Con el miedo en los talones… o como perder la salud poco a poco

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La ministra de Sanidad, Ana Mato (izda.), posa junto con directivas de la multinacional farmacéutica Merck, durante su visita a la planta biotecnológica que la compañía tiene en la localidad de Tres Cantos (Madrid). / msps.gob.es

¿Al fin pondrá las cartas boca arriba el Gobierno y nos mostrará (quién sabe cuándo) en qué Salud piensa al decir que no va a tocar las prestaciones sanitarias importantes? Como en la película de Hitchcock a la que alude el titular, una mayoría de españoles siente que el peligro les acecha mientras empiezan a ser conscientes de que en el futuro contarán con menos recursos y garantías para preservar su salud. Dicho de otro modo, para que se entienda: los recursos sanitarios serán a partir de ahora más escasos, en general; las listas de espera más largas; el tiempo desde que te enteras que tienes que operarte hasta que esto ocurre, infinitamente superior; vamos, que podrá usted morirse unas cuantas veces antes de pasar por el quirófano. Los fármacos se dispensarán con cuentagotas, o se evitará recetarlos (para ahorrar); la comida, quizá tengan que traérsela de casa, y puede que lo mismo ocurra con las sábanas... Vaya usted a saber en qué piensa ahorrar el PP esos cinco, siete o 10.000 millones de euros, ¡mucha pasta, eh!, que dice que va a dejar de gastar en Salud desde ahora mismo.

De modo que el deterioro del Sistema Nacional de Salud (SNS) parece asegurado. Aquel que hace ya tiempo consideraban los expertos, aquí y en el extranjero, como uno de los mejores del mundo, está entrando en barrena y pronto se empezarán a ver las grietas en sus muros, jaramagos  y otros hierbajos en sus jardines, y a la población penando porque los hachazos del tío Rajoy y la insensibilidad de los suyos no están por la labor de preservar el magnífico sanitario que tenemos. Y porque, como usted sabe muy bien, los que mandan en el PP son gente guapa, sana y nunca enferman; son de cartón piedra, es decir, insensibles, y por lo tanto no se mueren. Así que, ¿para qué necesitan un buen sistema sanitario? Ayer mismo escuchaba en una emisora de radio qué opinaba la población al respecto. Se le preguntaba a la gente por los recortes en educación y salud... Y como pajaritos sin aliento venían a decir las víctimas, la mayoría mujeres, “si nos quitan la salud, ¿qué nos queda?" Pues eso, ¿qué nos queda? Nos queda el miedo... y la muerte pisándonos los talones.

Sin embargo, la verdad no es la que nos cuentan el PP y su Gobierno; como no lo son tampoco sus argumentos la única salida. Ya se ha dicho en este blog que todo es cuestión de ideología; de establecer prioridades, de cómo se hace esa lista de valores que cada cual dice tener o de cómo se organizan los ingresos y los gastos..., en este caso, los de la Sanidad. Por ejemplo, parte de la situación de ahogo económico en la que vive el SNS —nadie lo niega— se debe al gasto desmedido en medicamentos. Aceptemos que con un crecimiento de gasto interanual superior al 10% no hace tantos años, muy por encima de lo que ha estado creciendo la partida sanitaria en los presupuestos, no iríamos muy lejos. Pero eso es una cosa, y otra muy distinta el desmantelamiento del SNS que parece estar tramando el PP.

Mas sigamos con los medicamentos. Se sabe que a la industria farmacéutica se le debe en torno a 7.000 millones de euros y 2.000 más a las oficinas de farmacia. Pero no se dice que esto es así porque esa poderosa industria nos vende cada año medicamentos como si fueran novedades terapéuticas (con el consiguiente incremento de precio) mientras les cambia sólo el nombre o el envoltorio, como si se tratase de yogures, chocolates o monturas de gafas, por citar sólo tres ejemplos de como el mismo producto cambia, casi cada mes, de presentación. Y los vende más caros, claro, que es lo suyo. La aspirina que tiene siglo y medio de existencia —ejemplo genuino y paradigma de eficacia en los cuidados de la salud— se nos ofrece ahora efervescente, con sabores a maracuyá (es un decir), o a naranja o a limón, y hasta en su envoltorio emplea la empresa Bayer algún truco para hurtarnos algunas unidades por caja, mientras el precio siempre sube. Pues así ocurre con otros cientos y cientos de medicamentos. Y mientras estos se conciban como productos de consumo y no de salud, será difícil contener el gasto.

