnos en la negociación colectiva. Conseguimos, desde el punto de vista del resultado sindical, algo alentador”, añade. Entre esos logros destaca que en el sector de la construcción se asumió en el convenio reducir las pretensiones salariales a cambio de cargarse el contrato de aprendizaje. “Eso se extendió a muchos sectores. Esos contratos los conseguimos paliar bastante en la negociación colectiva”, afirma.

También pone en valor Gutiérrez la consecución posterior del primer convenio general de las ETTs y algunos acuerdos más entre los que destaca el derecho a negociación salarial de los trabajadores públicos.Es tan importante ese acuerdo que nos permitió, cuando llegó Aznar, ganar un recurso contencioso-administrativo contra el Gobierno”, recuerda. “Como habíamos ganado el derecho a la negociación en 1994, agarrándonos a eso, les ganamos porque ellos directamente se negaron a negociar”. A final del año, destaca el ex-líder sindical, consiguieron recuperar el poder adquisitivo de las pensiones. Otro acuerdo muy importante para Gutiérrez fue el cambio al nuevo subsidio agrario.

No todo el movimiento sindical compartió esa estrategia. Para Agustín Moreno, dirigente entonces del llamado sector crítico de CCOO, muy unido a Marcelino Camacho y colaborador de este medio, el año 1994 supuso un “golpe de timón” en el sindicato. Una visión que dos años después provocaría la ruptura en el sindicato y la salida de Camacho. CCOO pasó de un sindicato movilizador a dedicarse a la defensiva. Fue un gran giro de estrategia para echarse en manos de la concertación social”, afirma.

Moreno recuerda que hubo mucho debate interno y que mucha gente en el sindicato, incluido el secretario general, no quería realmente ir a la huelga. Pero las posiciones mayoritarias en el movimiento sindical allanaron el camino.

Para Moreno, aquello supuso un antes y un después. Así lo escribía en 2008 en un artículo para la revista Papeles de la FIM: “El éxito de la huelga fue claro, pero no se dio continuidad a la lucha por cierta complicidad con el PSOE del sector renuente a la huelga y por la apuesta que se realizó por un giro hacia la moderación sindical (…) La errónea consigna sindical de dar continuidad a la huelga sindical y combatir la reforma de 1994 solo a través de la negociación colectiva proporcionó un balón de oxígeno a un Gobierno débil. La estrategia de derivar toda la lucha a los convenios transformará la fuerza del movimiento sindical en impotencia”. Además, considera que aquel cambio de estrategia sindical repercutió de manera directa en el retroceso de la izquierda política, e referencia a los resultados electorales de IU desde ese año en adelante.

La siguiente huelga general no llegaría hasta el 20 de junio de 2002. Gobernaba el PP de José María Aznar. José María Fidalgo lideraba CCOO y Cándido Méndez a la UGT. Pero eso ya es otro capítulo de la historia.

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1 Comment
  1. Magdalena Más says

    * Millenial Reminder: La legalización de las ETT en España llegó de la mano del P$0€ – *IMPORTANTE*

    En mayo de 1994, con el Gobierno ‘socialista’ de Felipe González, llegó la legalización de las Empresas de Trabajo Temporal.
    La primera en llegar a nuestro país fue la multinacional suiza ADIA. Tiempo después, se fusionó con ECCO, llegando a crear lo que a día de hoy se conoce como ADECCO y desapareciendo definitivamente ADIA.
    Aunque cada vez son más las ETT, es cierto que ADECCO, Randstad o Manpower, son las que abarcan mayor cuota de mercado humano de fuerza laboral en venta.

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