La diabetes, esa plaga que mata

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No se sabe por qué, pero una gran parte de los 2,8 millones de diabéticos —el 6% de la población— que se calcula que hay en España, o de los 4,7 millones, si se hace caso al peor de los supuestos —un 10% de afectados—, considera que la diabetes es algo banal, una causa menor o una enfermedad leve por la que no hay que preocuparse. Leve hasta que no hay remedio ya y, ahora sí, los afectados empiezan a ocuparse y preocuparse por ella y tomársela en serio. ¡Y hacen bien! Pues la realidad es que en España, hoy, la diabetes —una de las plagas más extendidas en estos albores de siglo XXI en los llamados países ricos junto con la obesidad— no es todavía para la gente, a pesar de los esfuerzos que se hacen desde la Sanidad Pública, un problema preocupante. Y esto es grave. Se trata una enfermedad complicada, con una elevada morbilidad, que genera continuos sufrimientos y causa miles de muertes al año. O si no mata, al afectado le amarga la vida, como suele decirse. La diabetes es, por ejemplo, responsable de lo que se conoce como pie diabético (unos 300.000 casos en España); un pie que entre el 50 y 70% de casos se acaba amputando; aunque cierto es también que un diagnóstico precoz evita esa amputación en numerosas ocasiones. Se trata, pues, de potenciar prevención y, una vez diagnosticada, extremar los cuidados.

He aquí un caso típico: A la abuela le explica la enfermera que la diabetes mellitus que padece es como un río sucio —“piense usted en su sangre contaminada recorriendo su cuerpo”, le dice—. “Un río sucio que en las crecidas y decrecidas continuas que tiene va dejando residuos, secuelas si usted quiere, en las extremidades, en las terminaciones nerviosas, en los ojos, en el sistema cardiovascular, neurológico...” Aquí ya la abuela se pierde.

A ella le han diagnosticado una neuropatía desmilianizante provocada por la diabetes, que es, según le han contado, el deterioro que sufre la mielina; una especie de película, ¡más fina que la piel de una cebolla!, que envuelve las terminaciones nerviosas, y que debido a esa diabetes que padece (mal tratada y peor controlada, seguramente) se ha ido deteriorando tanto que ahora esas terminaciones dañadas le generan tal dolor que ya le resulta insufrible. Hasta aquí, la abuela entiende más o menos la explicación. Entiende perfectamente lo que la enfermera quiere decir con el ejemplo de ese río y la suciedad... Por eso comprende perfectamente que no puede comer “cualquier cosa” como ella hace; comer lo qué le apetece y cuándo le parece, no está bien; como no lo está tampoco darse algún que otro homenaje para rememorar su condición de golosa impenitente. No, no es eso lo mejor que puede hacer para controlar su diabetes. Pero a estas alturas de la vida le da igual... Ya octogenaria, ¡qué le va a hacer! A su edad... “¡Eso que come usted es puro veneno”!, le riñe la enfermera. Pero ella sonríe y alega en su defensa que luego, por la noche, si ha abusado “un poco”, se toma dos... en lugar de una pastilla y “problema resuelto”.

Lo curioso es que esta historia es muy común entre los españoles. Y aunque la abuela llora y rabia de dolor cuando su cuerpo no responde al tratamiento, la enfermera sigue sin poder convencerla; no consigue que entienda que la diabetes requiere una atención permanente y absoluta disciplina.

Auque en esos momentos de crisis, es verdad, la abuela promete cumplir con las pautas que le han dado y seguir a rajatabla la dieta, hacer más ejercicio... Pues está más que comprobado que huir del sedentarismo o evitar la obesidad es mejor que cualquier medicina para combatir la diabetes.

