En busca de Sibelius (y II)

DAVID TORRES | Publicado:

Sibelius
El compositor Jean Sibelius junto a dos de sus hijas. / Youtube

Una vez superados sus problemas de salud, Sibelius se volcó en la composición de una nueva obra que le llevaría varios años de trabajo y en la que plasmaría su amor por la vida y su pasión por la naturaleza. El resultado, la Quinta Sinfonía en Mi Bemol Mayor, Op. 82, es una partitura colosal y exuberante, que parece crecer desde el intervalo misterioso de las trompas hasta formar una incomparable cosmogonía de sonido. En uno de sus arranques ciclotímicos de euforia, el propio Sibelius escribió: “Es como si Dios hubiera arrojado un mosaico desde el pavimento del cielo y me hubiera pedido que lo recompusiera”. En el finale, impulsado desde un incandescente ostinato de las cuerdas, surge de pronto un formidable oleaje en los metales, el “himno de los cisnes”, y cuando parece que no puede crecer más, Sibelius consigue superponer otra melodía por encima, como una bóveda celestial. El efecto es grandioso, un clímax sonoro que apenas se sostiene unos compases antes de perderse en un reflejo hipnótico, con el mismo tema del himno atomizado en toques puntillistas. Después, como un enorme animal agonizante, la música aúlla en busca de una conclusión hasta que por fin revienta en seis perturbadores bramidos de la orquesta, seis vértebras de acordes que claman entre pausas casi insoportables. Leer más …

Asistir a festivales de rock por el morro

JUAN ÁNGEL JURISTO | Publicado:

Festivales de Rock
Xosé Manuel Budiño, durante una actuación en el festival de Ortigueira. / Efe

Hubo un tiempo en que, al igual que las sardinas que se comían en las romerías gallegas, los conciertos de rock eran gratis. El personal se personaba en el lugar y luego era cosa del futuro el que uno pudiera tirarse el folio de que había estado en Woodstock o Wight. Un amigo mío, por ejemplo, era camarero en Londres en los sesenta e iba alguna que otra noche a un local cutre donde, mientras se tomaba una cerveza, escuchaba la guitarra tremendamente lírica de Jimi Hendrix y la voz extenuada del músico medio negro medio cherokee. Este amigo nunca se tiró el folio por ello porque él era gustoso de los Beatles y lo de escuchar a Hendrix en el Marquee del Soho, poco después de que el local abandonara Oxford Street, no era importante para él. Quizá lo de los Stones fuera otra cosa pero no llegó a oírles. Lo siento por él. Yo sí me hubiera tirado el folio con Hendrix pero no estaba de camarero en Londres. Sólo conocía París donde me topé con el rostro de pájaro de Samuel Beckett y en un bareto de Montmartre me tomé una caña al lado de Georges Moustaki. Ahora, sí, me estoy tirando el folio. Leer más …

Sexo, drogas, rock & roll… y precariedad

IVÁN REGUERA | Publicado:

Lorenzo Azcona música
Lorenzo Azcona, al saxo, durante una actuación en la Sala Costello. / Angela Bautista Palacios (Facebook)

Los conciertos en directo han pasado de tener un IVA del 21% a uno del 10%, un respiro para un gremio muy tocado por la crisis desde hace años. Pero es un pobre alivio. Los músicos que tocan en directo siguen sufriendo una legislación que no se preocupa por ellos, que no entiende que un bolo no es igual en una ciudad o en un pueblo o con un partido de Champions a la misma hora. Y los que llegan a producir y editar su propio disco se las ven y se las desean para vender un ejemplar en un país en el que el “todo gratis” es un hecho, algo asumido, algo cultural. Leer más …

En busca de Sibelius (I)

DAVID TORRES | Publicado:

Jean Sibelius
Obra escultórica dedicada a Jean Sibelius en Finlandia. / Flickr

En Perdición, su primera obra maestra, Billy Wilder tuvo que recurrir al truco de mostrar una puerta abriéndose hacia fuera, hacia el rellano, para que Barbara Stanwyck tuviera un lugar donde ocultarse. Muchos años después, Wilder comentaba que ni a Chandler ni a él se les había ocurrido otra manera de resolver la escena y decía que en ningún país del mundo existía una puerta como aquella. Se equivocaba: en Finlandia todas las puertas se abren hacia fuera. Leer más …

Philip Glass cuenta sus memorias en ‘Palabras sin música’

JUAN ÁNGEL JURISTO | Publicado:

Philip Glass
Imagen de archivo del compositor Philip Glass. / Efe

Malpaso es una de las casas editoras más gratificantes y con uno de los catálogos más acendrados e inteligentes de nuestro país. Este año, por ejemplo, no contentos con publicar la obra reseñística de la poeta Wislawa Szymborska, una exquisitez por su rareza, les ha dado por sacar el libro de Alessandro Marzo Magno sobre los primeros editores que en el mundo han sido, las Memorias de Roman Polanski, un sugerente ensayo de David Foster Wallace, Ilustres raperos, unas soberbias páginas sobre este fenómeno musical escritas cuando comenzó el asunto, las correspondientes Memorias de Ennio Morricone bajo el titulo En busca de aquel sonido, o las de Bob Dylan que el autor de Blowing in the Wind ha llamado llanamente Crónicas, o el libro escrito por Geoffrey March y Victoria Broackes, David Bowie is Inside, que es el maravilloso catálogo que se hizo para la exposición sobre el cantante británico en el Victoria and Albert Museum, donde se llegó a mostrar la cucharilla de plata con la que David Bowie esnifaba cocaína. El glam es el glam, último bastión del dandismo de otros tiempos… Leer más …

Morricone no tiene precio

DAVID TORRES | Publicado:

Ennio Morricone, en una imagen de 2013.
Ennio Morricone, en una imagen de 2013. / Gonzalo Tello (Wikipedia)

En la historia de la música para cine hay un antes y un después de la banda sonora de 2001: una odisea del espacio, una película que rompió muchas barreras incluyendo la del sonido. Stanley Kubrick renunció a la partitura que firmó Alex North (y que Jerry Goldsmith acabaría dirigiendo en 1993 para el sello Sarabande al frente de la National Philharmonic Orchestra) y prefirió obras de Ligeti, de Khachaturian, El Danubio Azul de Johann Strauss y la fastuosa obertura de Así habló Zaratustra de Richard Strauss para poblar el cosmos. Desde entonces no abandonó esa práctica, ni en La naranja mecánica, ni en Barry Lyndon, ni en El resplandor ni en Eyes Wide Shut, películas todas donde -salvo algunas músicas originales más o menos esporádicas- utilizó arreglos orquestales de compositores clásicos, baladas tradicionales y canciones rock. La única vez que llamó a un compositor para encargarle una banda sonora a la antigua usanza fue a Ennio Morricone, cuyo trabajo en Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha, de Elio Petri, le había impresionado enormemente. Por desgracia, no se pusieron de acuerdo, porque Kubrick no quería salir de Londres y Morricone estaba atrincherado en Roma, enfrascado en la composición de Giú la testa, de Sergio Leone. Así nos quedamos sin saber cómo habría sonado La naranja mecánica en la cabeza privilegiada de Ennio Morricone. Leer más …

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