Destino forzoso: Mauritania

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La Río Adaja, el buque insignia de  la lucha contra el narcotráfico y las pateras en Valencia no vigila las costas mediterráneas, sino las aguas de Mauritania.

Una embarcación pequeña se acerca a la costa valenciana. El operador amplía el zoom en la cámara y la centra. Una Zodiac con tres motores aparece en el monitor. ¿Una patera? Se desplaza de noche hacia un punto de costa desierto. Salta la alarma. Pero no hay ninguna patrullera para interceptarla. Agentes de la Benemérita en la Comunidad Valenciana alertan de que sus embarcaciones tienen problemas técnicos y la mejor nave, la Río Adaja , está destinada en Mauritania y Senegal. Ni está ni se la espera.

Treinta metros de eslora, última tecnología. Así es la Río Adaja, una embarcación, modelo Rodman 101, bautizada en 2005 en las aguas del Mediterráneo y cuyo primer cometido fue garantizar la seguridad de la Copa América en las aguas del Mediterráneo. Finalizado su primer destino con honores, fue encomendada a un segundo destino: vigilar y rastrear las costas de la Comunidad valenciana para luchar contra la inmigración ilegal y el tráfico de drogas bajo el mando del Servicio Marítimo provincial de la Guardia Civil de Valencia. Y, sin embargo, según fuentes de la Benemérita, el baluarte de la lucha contra la inmigración surca otras costas, las de Mauritania y Senegal, para impedir la llegada de pateras a las islas Canarias.

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La embarcación puso rumbo a África en noviembre de 2008 y se desconoce su fecha de regreso. Mientras, en Valencia siguen esperando. Fuentes policiales afirman que las costas del Mediterráneo ya han demostrado ser otra de las zonas calientes en la llegada de pateras y precisan embarcaciones potentes. Los agentes disponen de cuatro embarcaciones de inferior categoría y, en condiciones técnicas que dejan mucho que desear, aseguran. La más grande tiene 17 metros de eslora. Existe otra inferior, de 12 metros, que fue arreglada tras pasar dos años aparcada en Murcia e invertir 40.000 euros y ni siquiera así reúne las condiciones de seguridad necesarias. Además, existen otras dos embarcaciones semirrígidas, tipo Zodiac, aunque una de ellas tiene el motor averiado. Desde el Gobierno, prometen otra Río Adaja en unos meses, justo cuando el tiempo permitirá volver al mar a los que se embarcan en la tortuosa y difícil aventura de cruzar el Estrecho hacia las costas españolas.

No es la única queja. Además de la carencia de embarcaciones, el pasado mes de diciembre los turnos de los agentes han cambiado, pasando de ser de 24 a 8 horas, por lo que, si antes siempre había una patrullera en el mar, ahora, en ocasiones no hay ningún barco vigilando las costas. Los guardias reclaman que se vuelvan a hacer salidas de 24 horas, para que las naves estén más tiempo en el mar, cubran mayor distancia y controlen las embarcaciones ilegales.

Las deficiencias en la reorganización, la escasez de las embarcaciones o el mal estado de las existentes han causado algún que otro incidente que han puesto de relevancia estas carencias. No hace mucho una lanzadera procedente del norte de África escapó tras recorrer 155 millas, unos 300 kilómetros, por no haber patrulleras para perseguirles. La embarcación había sido detectada por un radar SIVE de Murcia, pero no había ninguna patrullera para perseguirles y logró desembarcar tres toneladas de hachís en una zona próxima a Gandía. Sólo en tierra, la Guardia Civil encontró la nave fondeada y detuvo a uno de los narcos, aunque no recuperaron el alijo. 

1 Comment
  1. jonathan says

    Preocupa tanta dejación de gasto donde hace falta. La Benemérita tiene razones para estar hasta la coronilla.

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