Alegato contra la muerte digna: ¡Un gol… y a vivir!

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He visto detenidamente este vídeo de la Conferencia Episcopal, con el que bajo el lema Siempre hay una razón para vivir se pretende defender la vida. Y no acabo de entender el argumento. Bueno, sí lo entiendo, pero... Es que, por lo que se ve en el video, ninguna de las personas protagonistas de las cuatro historias que se narran parecen tener mayores problemas para vivir; se les atiende y parece que están confortablemente instaladas. No se les ve destruidas por el dolor insoportable, gritar de angustia, ni cubiertas de llagas, ni abandonadas a su suerte en la más absoluta soledad, ni perdidas... Ni desesperadas sabiendo que su muerte es inevitable; ni, por supuesto, se sienten sin voluntad para seguir adelante o destrozadas físicamente. No están solas en un mundo hostil. Al contrario, las personas protagonistas de este video que pretende ser santo y seña de la Jornada por la Vida que se celebra el 25 de marzo, no parecen tener mayores problemas para vivir; casi, casi que dan ganas de enfermar como ellas para “gozar” de esa calidez que les rodea y de ese ambiente “placentero” como el que se ve.

Pero la realidad no es así. Desgraciadamente hay miles de personas que cada día desean morir. Y no porque quieran suicidarse, no, sino por algo tan simple como saberse desahuciadas; por los insoportables dolores que no terminan nunca. Es decir, la vida de esas personas postradas, sin posibilidad de mejorar su situación, ni mental ni físicamente, es un tormento que se alarga sine die, sabiendo, además, que no habrá más salida para ellas que la muerte. ¿Qué sentido tiene entonces sufrir? No parece inteligente, ni desde luego humano, que esta especie que pretende distinguirse del resto de los animales por su capacidad para pensar, discernir, razonar, obligue a estos enfermos a prolongar el sufrimiento durante días, semanas, meses... sin recibir los cuidados paliativos o de sedación necesarios. No, no es admisible que con las técnicas y fármacos que hoy tiene a su alcance la sociedad se permita el dolor.

Volviendo al vídeo que tan “felizmente” nos muestra la Conferencia Episcopal para defender la vida, cabe decir que, como en casi todas las películas, tanto el tono como el fondo esconden truco; no sólo hay trucos técnicos, también en su expresión. Esas frases huecas, grandilocuentes... —‘Que la vida siempre es digna’, ‘que la enfermedad te hace más humano’, ‘que la vida es tuya pero no te pertenece’, ‘y por supuesto, que la vida es un don de de Dios’, ‘podría decirte que la vida es un regalo’...—, que ilustran las imágenes, darían para un tratado, ¿no? Pues no se trata aquí de la fe sino de la razón; de la razón a la que cabe en estos casos echar mano. Y a ella ha de apelarse, sobre todo. Por eso tampoco es “lo más recomendable” que se “tire” del fútbol para construir un vídeo cuyo argumento son la batalla entre la muerte y la vida. Con este maniqueo y escarbar en lo emotivo, supongo que se pretende estimular (o confundir, quién sabe) a los que dudan, sufren confusión, o tienen simplemente miedo a enfrentarse a la muerte que les ronda. ¡Hombre!, no creo que ni siquiera el gol que metió Andrés Iniesta en la final del Campeonato del Mundo de Sudáfrica sea suficiente argumento para querer vivir cuando no se puede más... Incluso aunque el fútbol sea esa pócima espiritual que hoy todo puede, y de la que este país “embobado” bebe, no parece que el final de este viaje de la vida pueda resolverse con un gol. Podría pensarse que, a falta de misas y comunión frecuente, los cristianos, como podría deducirse del video, se consuelan con el fútbol.

Por lo demás, lo mejor es escuchar a los expertos ¡que los hay y muchos! en favor de la muerte digna y de esos cuidados y sedación paliativa que a tantos miles de personas alivia cada día en su tránsito final. “Todos los seres humanos aspiran a vivir dignamente... Pero la muerte también forma parte de la vida. Una vida digna requiere una muerte digna”, recoge el preámbulo de la Ley de muerte digna andaluza. La ley fue aprobada en marzo del 2010 con el apoyo de todos los grupos parlamentarios, incluso con el respaldo de los obispos andaluces que emitieron un comunicado favorable. No se trata pues de otorgar derechos ilimitados a los enfermos, sino de ordenar los existentes para que, tanto pacientes como médicos, cumplan con sus deberes y derechos. En esta línea, Leire Pajín, ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, acaba de anunciar hace unos días que su ministerio está ultimando la Ley de cuidados paliativos estatal. No es una ley para regular la eutanasia, ha dicho, sino que lo que pretende es evitar el dolor innecesario a los enfermos terminales y garantizar los derechos los implicados. Se trata pues de, sin romper el marco jurídico, crear una norma que sirva para gestionar mejor la realidad que tiene hoy este país.

En todo caso, no es la mejor forma hacer discursos emotivos (véase el video citado), si se les quiere ahorrar sufrimiento a estos enfermos. La mejor forma sería que el legislador estableciese unas reglas del juego justas, a las que atenerse todos.

Por eso me ha chocado tanto el video de los obispos; por su simpleza y “amabilidad” cuando todo el mundo sabe que este es un tema escabroso y de sufrimiento. Pero está claro que aquí el que no corre vuela. Y ya se sabe que la Iglesia Católica no da puntada sin hilo. Ante la cercana tramitación parlamentaria de la Ley de muerte digna, ya empieza su jerarquía a ponerse la venda antes de “sufrir” la herida... que ellos creen que van a sufrir. Su primera andanada es este video. Luego ya se verá; vendrán, se supone, campañas más explícitas y agresivas en favor de la confusión, que es lo que interesa a quienes se creen en posesión de la verdad. Y entonces empezarán a mezclarse en un mismo saco conceptos como limitación de esfuerzo terapéutico, eutanasia, cuidados paliativos, sedación paliativa, etcétera; como ya ocurrió con Luis Montes, en el caso del hospital Severo Ochoa de Leganés, de tan infausto recuerdo.

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