Rosalía Mera, ‘patrona’ de los indignados

Imagen de archivo de Rosalía Mera. / paideia.es

En alguna caja fuerte de la empresa Inditex (Industria de Diseño Textil, SA), propietaria de Zara, entre otras marcas, debe guardarse a buen recaudo un voluminoso dossier en el que se narran las peripecias y “prácticas laborales”, nobles y no tan nobles, de esta multinacional en Marruecos. En este informe, que tardó varios años en elaborarse después de un exhaustivo trabajo de campo, se recogen, y se dejan entrever episodios que le sacarían los colores a esta señora, doña Rosalía Mera —ex mujer de Amancio Ortega, fundador de Inditex, y una de las principales accionistas de esta compañía, presidenta de la Fundación Paideia, y la mujer más rica de España, según la revista Forbes—, si tuviese vergüenza y respeto por quienes desde las acampadas en las plazas de España sueñan con cambiar el mundo o, por lo menos, que sea un poco mejor. Pero como parece que no la tiene, va ahora y se atreve a decir que respalda “sin fisuras” el Movimiento 15M. Y se queda tan fresca.

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Porque es sabido —así se describe en el dossier— que en los numerosos centros de producción, asociados y propios, que esta compañía textil tiene en Marruecos se cometen toda clase de tropelías y abusos. Abusos laborales: no se les paga ni siquiera el salario mínimo interprofesional a muchas de las trabajadoras. Abusos en la ubicación de talleres y fábricas: con frecuencia estos se encuentran en sótanos insalubres o en lugares escasos de luz o con deficiente ventilación y difícil acceso. Abusos por parte de los propietarios de algunos de estos talleres o de sus encargados que persiguen y acosan a las trabajadoras más vulnerables para satisfacer sus caprichos y vicios más rastreros e inconfesables. Abusos en los horarios: no se respetan, por lo que las empleadas tienen que trabajar con frecuencia más horas que las que luego se les paga. Abusos, en fin, empleando a menores por unas monedas; empleos estos que, como se sabe, están expresamente prohibidos por la ley; no sólo aquí, en España, también en Marruecos.

Que ahora aparezca doña Rosalía Mera exhibiendo sonrisa y poniéndose incondicionalmente al lado de los Indignados no creo que sea de recibo. Más bien se me antoja una falta de ética y una inmoralidad. Claro que, para entenderlo, hay que aceptar que vivimos tiempos difíciles y de confusión, en los que parece que todo vale. Tiempos de charloteo que se adoban con ruido y vulgaridad. Y si no ya se ve. Ahí están los voceros políticos, los economistas agoreros de malos presagios, los mercados, los expertos de todo tipo, los tertulianos siempre sabios, los divulgadores de mensajes no importa qué se quiera divulgar... Todos dispuestos a decir lo que sea con tal de seguir manteniendo vivo el cotarro y llenándose las alforjas.

¡Y no pasa nada! Una sociedad adocenada y pasmada, pensando siempre en el ocio, deambula por el borde del abismo que está a punto de abrirse ante este país. ¡Y no pasa nada!, insisto. Doña Rosalía Mera afirma, sin ningún rubor, que “tenemos que estar muy indignados, los que están acampados y la mayoría de la población”. Y lo dice como si ella fuera una más de las víctimas de esta crisis-depresión que ha dejado sin empleo a varios millones de personas y sin ninguna esperanza a algunos miles más. Lo dice ella que es “la mujer más rica de España”, con una fortuna amasada a partir de las plusvalías que generan esos centros de producción donde —no faltan casos— la explotación de las trabajadoras es evidente, como se desprende del informe citado.

Y prueba de que reina la confusión por encima de todo, de que ya no hay línea clara que separe lo que está bien de lo que está mal, lo ético de lo inmoral, es lo que ocurre estos días, sin ir más lejos, con la toma de posesión de los recién elegidos alcaldes y concejales, donde un número considerable de estos está imputado por corrupción. Y aún sabiendo la gente que son, cuando menos, sospechosos (los imputados) de no haber obrado bien, y que por eso el juez de instrucción les imputa, miles de personas les han votado. Algunos, incluso, han obtenido más votos en esta ocasión que en las elecciones  celebradas hace cuatro años. Así que, ¿de qué nos quejamos? La señora Mera dice las tonterías que dice —“yo participaría, sin ninguna duda”, responde cuando se le pregunta si se sumaría a las movilizaciones de los acampados— y se queda tan ancha. Y los medios de comunicación recogemos sus huecas palabras porque las consideramos noticia; cierto. Pero no colocamos al lado las de otras fuentes que, sin duda, la pondrían en su sitio señalando “su populismo”. Alguien debería responderle a esas frases hechas, obscenas.

Mientras, Rosalía Mera sigue amasando fortunas con las prendas que se venden en sus tiendas por todo el mundo, en las fábricas oscuras y miserables que las producen, miles de mujeres se dejan jirones de piel y sufren la explotación cada día. Podría decirse que del dolor nace la rosa y, con el dulce néctar que expele, la señora Rosalía Mera se dedica al compadreo de la solidaridad con desheredados e indignados. Cualquier día de estos planta su tienda en la Puerta del Sol.