Campaña en Catalunya o cómo acostarse con la gente corriente

Acto de Catalunya en Comú - Podem
La alcaldesa de Barcelona Ada Colau, el candidato a la presidencia de la Generalitat por «Catalunya en Comú», Xavier Domenech, los tenientes alcaldes de Barcelona Laia Ortiz, Janet Sanz y Gerardo Pisarello. / Enric Fontcuberta (EFE)

BARCELONA.- «Quiero vivir como la gente corriente, quiero hacer lo que sea que hace la gente corriente, quiero acostarme con gente corriente». Common People, tema del disco Different Class de 1995 de la banda británica Pulp, es la banda sonora que cierra los actos políticos de los comunes. A falta de un día de conocer la encuesta preelectoral del CIS de Catalunya, todas las candidaturas buscan acostarse con la gente corriente, seducirla, ganarse sus votos. Pero claro, en un clima tan polarizado como el catalán, una situación nada corriente, ¿qué es la normalidad? En la jornada de ayer, vimos cómo el Estadi Olímpic de Montjuïc se llenaba hasta la bandera en un concierto de homenaje a los «presos políticos», escuchamos a Ada Colau en el popular barrio barcelonés de Sant Andreu sacar pecho de las políticas sociales que ha llevado a cabo en los dos años y medio que lleva al frente del Ayuntamiento, una concentración de ultraderecha en las puertas de la sede de la CUP que fue respondida con miles de manifestantes que defendieron el local de los anticapitalistas…

La distancia que separa el Ajuntament de Barcelona del Palau de la Generalitat de Catalunya, en la Plaça de Sant Jaume, se puede recorrer dando tan sólo 50 pasos. En la primera institución gobierna Barcelona En Comú; en la segunda, intervenida por la aplicación del 155, el Gobierno de Mariano Rajoy, donde durante los últimos dos años ha gobernado Carles Puigdemont hasta su partida a Bruselas. Esta semana conocíamos que el consistorio de Colau es el que más ha invertido en gasto social de las grandes ciudades del Estado. Ayer, a las 11 de la mañana, un grupo de niños jugaban al fútbol en el parque de la Recerca Creativa, en el popular distrito de Sant Andreu, muy cerca de otro distrito, el más pobre de Barcelona, Nou Barris.

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Los chavales, de evidentes diferentes orígenes geográficos, jugaban ajenos a lo que a penas unos metros más allá sucedía, sin perderle ojo al balón. En un banco del parque, dos hombres de avanzada edad charlaban, uno con acento andaluz, otro con marcado acento catalán, pero en castellano. Comienza el acto, los intervinientes entran en un escenario circular, con forma de ágora, y el público se sitúa alrededor, aplausos. Aquel banco del parque queda vacío, los hombres se animan y se sientan en las improvisadas gradas a escuchar a la alcaldesa.

«Hemos duplicado la inversión en gasto social, multiplicado por cuatro la inversión en vivienda, hemos llevado la salud pública a todos los barrios, abierto guarderías y desarrollado políticas contra el cambio climático, hemos asumido competencias que deberían ser de la Generalitat», explicaba Colau.  El primer teniente de alcalde de Barcelona, Gerardo Pisarello, también intervino en el acto: puso en valor la iniciativa municipal de cooperación institucional con las empresas que faciliten contratos de más de 6 meses y sueldos de más de 1.000 euros y también valoró las alianzas creadas entre los ayuntamientos del cambio de todo el Estado para plantar cara a Cristóbal Montoro.

Cerró el acto el candidato a president de Catalunya En Comú Podem, Xavier Domènech. El líder de los comunes puso también en valor la gestión municipal de Barcelona. «Lo que no es permisible es decir que el problema es Montoro y el Constitucional mientras consolidan recortes de más de 2.300 millones de euros en sanidad y educación»,  cargó Domènech contra el Govern de JxSi y los presupuestos desarrollados durante estos dos años. Finalizó el acto y el público cantó el Cumpleaños Feliz al candidato, ayer cumplía 43 años. Los niños seguían jugando al fútbol.

