Agrocuir o cuando el campo sale del armario

  • La quinta edición del Festival Agrocuir se celebró en Monterroso (Lugo) el 24 y 25 del pasado agosto
  • Este proyecto intenta dar visibilidad a la comunidad LGTBI en el mundo rural

Sábado, 25 de agosto, anochece en la Granxa Maruxa, en la comarca de Ulloa, cerca de Monterroso, provincia de Lugo. Varias decenas de personas se agolpan cerca de un escenario. Sobre él, Baiuca. Dirige los bailes de los cuerpos, combina la música tradicional gallega con acordes más actuales, música electrónica. Cunchas, flautas, gaitas o voces tradicionales se entrelazan con sintetizadores. El público se deja llevar, el sol cae tras el escenario.

Se celebra el Agrocuir 2018. «Es el primer año que vengo y me ha gustado mucho. La conexión que había con la gente y con el entorno… Ha sido muy bonito», relata a cuartopoder.es Alejandro Guillán, el músico del proyecto Baiuca. El Agrocuir celebraba este año su quinta edición. Un festival que busca sacar las reivindicaciones y los orgullos LGTBI de los entornos urbanos y transportar todo esto al ámbito rural, a la comarca gallega de Ulloa.

«Yo creo que es muy positivo que existan propuestas como la del Agrocuir que puedan representar la realidad de Galicia o de la mayor parte de Galicia, muy diferente a la de las grandes urbes, como forma de expresión y reivindicación LGTBI y queer en lo rural», añade este músico, que cerraba la jornada del sábado en la Granxa Maruxa.

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Las vacas campan a sus anchas por el prado, compañeras, durante un día, de multitud de jóvenes que reivindican su diversidad sexual o de género. Familias que, en muchas ocasiones, rompen con los moldes tradicionales pasan el día en este lugar de encuentro que durante toda la jornada ha acogido actividades de diversa índole: taller de muñeiras, de empoderamiento erótico feminista y queer…

La noche anterior había sido larga, en la Praza do Froito del pueblo, verbena. Después de la jornada en la granja del sábado, sesión golfa, DJs en otra parte del pueblo, a las afueras, junto al río. Por la noche todo se vuelve confuso, las caras, los cuerpos, los árboles que les esconden, el frío bucea entre las capas de ropa que, en una noche veraniega, no da tregua por hallarse en Galicia. Diversión, cientos de personas llegadas desde distintos puntos de la península, incluso de más allá, se mezclan con aquellas que viven en Monterroso.

Todos los años desde la organización del Agrocuir se conceden unos galardones a personas o colectivos que ayudan a la normalización de lo LGTBI en la zona. «Personas que nos sirven como faros que van alumbrando nuestro camino», explican desde la organización del festival. Este año, se premió a un colectivo de jóvenes de A Coruña que desmontan, a través de vídeos de Youtube y redes sociales, los estereotipos de una sociedad heteropatriarcal, Queer Avengers. «Decidimos entregarles el premio a la visibilidad porque porque son referentes y al mismo tiempo jóvenes, y resulta esencial dignificar también la labor de la gente joven que se queda en Galicia y se vuelca en su transformación. Queer Avengers llevan a cabo una labor de comunicación y divulgación impresionante», explica la organización del Agrocuir.

«De una manera clara, amena y divertida son capaces de transmitir mensajes de una potencia maravillosa. Representan también un espacio en el que recibir consejos, escuchar ayudas y pistas, sentirse seguras. Y contribuyen a naturalizar lo que siempre ha existido y existirá: la diversidad sexual y los cuerpos diversos», añaden. Este año, además, se premió también a Agustín y Víctor. «En cuanto a Agustín y Víctor, ganaderos de un pueblo cercano llamado Forcarei, son un ejemplo de valentía: fueron la primera pareja de homosexuales que contrajo matrimonio en Galicia, a los dos meses de aprobarse la ley», comentan los organizadores. «Han contribuido a hacer visible el colectivo LGTBIQA+ en el rural gallego, y son un ejemplo claro de la vida en el rural», prosiguen.

Un reconocimiento a las nuevas generaciones que vienen pisando fuerte en la defensa de las libertades y a aquellas personas valientes que, en sus respectivas luchas, hicieron en el pasado que el presente sea más justo y llevadero. Cinco años de festival, ¿qué ha supuesto para la comunidad LGTBI gallega? «Creemos que ha ayudado empoderando y haciendo sentir más segura y alegre a la comunidad LGTBIQA+ local«, responden las agrocuires.

«Por otro lado, el festival y la existencia del Colectivo Agrocuir ha contribuido a que gente joven haya avanzado en sus procesos personales de reconocimiento, aceptación y visibilización, así como a que familias avancen en sus procesos de respeto. En definitiva, ha hecho que la gente tenga menos miedo a ser como es, a verse de una forma más natural. La homofobia sigue ahí, pero sí ha cambiado el miedo de una persona a mostrarse como es», añaden.

«Llegará un día en que no hará falta poner un nombre a una forma de sentir, ni una bandera a un ideal, y mucho menos apropiarse de él, o pelear por ella. Quizás ese día podamos movernos con más naturalidad por el camino de la vida, sin miedo a ser, sin culpa de ser», decía el manifiesto que se leyó este año. «Superarnos en las luchas de poder y las farsas de control para no retroalimentarnos en nuestras carencias, sino ir a la raíz de lo natural, que se basa en el amor…», anhelaba este texto. «Por eso nos juntamos, para recordarnos, tendemos puentes, nos enlazamos, hacemos red», proseguía. La Granxa se vacío de danzantes un año más, pero el amanecer del domingo 26 de julio pilló a mucha gente bailando en Monterroso, dos cuerpos, asustados por el sol, se pierden por el bosque, entre las sombras…