Abusos y esclavitud en la industria textil

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Cada cierto tiempo, una ONG, un Informe o un Estudio en Profundidad logra hacerse un hueco en los medios de comunicación y llegar a la opinión pública para revelarnos una realidad vergonzosa que saca los colores a la sociedad y a la industria. Aunque, la verdad, enseguida superamos el mal trago y todo vuelve a ser como antes. Esta es la realidad.

Sobre el sector secundario, sobre el textil en particular, ya hace tiempo que sabemos que nuestra capacidad para el derroche —comprar media docena de prendas de Zara, por poner un ejemplo, o de cualquier otra marca, por un puñado de euros— es directamente proporcional a la explotación que, en régimen de esclavitud, a veces, sufren mujeres, niñas y niños en países del segundo y tercer mundo; allí donde los potentados del negocio textil o las multinacionales sin rostro dicen que han decidido “crear riqueza y empleo bien remunerado con posibilidad de que esas personas accedan al desarrollo y alcancen cotas más altas de crecimiento personal”. Esto es lo que se dice, pero es mentira. Hace tiempo que nos enteramos ya que el argumento es completamente falso.

Lo que si es verdad, como decimos, es que de tanto en tanto salta a los medios la noticia de que se ha “descubierto”, en algún país en desarrollo (en Brasil, no hace mucho, se dio el último caso), una industria textil que esclaviza a sus empleados. Pero no importa demasiado. La vida sigue y nosotros nos congratulamos de adquirir zapatillas de siete leguas, fantásticas, o camisas increíbles, a precio de saldo, hechas made in China, en Vietnam, Tailandia, Brasil o en cualquier otro país de los muchos en los que los trabajadores sufren estos abusos. Pero, ¿es que no podemos hacer algo para cambiar este estado de cosas? Pues no lo sé, la verdad. Porque, cuando pregunto a un amigo, director de una fábrica textil en Tánger (Marruecos) –con más de una década a sus espaldas dirigiendo a dos centenares de mujeres— si esto (lo de la explotación y demás) va a ser siempre así, él me asegura que en su caso paga incluso más de lo que marca la ley, respeta escrupulosamente los derechos laborales y sociales de sus trabajadoras y, por supuesto, no comete ninguna de esas tropelías que la leyenda negra cuenta que se dan por aquí... Como esos episodios de derecho de pernada que ejerce más de un desalmado explotador del textil... “Claro que no todos los empresarios somos iguales...”, concluye, dejando en el aire mil dudas.

Dudas que cobran viso de ser ciertas cuando hablo con alguien que conozco muy bien: un consultor que desde hace años se dedica a “estudiar”, a “analizar” en qué estado están esas fábricas y talleres marroquíes que trabajan para El Corte Inglés, Cortefiel, Mango, Inditex... (matrices, a su vez, de Zara, Bershka, Stradivarius, Oysho, Uterqüe, Pull & Bear, Zara Home, Massimo Dutti y otras marcas). Éste cuenta en privado —lógicamente, no está dispuesto a quedarse sin trabajo— que los abusos de muchos empresarios son más “incluso de lo que cabe imaginarse”. De sus palabras se colige que el empleo de menores es bastante habitual, que no se pagan las horas extras realizadas en muchos casos, que no siempre las empleadas están aseguradas, que algunos locales son sótanos inmundos sin ventilación ni luz natural, que existen subcontratas de subcontratas... Lo que significa que hay personas que cosen por pocos céntimos a la hora. Todo esto aquí, al lado, a menos de un centenar de kilómetros de ese primer mundo glamoroso y deslumbrante, de esta Europa de ensueño, en el que comprar ropa es un juego  agradable, pero tras el cual siempre hay casi siempre dolor, explotación, miseria y la quiebra de miles de sueños.

Portada del informe. / setem.org

Viene este preámbulo a cuento porque acaba de publicarse el informe La moda española en Tánger: trabajo y supervivencia de las obreras de la confección, realizado a partir de un estudio promovido por la ONG Setem para la campaña Ropa Limpia, en el que se cuenta lo ya comentado hasta aquí y mucho más.

