JOAQUÍN MAYORDOMO | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 02:10

Prashant Yadav, investigador y asesor de la OMS para África./ Joaquín Mayordomo

En su afán por obtener beneficios, la industria farmacéutica está encontrando en el Tercer Mundo, principalmente en África, su “filón”; un escenario muy favorable para sus intereses y formas de hacer negocio. Y esto es relativamente nuevo. Porque, frente a un Primer Mundo rico e hipermedicalizado ya, que impulsa nuevas políticas de Salud Pública basadas en la prevención (hábitos de vida saludables como la dieta o el ejercicio físico) y en la reducción progresiva del consumo de fármacos, con la consiguiente exigencia a la industria de un ajuste a la baja de precios, África se presenta, por el contrario, como el escenario ideal, casi virgen, para que el negocio farmacéutico florezca sin cortapisas.54

Enfermedades como la malaria, el sida, la tuberculosis o el cólera extendidas masivamente por el continente africano; gobiernos corruptos y fácilmente manejables; intermediarios sin escrúpulos; ONGs camufladas al servicio de las multinacionales farmacéuticas… Y una población dispersa, desinformada, socialmente poco estructurada y dispuesta casi siempre (por la causa que sea… o por unas monedas) a participar en ensayos clínicos dudosos, sin saber para qué o con qué fármacos, son algunos de los argumentos que la industria farmacéutica tiene a su favor para hacer en el escenario africano, “su agosto”. O, en otras palabras, su “base de operaciones más prometedora” desde donde promueve el consumo masivo de medicamentos como ha venido haciendo, por otra parte, en Europa desde hace décadas. Es decir, mientras el Primer Mundo trata de acotar ese consumo con políticas de prevención, África se dispone a medicalizarse. Si bien por ahora son sólo, y fundamentalmente, las vacunas contra la malaria o el sida las que los organismos internacionales promocionan, mañana serán ¡seguro! todo tipo medicamentos los que se vendan sin límites.

Recientemente ha estado en Sevilla para impartir una conferencia en la Universidad Pablo de Olavide, Prashant Yadav. Este hindú de 37 años, residente en Zaragoza desde hace cinco, es observador privilegiado de cómo se comporta la industria farmacéutica en “ese nuevo escenario africano” descrito. Desde su puesto de profesor  e investigador en el MIT—Zaragoza  International Logistics Program que el Instituto Tecnológico de Massachusetts tiene en esta ciudad, ejerce de experto, asesor y consultor para la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Banco Mundial, la Fundación Bill y Melisa Gates y otros organismos internacionales. Su labor de eslabón o puente en todo aquello que tenga que ver con las “cadenas de suministro farmacéutico” al Tercer Mundo es bien conocida. Él, por tanto, bien puede hablar con conocimiento de causa de lo que está pasando en África en el terreno de la asistencia farmacéutica y, sobre todo, de lo que se cree que ocurrirá en el futuro más próximo, a medida que estos países eleven su nivel de desarrollo.

Con la lógica reservas que ha de tener cualquier consultor y asesor internacional que se precie, Prashant Yadav se atreve, no obstante, a opinar sobre los “riesgos” que corre el continente africano de caer en las “garras” de los laboratorios farmacéuticos si los gobiernos no actúan y, sobre todo, si la sociedad civil no se protege. África necesita medicamentos baratos para poder hacer frente a las enfermedades infecciosas a la vez que la industria necesita de África para aumentar sus cuotas de mercado e incrementar beneficio. Desde esa perspectiva, según Yadav, el lobby farmacéutico y los gobiernos están condenados a entenderse. En este sentido reclama “unas reglas de juego”, justas y eficaces, que todos respeten a la hora de realizar ensayos clínicos en estos países en los que la libertad individual es tan precaria. El peligro de venderle a los africanos falsos medicamentos o de ínfima calidad siempre está ahí; también la corrupción de los gobiernos.

Yadav denuncia la existencia de falsas ONGs al servicio de los laboratorios farmacéuticos, mientras señala como uno de los principales enemigos que tienen estos países para lograr avances en salud son los distribuidores de medicamentos que sistemáticamente bloquean cualquier propuesta que se haga para abaratamiento de precios.

Y desde su experiencia señala que una de las claves del estancamiento sanitario de África estriba en la precariedad en que vive el sector público en la mayoría de los países. Lo corrobora con un dato: “más del 50% de los pobres adquieren los medicamentos en centros privados”. [Es una contradicción que el lector podrá aclarar si lee la entrevista completa que se publica como complemento a este artículo]

Tampoco se anda por las ramas a la hora de señalar otros males: la escasez de recursos para sostener los tratamientos actuales del sida —“muchos enfermos se quedarán sin tratamiento en los próximos años sin no se abaratan los fármacos”— o el peligro que entraña el aumento de la tuberculosis que empieza a ser resistente a todo tipo de fármacos. No se le escapa tampoco el apunte sobre los falsos medicamentos que se dispensan allí o el recordatorio sobre los riesgos que entraña no contar con una fuerte y consolidada sociedad civil.

En cualquier caso, Prashant Yadav tiene puestas sus esperanzas en las nuevas tecnologías y de ellas, y de los programas de salud para los que las emplean, vino a hablar a Sevilla.

Leer la entrevista completa (PDF).

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