La diabetes mellitus (la más común, la que padecen las personas, normalmente, a partir de los 40 años) es una enfermedad, dicho de forma sencilla, producida por un fallo metabólico que hace que la sangre contenga más azúcar de la que debe. Esto provoca lesiones microvasculares (en los vasos más finos del cuerpo) con repercusión, como se ha dicho, en el corazón, riñones, ojos, sistema nervioso, piel y un largo etcétera de órganos que, cuando estos asocian las enfermedades propias con la diabetes, hacen que se multiplique la posibilidad de que la enfermedad se manifieste. Es decir, una persona propensa a padecer una enfermedad cardiovascular, si es diabética verá incrementada entre 2 y 4 veces la posibilidad de padecerla. De hecho hay comités de expertos en diabetes que recomiendan tratar a estos pacientes como si ya fuese seguro que sus arterias están dañadas. Y, en todo lo referente a riesgo cardiovascular, colesterol o tensión arterial, sin ir más lejos recomiendan vigilancia y medicación especial. En general, los diabéticos no mueren sólo por ser diabéticos, sino porque ésta “alimenta” en ellos otras patologías latentes, que padecen o que son propensos a padecer. De modo que es fundamental la prevención o, una vez diagnosticada la enfermedad, poner el máximo cuidado en ella para contenerla y que no vaya a más.

De ahí, la importancia que cobran las Asociaciones o Escuelas de Pacientes que, por ejemplo, en Andalucía y en alguna otra Comunidad Autónoma están proliferando últimamente y que no son más que equipos de diabéticos (o de otras patologías) que, previamente formados, ayudan a otros afectados a vigilar su enfermedad y a no abandonarse ante ella.

Hoy es un hecho constatado que en la mayoría de las consejerías de Salud de los distintos gobiernos autónomos se está intentando sacar dinero de dónde sea, a fin de no tener que recortar la cartera de servicios. Y a falta de flus, que diría el castizo, los responsables de Salud Pública en cada autonomía han tenido la feliz idea (feliz, porque es buena) de que “hay enseñar a la gente a que cuide de sí misma”. Se habla más que nunca de promover hábitos sanos y saludables, como un primer paso; pero el objetivo es ir más lejos: convertir al enfermo en su principal cuidador; sobre todo al enfermo crónico o pluripatológico que, a poco que se preocupe y ocupe de su enfermedad mejorará su calidad de vida y le ahorrará al Sistema Nacional de Salud (SNS) muchos recursos. Pacientes con cáncer de mama o de colon, con fibromialgia, asma o diabetes, por citar sólo algunas patologías, aprenden en estas Escuelas de Pacientes a cuidar de sí mismos y, al mismo tiempo, se convierten en agentes de salud para el resto de personas que acuden.

Con todo, “lo mejor de la diabetes”, dicho así, entre comillas, es que cualquier complicación en la salud que ésta conlleva puede prevenirse o retrasarse. Pero para ello se requiere un control preciso del metabolismo (esas subidas y bajadas en las aguas sucias del río que le contaba la enfermera a la abuela) a base de un plan preciso y riguroso que, en síntesis, tiene seis pasos: 1) Plan de alimentación. 2) Plan de ejercicios. 3) Plan de medicación. 4) Plan de hábitos de higiene; por ejemplo, dejar de fumar. 5) Plan de autocontrol. 6) Plan de controles periódicos de la enfermedad por los médicos.

Así, pues, cumplir este Gran Plan de los “seis planes” citados es garantizarse una vida “más saludable” a pesar de la diabetes. Y lo que es más importante: el diabético, si presta atención a estas normas, las interioriza y las sigue, se estará fraguando un futuro más longevo y feliz. Hacer lo contrario es condenarse a un infierno en el que el diabético poco a poco caerá. La crisis, esa sombra sin límites que asola a muchos españoles, puede que, en materia de salud, traiga algo bueno. A saber: que los enfermos aprendan a cuidar de sí mismos.


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3 Comments
  1. Jonatan says

    Jopé.

  2. dietas para bajar de peso says

    no entendi nada de lo que acabo de leer alguien me lo puede explicar

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