Para que nadie dude de sus datos, la asociación marroquí Attawassol ha realizado 118 encuestas a otras tantas obreras de la industria textil del país. De lo dicho se desprende que al menos un 68% de estas mujeres realizan mas de 50 horas semanales de trabajo —la ley estipula que deben ser 48 horas como máximo—, un 30% supera las 55 horas y un 62% concluye, además, que “las pautas de trabajo con más carga laborar de lo habitual se repiten con frecuencia”. Y todo esto choca —sin duda, esto es lo más dramático— con ese “Código de conducta y buenas prácticas” al que las multinacionales dicen acogerse, y que siempre ponen por delante cuando alguien duda de su buen hacer y “mejor” comportamiento. El truco está muy claro: las multinacionales encargan informes a expertos que forzosamente van a concluir que quiénes trabajan para ellas no violan jamás el citado Código. Luego los guardan con llave a buen recaudo y se olvidan del tema —al menos hasta que estalle algún escándalo como el ya citado de Brasil—, mientras contratas, subcontratas, y subcontratas de las subcontratas... siguen haciendo y deshaciendo a su antojo, cuándo y cómo quieren, con sus empleados. De este modo, si alguien descubre alguno de estos abusos, y trata de poner contra la pared a la poderosa multinacional, ésta sacaría esos informes del cajón que avalan elCódigo... Informes que la exculpan y asunto concluido. Así funciona esto.

Pero volviendo a la campaña Ropa Limpia y al citado informe sobre La moda española en Tánger, que aquí cabe añadir, ¡esto es muy grave!, que entre las encuestadas, un 32% al menos dice no recibir ni siquiera el salario mínimo interprofesional garantizado (SMIG), que para el sector textil, en Marruecos, es de 10,64 dirhams a la hora, o de 2.011 dirhams al mes (178,72 euros). Asimismo se dice que, en no pocos casos, a las empleadas se les paga, especialmente a las niñas menores de 16 años a las que tampoco se les hace un contrato, menos de 6 u 8 Dh. la hora. Y en casos extremos, menos de 5 Dh./h. Tampoco se respeta esa jornada laboral de 8 horas por día que marca la ley, ni se abonan como corresponde las horas extras que, a veces, ni siquiera se reconocen, ni... Y no hablemos de abusos verbales y físicos que parece que también están a la orden del día. En el informe quedan claras las duras condiciones de trabajo que sufren estas mujeres marroquíes que además son el sostén principal, generalmente, de sus familias y las que cargan con todo el peso doméstico a diario. A las 12 horas en la fábrica que pasan muchas de ellas han de añadir otras 6 más de trabajo en casa. La arbitrariedad en la contratación o el despido sin más, si la señalada se niega a las exigencias de un jefe, son también prácticas habituales en el país, según el citado informe.

Finalmente, y a fin de resaltar el dramatismo de este estado de cosas, no puede pasarse por alto que es la sociedad en general, los gobiernos en definitiva, quienes con su silencio y aceptación la primera, y con su laissez-farie los segundos, quienes avalan esta terrible injusticia.

“Es mejor ignorar estas situaciones; al fin y al cabo las personas tienen un trabajo y si empezamos a perseguir a las empresas que no cumplan, buscarán otro país menos estricto”, resume, muy elocuentemente, una ejecutiva de la Seguridad Social marroquí en este dossier de Ropa Limpia.

Así pues, insistamos, no son sólo las poderosas multinacionales, los empresarios sin escrúpulos o la Administración de turno, los únicos culpables de esta situación. Somos también los ciudadanos, las personas de a pié uno por uno, los privilegiados de los cinco continentes, las que con nuestro silencio y consumiendo sin conciencia, permitimos que esta rueda infernal siga girando de la forma que lo hace: haciendo daño. Y si es así, ¿qué esperanza les queda a estos miles y miles de mujeres que van a vivir, como quien dice, atadas a una máquina de coser de por vida?

2 Comments
  1. celine says

    Este articulo pone las pilas, Joaquin. Hago una llamada a los CONSUMIDORES INDIGNADOS para que cesen sus compras en estos establecimientos y cuantos incumplan las leyes de derechos humanos, hasta que corrijan la indecencia.

  2. Luismi says

    Ropa sospechosamente barata y ¿seguro que nadie se da cuenta? Lo que pasa es que a nadie le importa, esa es la dura verdad. Lo que contaba Naomi Klein hace más de 10 años en «No Logo» sigue pasando. ¿Y por qué no, si a nadie le importa, ni compradores ni Estados?

    Y no nos engañemos, estas condiciones laborales cuasiesclavistas son el futuro que nos quieren colocar a todos (también aquí), para «mejorar la competitividad». Ya veréis la reforma laboral que nos va a caer…

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