El manga se come al cómic

Cartel del Salon manga de Barcelona
Cartel del XIX Salon del Manga de Barcelona.

Ha comenzado en Barcelona , finalizará el domingo 3 de noviembre, en el recinto de la Feria de Montjuic, el XIX Salón del Manga, uno de los eventos del género más importantes del mundo y que el año pasado acogió nada menos que a 112.000 visitantes, más que el celebrado, famoso y excelente Salón del Cómic de Barcelona.  En principio puede parecer extraño que un Salón dedicado a un subgénero se coma al género mismo, pero en el caso del manga así es, porque en cierta manera los que gustan de él suelen rechazar las otras modalidades de cómic, como si el manga naciese y muriese con su propio código, algo, por otra parte, que está en el comienzo mismo del género pues no conviene olvidar que estas tiras poco o nada tienen que ver con la evolución del cómic en Occidente y pertenecen, por derecho propio,  a un modo de ser , estar y enfrentarse  a la imagen propia de la cultura japonesa. Y no conviene olvidar esto cuando nos referimos al manga, que debe más a los grabados japoneses del siglo XVIII y XIX, aquellos grabados de Hokusai, de Utamaru… que a las tiras cómicas europeas y norteamericanas. Su andadura, pues, es otra, como otros son sus valores.

Este año, además, el Salón se estrena por todo lo alto, 150 expositores, 35.000 metros cuadrados,  ya que por primera vez pasa a ocupar  salones de la Feria de Montjuic en lugar de quedar relegado a la Farga de Hospitalet, donde,  a pesar de la distancia, consiguió casi desbancar ya el año pasado al mismo Salón del Cómic en número de viistantes. Este año el Salón está dedicado a deporte, lo que en Japón se llama Spokon, que consiste en ser un subgénero dentro del propio manga, se supone que incita  a los valores positivos como la competitividad sana, sacrificio, sentido del esfuerzo, y las salas se llenarán de cursos de dibujo de manga, proyecciones de películas, series de animación, concursos de cosplay, es decir, disfrazarse, dicho en castizo,  y karaoke, cocina japonesa y la actuación de dos luchadores de sumo. Por estar, estará hasta la cocinera Carme Ruscalleda, que abrió sucursal de su restaurante, el Sant Pau, en el centro de Tokio. Ni que decir tiene que su presencia tiene que ver con el arroz, cereal esencial en la gastronomía japonesa y en la alicantina y al que se dedica un tratamiento especial en el Salón.

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El cartel anunciador es gratificante para los españoles pues representa a Son Goku, el protagonista de Dragon Ball, inscrito al modo de un mosaico de Gaudí. La idea, brillante, es algo más que eso pues aúna dos fascinaciones, la que tienen los japoneses por la obra de Gaudí, algo incomprensible a primera vista, y la atracción que los españoles sintieron por la serie Dragon Ball, que abrió el género del manga en España. El cartel, pues, junta dos fascinaciones pero, a la vez, es un guiño inteligente al Año Dual España- Japón que se celebra este año.

Los invitados al Salón esta vez son de gran importancia: desde Junichi Masuda, productor y director de videojuegos, así, Pokemon, el dibujante chino Li Kunwu, responsable de Los pies vendados y Astiberri, Shintaro Kago, que es un inquietante dibujante japonés, autor de Reproducción por mitosis, y el director de animación Daisuke Nishio, famoso por la serie de Dragon Ball, a la que se dedica una exposición única en el Salón.

Un Salón, por otra parte, que cuenta con un lugar especial dedicado a los bibliófilos impenitentes. Este año fue noticia la retirada de Hayao Miyazaki, que fue cofundador de Estudio Ghibil y por el que han pasado las mejores series japonesas de televisión, El viaje de Chihiro, Mi vecino Totoro, El castillo ambulante… amén de Heidi, Marco o Sherlock Holmes, series que han dejado impronta en dos generaciones de niños españoles. Pues bien, el Salón edita en versión de lujo, lo ha publicado Planeta Agostini, Nausicaá del valle del viento, un legendario manga del que el estudio Ghibli hizo una película en 1984, y que fue de los primeros en tratar el tema de la ecología, recordemos Avatar, al retratar las aventuras de Nausicaá, una princesa de renombrados tintes griegos, que guerrea para librar  a su planeta de la contaminación. El libro es de lujo y es un lujo, aunque hay que decir que los dibujos de Miyazaki están editados espléndidamente en sus 1100 páginas: 99 euros.

Sin embargo, Eone Films saca al a venta, en combos que incluyen Blue Ray y Dvdés, tres de las grandes películas de Miyazaki, Mi vecino Totoro, Porco Rosso y El castillo ambulante, una adaptación notable de una novela de la escritora inglesa Diana Wynne Jones, ediciones más baratas que la de Nausicaá y donde los seguidores de Miyazaki podrán gozar de la obra de este maestro.

Una de las curiosidades de este Salón ha consistido en reunir autores españoles de manga, autores que fueron influidos por la estela de Dragon Ball. Así, Rafael Sousa y Javier Sánchez, Sueños, o la estela que dejó la desaparecida editorial Camaleón, pasando por los autores de la última hornada: Kenny Ruiz, Luís y Rómulo Royo. También se incluirá en este hispano apartado la adaptación al manga de una novela de Laura Gallego, Memoria de Idhún.

Carles Santamarina, el director del Salón, detectó la presencia de muchos niños en la pasada edición en Hosipitalet. Para ellos se ha habilitado un espacio llamado El bosque de Maya, sí, recordando a la abeja de la serie, donde habrá actividades de cuentacuentos y habilidades varias, y, desde luego, con la presencia de la abeja y su inseparable Willy.

Un Salón que sanciona  a Barcelona como la ciudad española que ha sabido adaptarse mejor a esa espléndida y pujante industria del cómic, como La Coruña, como Madrid, pero que con el Salón del Manga ha conseguido ponerse en cabecera mundial en este tipo de eventos. Un ejemplo a seguir, un salón  referencial.