Morricone no tiene precio

DAVID TORRES | Publicado:

Ennio Morricone, en una imagen de 2013.
Ennio Morricone, en una imagen de 2013. / Gonzalo Tello (Wikipedia)

En la historia de la música para cine hay un antes y un después de la banda sonora de 2001: una odisea del espacio, una película que rompió muchas barreras incluyendo la del sonido. Stanley Kubrick renunció a la partitura que firmó Alex North (y que Jerry Goldsmith acabaría dirigiendo en 1993 para el sello Sarabande al frente de la National Philharmonic Orchestra) y prefirió obras de Ligeti, de Khachaturian, El Danubio Azul de Johann Strauss y la fastuosa obertura de Así habló Zaratustra de Richard Strauss para poblar el cosmos. Desde entonces no abandonó esa práctica, ni en La naranja mecánica, ni en Barry Lyndon, ni en El resplandor ni en Eyes Wide Shut, películas todas donde -salvo algunas músicas originales más o menos esporádicas- utilizó arreglos orquestales de compositores clásicos, baladas tradicionales y canciones rock. La única vez que llamó a un compositor para encargarle una banda sonora a la antigua usanza fue a Ennio Morricone, cuyo trabajo en Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha, de Elio Petri, le había impresionado enormemente. Por desgracia, no se pusieron de acuerdo, porque Kubrick no quería salir de Londres y Morricone estaba atrincherado en Roma, enfrascado en la composición de Giú la testa, de Sergio Leone. Así nos quedamos sin saber cómo habría sonado La naranja mecánica en la cabeza privilegiada de Ennio Morricone. Leer más …

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