SARA MONTERO | Publicado: - Actualizado: 08:53

Pancarta VIHSIBLES
Una pancarta de la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (FELGTB) /FELGTB

El VIH es una enfermedad  infecto-transmisible, pero no infecto-contagiosa, según las organizaciones especializadas. Sin embargo, en la legislación sanitaria aún aparece categorizada bajo la última denominación. Esta diferenciación puede pasar desapercibida para las personas no portadoras de la enfermedad, pero abre la puerta a discriminaciones indirectas en profesiones de ámbito público como policía, guardia civil o funcionario de prisiones. Asociaciones como CESIDA, FELGTB, Apoyo positivo o Trabajando en positivo reivindican desde hace años por un cambio, aunque reconocen que el estigma social es mucho peor.

El VIH se transmite por tres vías: el contacto sexual sin protección, la sangre (por ejemplo, compartiendo jeringuillas) o la relación perinatal (entre madre e hijo). Sin embargo, los colectivos consultados entienden que estas tres situaciones no se corresponden con una enfermedad contagiosa al no extenderse por contacto directo con la persona infectada o con gotas al estornudar como, por ejemplo, sí ocurre con la gripe. Organismos como la Organización Internacional del Trabajo también desvinculan cualquier actividad laboral con la posibilidad de contagio de ningún tipo. “Es un problema complicado, ya que según nos han explicado, esta denominación proviene de una traducción de la Organización Panamericana de la Salud. Hay dos opciones, o se cambia para que el VIH deje de considerarse “infecto-contagioso” o se especifica en las normativas qué enfermedades concretas no pueden acceder a determinadas instalaciones. Hay recursos públicos y privados en los que te ponen trabas si tienes una enfermedad infecto-contagiosa, como algunas piscinas públicas o residencias”, explica Julio Gómez, coordinador de Trabajando en Positivo.

Aunque la ley penaliza la discriminación contra los portadores del VIH, al englobarlo en esta denominación tan genérica surgen los problemas. Estas organizaciones los detectaron, por ejemplo, en las convocatorias de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, en las que tener una enfermedad infecto-contagiosa es una de las exclusiones médicas. “Cualquier persona con VIH podría acceder a ser policía, bombero o funcionario de prisiones, ya que se supone que estas exclusiones nunca se refieren al riesgo de transmisión, sino al estado de salud de esa persona. Es decir, en la teoría dar positivo en VIH en buena forma no debería ser un problema, pero en la práctica es un “no apto”’, explica Gómez sobre esa discriminación “indirecta”. En la Comunidad de Madrid, la normativa también impide a los taxistas circular con una patología infecto-contagiosa, aunque en el caso de los seropositivos se queda en papel mojado y no causa ningún problema, según las fuentes consultadas. Sin embargo, estas excepciones en el empleo público crean inquietud entre la población seropositiva, que a veces prefiere esconder su estado médico. El 35% de las 93 consultas recibidas por el programa Clínica Legal, de Coordinadora estatal de VIH y sida (CESIDA), tenían como objeto este tipo de trabajos.

Aunque todo el mundo reconoce que es necesario actualizar la legislación con los descubrimientos científicos que evidencian que el VIH se transmite pero no se contagia, los pasos hacia la modificación aún son lentos, aunque los partidos políticos ya luchan por eliminar cualquier resquicio de discriminación después de las insistencia de estas organizaciones. El pasado 10 de mayo, el sindicato Comisiones Obreras, la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (FELGTB), Trabajando en Positivo y CESIDA se reunieron con representantes de la Secretaría de Estado de Función Pública para eliminar o clarificar estas excepciones médicas en el empleo público. El PSOE o Ciudadanos también han llevado sendas proposiciones no de ley (PNL) al Congreso de los Diputados para hacerlo posible. 

Si en los 80 y los 90, contraer el SIDA desembocaba muchas veces en la muerte, hoy una persona con VIH es un enfermo crónico con una calidad de vida similar al del resto de la población, gracias a los retrovirales y otros avances médicos. Sin embargo, algunos sectores han tardado en actualizarse, como en el caso de las aseguradoras. Hasta hace unos meses, muchas personas portadoras tenían dificultad para conseguir una hipoteca, ya que suelen estar ligadas a un seguro de vida que no se les concedía. En abril de 2017 se aprobó una proposición de ley que llegó desde el  Parlamento de Navarra hasta el Congreso de los Diputados y que acabó con esta arcaica medición del riesgo.

Campaña Trabajando en positivo para evitar la discriminación por VIH.
Campaña ‘Indetectable, instransferible’, de la asociación Trabajando en positivo. / Trabajando en positivo.

La sociedad: la que más discrimina

Pero más que las excepciones sanitarias, el mayor motivo de discriminación que sufren las personas seropositivas en el mundo laboral es el estigma social. “La persona con VIH es percibida como un peligro por ese concepto de contagio. Además, en el imaginario colectivo permanece la imagen de que las personas con este virus ‘algo habrán hecho’ para tenerlo. Además, cuando lo ocultan y se descubre, aparecen como personas poco fiables por haber guardado ese secreto al que tienen derecho”, explica Guillermo López, miembro de Apoyo Positivo.

El trabajo en la asociación le ha demostrado a este experto que la discriminación afecta a todos los niveles (desde compañeros hasta al jefe), todas las profesiones y todos los sectores, pero hay algunos que levantan especiales suspicacias, como aquellos empleos en el ámbito sanitario (por el contacto con la sangre) o en la alimentación:  “Ocurre especialmente en caso de enfermeros o médicos o en trabajos relacionados con hostelería como el de cocinero, donde entra en juego el manejo de alimentos, aunque la posibilidad de transmisión sea casi nula. Además, cuando el jefe descubre que tienes VIH te echa la culpa por no haberlo dicho antes, por ejemplo, en la formalización del contrato”, explica López que también asegura que hay personas que prefieren no denunciar y silenciar su caso.

No hay ninguna profesión que justifique una prueba de VIH, ni es obligatorio advertirlo de ninguna manera. Es una decisión absolutamente personal: “Periódicamente tienes que ir al médico a por tus medicinas y es difícil pedir días sin decirle a tus jefes por qué vas”, explica Loren González, de FELGTB. En esta organización tienen un grupo específico para personas seropositivas y el ámbito laboral es una de las áreas donde aparecen las quejas: “Quizá sea en el plano afectivo-sexual donde hay más estigmatización, pero el trabajo se lleva detrás toda tu vida”.

Las organizaciones se han esforzado mucho en los últimos años en desterrar estereotipos en torno al VIH/SIDA e informar los últimos avances médicos. Hablar sobre cómo se transmite (y cómo no) esta enfermedad es invertir en prevención. Por eso, crean manuales sobre salud sexual o divulgan estudios sobre el bajo riesgo de contagio cuando un paciente posee una carga viral indetectable. En los últimos años, a medida que el SIDA ha dejado de ser una enfermedad mortal para cronificarse, la seguridad social también ha tenido que adaptar su metodología. Mientras en los años 80 se centraban en frenar la tasa de mortalidad, hoy se centran en mantener una adecuada calidad de vida.

Las falsas creencias sobre el VIH hacen que mucha gente no se atreva a dar el paso y prefiera mentir ante el temor de tener problemas en el trabajo. Mientras, en los últimos años se ha rebajado el presupuesto destinado a la prevención. Eso sí, poco a poco, algo está cambiando. Como prueba, ‘Indetectables’, la primera serie sobre VIH y otras enfermedades, que se puede ver en ‘Flooxer’. 

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