Centenario de Buero sin Buero

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El dramaturgo Antonio Buero Vallejo. / cervantes.es

Resulta muy español eso de celebrar el centenario de Buero Vallejo sin Buero Vallejo. Parece el argumento de uno de sus dramas, esos donde tanto abundan los ciegos y los empresarios sin escrúpulos. Así, de puntillas, ha transcurrido en su país natal el aniversario de uno de los dramaturgos esenciales del pasado siglo, con sólo dos montajes en el Centro Dramático Nacional de dos de sus obras maestras: La fundación e Historia de una escalera. Problemas entre los herederos del escritor y los responsables institucionales han dado lugar a esta lamentable paradoja.

Como otros autores del mismo periodo, Buero ha sufrido el descrédito de envejecer demasiado deprisa. Al parecer, no interesa a las nuevas generaciones porque lo mejor de su obra parece anclado en la crítica social y la denuncia de la dictadura. Precisamente por eso debería interesarles más que nunca. Muchos de los jóvenes dramaturgos lo despreciaron en su momento porque sus recursos teatrales y su lenguaje escénico se habían quedado anticuados. Es lo que ocurre a veces con los clásicos.

Algunos descubrimos a Buero Vallejo en el colegio o en el instituto, cuando era lectura obligatoria y algún profesor de buen gusto se le ocurría llevarnos al teatro a ver El concierto de San Ovidio. Los espectadores de cierta edad todavía recordamos aquellas viejas producciones de Estudio 1, donde la escenografía vetusta y las rancias tomas de cámara no lograban apagar del todo el brillo de la palabra ni la voz ni el gesto de aquellos prodigiosos elencos que incluían a José María Rodero, Gemma Cuervo o José Bódalo.

Sin necesidad de traducirlo a las tablas, sus diálogos resplandecen de angustia, hurgan en tortuosos dilemas morales, arden de pura rabia. La doble historia del doctor Valmy, un monstruoso alegato contra la tortura, ni siquiera pasó la censura y tuvo que estrenarse en Londres. Buero escribía contra Franco, es verdad, pero su teatro sigue vigente no sólo porque el franquismo sigue vivo sino porque el arte auténtico siempre sobrevive a su época.

Sospecho que el recelo contra Buero Vallejo no es tanto porque su teatro parezca anticuado sino por todo lo contrario: porque resulta tan actual que resulta insoportable. ¿O no les suena a explotación laboral la fábula de unos pobres mendigos ciegos que son obligados a disfrazarse de payasos por un negociante canalla? ¿O tampoco les suena la historia de unos prisioneros que trabajan felices en una fundación científica cuando en realidad esperan turno en el corredor de la muerte? Buero Vallejo describió en Las meninas la tragedia de un pintor genial esclavo de un rey y la miseria de un país deforme habitado por fantasmas. Se sigue llamando España.

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1 Comment
  1. celine says

    Muy justa reivindicación de Antonio Buero Vallejo, David Torres. Muchas gracias.

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