Hace años, insisto, que las nuevas moléculas terapéuticas escasean. Pero la Administración compra las moléculas “novedosas” que aparecen sin rechistar. Que la FDA (Food and Drug Administration) norteamericana, agencia responsable de dar el visto bueno a los medicamentos en aquel país, haya afirmado en más de una ocasión que más del 80% de los fármacos presentados cada año como nuevos son simples reproducciones de los ya existentes, da que pensar. Y que un científico tan respetable como el Nobel de Medicina de 1993, el inglés Richard J. Roberts, haya dicho en una entrevista que “los fármacos que curan no son rentables por lo que se deja de investigar en ellos, ya que no le aportan beneficios a la industria, mientras ésta invierte cantidades ingentes de recursos en aquellos que atienden a la cronicidad...”, sigue dando que pensar. O que alguien que es reconocido entre los que más saben en España de farmacia y medicamentos (desea guardar su nombre) me comente que “con que se le exigiese a la industria farmacéutica mantener los precios mientras los medicamentos ‘nuevos’ no ofrezcan alguna novedad terapéutica, ya se ahorraría en farmacia en torno a un 30%” también da que pensar. Es decir, si en España se gastaron algo más de 12.211 millones de euros en fármacos en 2010, un 30% sobre esta cifra significaría algo más de 3.660 millones de ahorro. Cantidad nada despreciable, con la que se podrían “tapar”, con creces, esos otros agujeros del sistema sanitario que el PP quiere desmantelar. Pero no, a los responsables sanitarios de turno... ¡Que no le toquen este tema! Que a los laboratorios de farmacia se les deje en paz con su negocio.
Pero entonces, ¿qué se esconde detrás? ¿Se trata sólo de recaudación de impuestos y miles de empleos en riesgo si se propone cambiar de modelo? No creo que sea sólo eso. Será cuestión de ideología... De plusvalías y beneficios. Pues ya se ha visto qué ocurrió recientemente en Andalucía cuando la Junta pretendió pactar los precios de los medicamentos con la industria farmacéutica para conseguir un ahorro cercano a los 200 millones de euros. ¿Que ocurrió? ¡Que el Gobierno ha reventado la firma del acuerdo!, ha dicho, más o menos, la propia Junta.

Por eso, no cabe decir que viene el lobo, porque no es verdad. Lo que viene es que el PP sigue empeñado en organizar SU Sanidad. El manido  asunto del copago o que “los ricos paguen más por las prestaciones sanitarias que reciben”, como acaba de soltar así, a voleo, el ministro de Economía, Luis de Guindos, no deja de ser una boutade, el chocolate del loro, además de una maniobra de distracción mientras el Gobierno decide cómo empezar a desmontar el sistema sanitario; argucia para irnos preparando para cuando rompan los principios de universalidad y gratuidad de nuestro SNS, que en el fondo, creemos muchos, es lo que se pretende.

Ah, pero es que el mercado es el mercado, ¡los mercados! y eso exige dinamismo, beneficio, competitividad... Y “mantener al usuario asustado y en tensión para que no proteste”, añado yo. Todo con el fin de que compre, compre, compre, aunque lo que va a comprar sean fármacos. Una industria que representa el 1,8% del PIB nacional no puede permitirse el lujo de perder cuotas de mercado ni influencia, claro. Por eso la todo poderosa Farmaindustria —patronal de este negocio— no permitirá que los españoles se mediquen con racionalidad, utilizando el sentido común y no creyéndose las muchas novedades (falsas) terapéuticas que se les ofertan a diario en la televisión y otros soportes publicitarios.

No obstante, tratando de ser justos y de darle al Cesar lo que es del Cesar, tampoco se puede aceptar el despilfarro y descontrol que en materia sanitaria se dio en la última década. No se puede hacer un hospital en cada pueblo. Ni emplear recursos sin límite cuando la demanda es limitada o escasa; ni adquirir tecnologías de última generación a voleo —Fenín, la patronal de las empresas que suministran tecnología sanitaria, las que fabrican desde tiritas a marcapasos, asegura que la Administración les debe ya 5.500 millones—, que luego va resultar complicado pagarlas; ni firmar conciertos alegremente, con márgenes ocultos, con la sanidad privada; ni abandonar la Atención Primaria, columna vertebral de nuestro SNS; ni mantener cerrados los grandes centros sanitarios, ¡con todo lo que cuesta mantenerlos!, por la tarde por culpa de una inadecuada distribución de horarios; ni... etcétera, etcétera. Es decir, que la sanidad española ha de entonar el mea culpa, sí, pero esto es una cosa que nadie discute y otra muy distinta que el PP se empeñe en que comulguemos (nunca mejor dicho) con ruedas de molino y aceptemos que nuestro sistema sanitario está en quiebra y que, además de “eliminarlo” y, semiprivatizar, quizá, lo que quede, deban pagar por ello los más débiles.

3 Comments
  1. Icaro says

    Muy buen árticulo. Es una pena, que tanto los dirigentes del PP como los de el PSOE quieran acabar con una de las pocas cosas buenas que tenemos: la sanidad.
    Y los síndicatos…reclamando lo suyo. La Salud y la educación…no les importa.
    ¡¡Quepena de país!!

  2. Patronio says

    Que yo sepa, el sistema nacional de salud, universal y gratuito, del que hasta ahora hemos disfrutado los españoles es fruto de los diferentes gobiernos socialistas, muy especialmente de los de Felipe González. Pero si tú dices que el Psoe quiere acabar con la sanidad pública, pues nada, habrá que darte la razón o la perra gorda.

  3. Joaquín says

    Agradecerte la claridad y contundencia de tu articulo. Es verdad que la razón de fondo del PP es convertir la sanidad en un mercado directo, la salud en un consumo y a nosotros en títeres de hombres. Pero hay otras alternativas diferentes.

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