Mourinho, el mejor fichaje del Barça

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Gesto característico de Mourinho durante un partido. / Esteban Cobo (Efe)

Cada vez que Mou abre la boca, a los jugadores del Barça les sube la adrenalina; nunca como en esta temporada se había visto a los azulgranas con tantos deseos de ganar; de golear, incluso. No cabe duda de que las palabras de Mou son para los jugadores culés como un señuelo; el hueso que se le pone al perro delante para que aprenda a localizar a las víctimas. Y Pep Guardiola lo sabe; apenas habla. Con todo, lo mejor es que al Barça, esta pócima extra de energía o ‘concentrado de entusiasmo’, le sale gratis. Sin duda ha sido Mourinho el mejor fichaje ‘oculto’ que ha hecho el equipo azulgrana esta temporada.

No necesitan los jugadores blaugranas que hable ya de ellos el portugués; lo hizo al principio de temporada y en alguna que otra ocasión, en las primeras jornadas. Y resultó ser suficiente. El leve vuelo de la mariposa en la antípoda provocó al fin la tempestad... Y no hay ya quien la pare. Ahora éstos (los jugadores), asocian el nombre de Mou a las ganas que les entran de demostrar lo que valen; oír tan sólo el nombre, ‘Mourinho’, les enardece y entusiasma, les lleva al compañerismo sin límites; concita su deseo de asociación como nunca... ¡Jamás el equipo de fútbol del Barcelona estuvo tan unido! De modo que hoy da lo mismo lo que diga el entrenador madridista, el efecto positivo par el Barça es palpable. José Mourinho está consiguiendo lo contrario de lo que pretende. Ruge la marabunta y toda la selva se ponen a trabajar para derrotar a la tormenta; eso es lo que ocurre. El Santo Predicador habló del Sporting de Gijón y de su entrenador, Manuel Preciado; de Miguel Ángel Lotina, entrenador del Deportivo de la Coruña; de Gregorio Manzano y del Sevilla; de otros muchos. Ahora habla del Málaga, de su técnico Manuel Pellegrini... Da igual ya de quien hable, toda esta liturgia que despliega el hermoso gurú sólo servirá para seguir alimentando las ansias de victoria del Barcelona.

Se entiende que el Real Madrid no pensase esto en su día. Al fichar a Mouriño no calibró que éste podría ser el mayor acicate para los azulgranas; pensar así hubiera sido retorcido. Pero lo cierto es que aunque el equipo azulgrana estaba bien armado ya —esto es cierto—, también podría imaginarse uno que, quizá, el Barça se dejase llevar por la vida muelle que le propiciaban tantos éxitos. Nadie contó entonces, desde luego, con el efecto Mourinho. Y hoy, sin duda, una buena parte del estado de gracia que adorna a los culés, la activa armonía de su juego y la decisión, parece que inquebrantable, de alzarse con nuevos éxitos, tiene bastante que ver, pienso, con el señuelo Mourinho. Desde luego, con lo que no contaban los azulgranas al empezar la temporada era con esta manita, con este estímulo semanal, que a modo de reconstituyente energético les está dando el fiero Mou con sus palabras.

Se supone que en el Madrid entendieron, cuando le contrataron, que un entrenador con tanta personalidad y criterio como Mou, independiente a rabiar en sus acciones, capacidad indiscutible para manejar situaciones límite y coherente en sus estrategias a más no poder, era lo que le convenía al equipo; eso sin contar la imagen que proyectaría del club. Mourinho es hombre guapo, se dice, y seductor... parece, si se atiene uno a lo que ve y oye en sus comparecencias.

Mourinho reunía las cualidades que necesitaba el Madrid para volver a ser ‘grande’. Se decía que el Equipo Blanco, para retomar la senda del éxito, precisaba de un ídolo y del ‘mejor’ entrenador. En realidad, más que un entrenador —de los que ha tenido muchos y buenos, últimamente— lo que le urgía a los merengues era encontrar su gurú; un sumo sacerdote; alguien que estuviese por encima de las frases huecas e insustanciales; alguien que huyese de los lugares comunes y de los tópicos en este mundo del fútbol. ¿Y quién mejor que el mago Mourinho? Él, con su cuchillo siempre dispuesto en la boca, sería la solución. Él, con sus frases afiladas y su soberbia dialéctica, pondría en su lugar a todo el mundo y elevaría a lo más alto, otra vez, al Madrid, como lo estuvo ya en otro tiempo. Además, iba a contar con algunos de los astros más rutilantes del fútbol mundial, como es Cristiano Ronaldo. Un Ronaldo que, si se mira bien, compone, junto a este entrenador, un tandem perfecto para generar filias y fobias a raudales, emociones fuertes, pasiones.

Con lo que no contó el Real Madrid, me temo, fue con que éste, Mourinho, venía a ejercer su sacerdocio a un país complejo y singular. España no es Inglaterra; ni siquiera Italia. Tampoco es un país cualquiera, como ya quedó escrito en su día para la historia, en aquel famoso eslogan turístico de la época de Franco: Spain is different. Eso es, diferente. España es la pasión, la envidia, la faciedad; España es una amalgama de reinos de Taifa dividido en otros mil reinos provincianos a su vez; es lo local, la provincia, la comunidad autónoma, la región... Es Don Quijote y Sancho Panza a la vez. Y a nadie de fuera va a permitírsele, por decirlo de forma suave, que venga a tocarnos las narices. Por eso ese discurso abrasivo de Mou (aunque, en general, verdadero, como lo son la noche y el día), incomoda tanto y a tantos. Porque, la verdad, no siempre va desencaminado en lo que dice. El problema es cómo lo dice... Y más problema aún son las respuestas que recibe. Ahí si que se lía.

Es evidente que cuando Mou dice que a él no puede pasarle lo mismo que le pasó a Pellegrini, porque si el Real Madrid le echa, iría a trabajar a un gran club de Inglaterra o de Italia, no al Málaga..., está ofendiendo, o al menos pegando una patada en la espinilla. Pero también podía hacerse caso omiso a sus vituperios y dejar correr la tinta, ¿no? ¡Pero cómo vamos a consentir eso!, clama el pueblo. Ah!, no. Y entones se lían a a tiros verbales por ahí y se acumulan los disparates.

Ofende tanto y más, y desde luego resulta más racial y menos aceptable por venir de quien viene, de un político, lo que opina, por ejemplo, el presidente de la Diputación de Málaga, Salvador Pendón. Y no porque haya llamado engreído y payaso al susodicho (aunque, supongo, que pidiendo, acto seguido, respeto para todos los payasos), sino porque resulta a todas luces excesivo decir que “el entrenador del Madrid está ofendiendo a la gente de Málaga”. Como excesivo lo es (además de populachero) que luego diga: “¿Qué se cree, qué tenemos sarna y vamos a contagiarle?”.

Así pues, que se ate los machos don Mou y vaya pensándose ya en dónde asentará sus reales, porque sospecho que en la Casa Blanca están ya hartos y hasta al gorro de tanto apagar fuegos. Creo que sólo falta que llegue un día el psicólogo y le diga al gran Florentino: “Señor Pérez, ¿se ha dado usted cuenta de la conexión que existe entre nuestro entrenador y el Barcelona? Cada vez que éste la pía, el Barça aumenta la ventaja”.

Y entonces se acabará la película... Desgraciadamente para el Barça.

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