Las bases de la CUP defienden su sede

A la misma hora, en el Eixample barcelonés, una concentración de ultraderecha españolista, convocada por Democracia Nacional en la que también participaban otros colectivos neonazis y filofascistas tan sólo conseguía concentrar a 30 personas en la puerta de la sede de la CUP. Como contramanifestación, centenares de militantes de las bases de las CUP respondieron impidiendo el paso hasta la puerta de la sede de los ultraderechistas. «Fora fascistes dels nostres barris», gritaban los anticapitalistas, silenciando los gritos, brazo en alto, de los otros. Contrasta que esta manifestación haya sido permitida por la autoridad vigente, cuando símbolos como los lazos amarillos en homenaje a los «presos políticos» tienen que ser retirados de cara a la campaña electoral.

ANC ORGANIZA CONCIERTO
Vista de los asistentes al Concierto por la Libertad en el Estadio Olímpico de Barcelona en el que participan unos 40 artistas o grupos musicales, organizado por la ANC / Enric Fontcuberta (EFE)

Mientras esto sucedía en la calle Casp, en el interior, la formación independentista perfilaba su programa electoral. Tras la reunión, presentaban tres puntos programáticos de acuerdo para las otras formaciones independentistas: el compromiso de hacer efectivo un estado independiente, la libertad de los «presos políticos» y la retirada de los policías desplegados extraordinariamente en Catalunya y el inicio de un proceso constituyente. Las otras formaciones independentistas también tuvieron actos ayer. El depuesto president, Puigdemont, desde Bélgica volvía a la carga y llamaba a los catalanes a convertir el 21-D en un nuevo referéndum, la segunda vuelta del 1-O. El candidato de JxCat quiere dar a estas elecciones el carácter de plesbicito.

Casteldefells fue ayer el escenario por el cual el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, paseó antes de asistir a un acto junto al candidato del PP, Xavier García Albiol. El pistoletazo popular del presidente fue contundente: estas elecciones deben terminar con el cuento independentista. Mientras tanto, el PSC de Miquel Iceta profundiza en un modelo federal del Estado. Pide una Hacienda propia para Catalunya, pero asegura que no pide «nada que no quiera para otros», abriendo la posibilidad a que otros territorios se sumen a la propuesta. Ciudadanos apunta al PSC, se disputan un buen caladero de votos. Albert Rivera aseguraba ayer que el PSC copia las propuestas de los independentistas del pasado, en referencia a cualquier iniciativa que suene descentralizadora.

Macroconcierto por los presos

Las candidaturas buscan parecer corrientes, los candidatos quieren acostarse con la gente corriente. Pero la situación catalana, tras los agitados meses que nos preceden, son de todo menos normales. Mañana será un día clave. A las doce de la noche comienza la campaña y los consellers presos podrían llegar a los actos de campaña si el Tribunal Supremo levantara la prisión cautelar dictada por la Audiencia Nacional. Ayer, el Estadi Olímpic de Montjuïc congregó a miles de personas en un concierto coral para recaudar fondos para la caja de resistencia de la ANC, fondos que podrían servir para pagar las fianzas de los consellers encarcelados.

Mayte, de 60 años, llega desde Reus a Barcelona junto a tres compañeras para asistir al concierto. «Me ha emocionado mucho ver a Quico Pi de la Serna y escuchar otra vez en directo, después de muchos años, Si els fills de puta volessin no veuríen mai el sol«. Pere lleva una bandera estelada colgada a la espalda: «Ya nos hemos ganado la independencia, sólo tenemos que volverlo a demostrar ante las urnas». Carles tiene 18 años y ha acudido al concierto con sus padres. «Han sido los meses más intensos de mi vida», asegura el joven a cuartopoder.es.

El independentismo tiene la batalla ganada en las calles, en lo performativo, en la protesta y movilización no violenta. Ayer, la emoción volvió a Barcelona, en esta ocasión en el estadio que hace 25 años vio cómo se incendiaba la antorcha que daba inicio a los Juegos Olímpicos de Barcelona. Con candidatos encarcelados, la campaña no puede ser normal. Si los candidatos salen y participan en los actos políticos, la campaña tomará unos tintes emotivos difíciles de prever. Las candidaturas se disfrazan de normalidad. Intentan acostarse con la gente corriente. Pero estamos en las puertas de una de las campañas más anormales que recordamos y recordaremos. «Quiero vivir como la gente corriente, quiero hacer lo que sea que hace la gente corriente, quiero acostarme con gente corriente», tararean los candidatos.