El ADN delatará al asesino de María Esther

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Agentes de la Guardia Civil, el pasado día 20, durante la inspección de la caseta, próxima a la localidad de Arriate (Málaga), donde apareció el cuerpo sin vida de la niña María Esther Jiménez Villegas. / Daniel Pérez (Efe)

Una piedra, un mechón de pelo y restos de ADN. Con estos tres ingredientes los agentes de la Guardia Civil intentan reconstruir contra reloj el crimen de María Esther Jiménez Villegas, la menor de 13 años hallada muerta en Arriate, una pequeña localidad de unos 4.000 habitantes situada a cien kilómetros de Málaga y cuya desaparición denunciaron sus padres el pasado miércoles, 19 de enero, cuando no regresó a su casa a las nueve y media de la noche. Un día más tarde, un bombero que participaba en el rastreo encontraba su cadáver en una caseta blanca de ladrillo que cubría una depuradora en una finca privada. En el exterior, no había ningún indicio que le hiciera sospechar que la niña podía estar allí pero, la casualidad o su instinto, hizo que el hombre se detuviera y fijara su vista en aquel habitáculo.

Allí estaba su cuerpo. Apoyado contra la pared y con el rostro tapado con su jersey. Su cabeza presentaba un traumatismo cranoencefálico. La autopsia determinó horas después que la niña había recibido un golpe en la cabeza con un objeto contundente. A los agentes no les fue difícil localizar el arma del crimen durante la inspección ocular. El asesino había huido dejando una piedra con restos de sangre cerca de los pies del cadáver. ¿Prisas? ¿Improvisación? ¿Miedo? De lo que no les quedaba duda es que el asesino la mató con violencia y saña. La suficiente como para desfigurar su rostro. Sin embargo, matizan estas mismas fuentes, el asesino no sabía que María Esther no murió inmediatamente tras los golpes. La pequeña quedó inconsciente, pero no falleció, y aún no había muerto cuando su agresor o agresores abandonaron el lugar.

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Esclarecida la causa de la muerte los agentes se centraron en reconstruir los últimos pasos de María Esther y comenzaron el interrogatorio a sus amigos, familiares y vecinos. Sus testimonios permitirían dibujar el hilo conductor de las horas previas a su desaparición.  Cualquier detalle sería esencial para dibujar el rostro de su asesino. Cualquier detalle les llevaría a conocer el móvil del asesinato. ¿Quién pudo quitarle la vida a la pequeña de 13 años y por qué?

El miércoles María Esther había quedado con una amiga. Después, fue a ver a un chico que le gustaba al gimnasio. Intercambió unas breves palabras con él y se fue. María Esther le llegó a decir que iba acompañada, pero él no consiguió ver a la persona que supuestamente estaba con ella. Después, se fue. Un testigo, que paseaba a su perro, la vio cerca de una pizzeria e, incluso, añade que le pareció ver a una sombra cerca de ella. Allí se pierde su pista. Lo más posible es que se dirigiera a su cita.

Su entorno les proporcionaría otra pieza del puzzle. La menor sufría acoso. Según algunos testimonios, la insultaban por su aspecto llamándola "gorda" y "fea". Ella nunca se quejó. Ni siquiera su madre lo sabía o lo había percibido. En su casa era una niña sin problemas aparentes más allá de los propios de su edad. En su interior, sufría el desprecio en silencio. ¿Los mismos que la insultaban eran los que quedaron aquella tarde con ella o fue alguien que conoció en las redes sociales? Algunos agentes se centraron en analizar sus movimientos en la Red, otros intentaban indagar en sus relaciones recabando datos de sus compañeros del instituto Escultor Higuero Martín y de sus padres a los que no interrogaron hasta el domingo, una vez finalizado el entierro de la niña en Paterna de Rivera, Cádiz, localidad de la que  es natural la madre de la menor.

La ciencia arrojaba mientras nuevos datos que estrecharán el cerco al asesino. El examen forense concluyó que María Esther no había sido violada. También que  se había defendido de su agresor. Los forenses encontraron restos biológicos en el interior de las uñas de la víctima así como tres pelos entre sus dedos. Según fuentes de la investigación, lo más probable es que la pequeña conociera a su asesino y quedara  con él en la caseta situada en las afueras de la localidad, lejos de las miradas de los vecinos. Por eso, su abrigo y un gorro estaban colgados cuidadosamente en una de las paredes del habitáculo. Sin embargo, el encuentro no fue como esperaba y tuvo que defenderse. Los restos hallados en su cuerpo serán la pieza más útil en la reconstrucción del crimen. Por eso, las pesquisas se centran en estos momentos en recabar el ADN de vecinos, amigos y familiares para cotejarlo con los restos hallados en el cuerpo. Si coincide, el rostro del asesino tendrá nombre y apellidos.

 

4 Comments
  1. Teresa says

    Niños que quedan en paradas de autobuses, que tienen la tele como único contacto con el mundo y principal entretenimiento, a los que desprecian llamándoles gordos, que un miércoles están en la calle a las 9 de la noche… A una de ellas la han asesinado a golpes en la caseta de una depuradora. Qué vida más triste. Me ha impresionado la infelicidad tan grande que se ve en las fotos de la madre de esta pobre niña. Mi más sentido pésame.

  2. Pharme976 says

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