‘Caso Bretón’: punto y coma

José Bretón sale del furgón policial, el pasado día 28, en la finca Las Quemadillas, donde se realizaron nuevas pruebas periciales sobre la desaparición de sus hijos Ruth y José. / Salas (Efe)

Los investigadores de la Policía Judicial que llevan once meses detrás de lo que pudo haberles pasado a Ruth y José, los menores de 2 y 6 años desparecidos hace casi un año en Córdoba y por el que permanece en prisión preventiva su padre, José Bretón, lo tenían claro. Lo que sea que les haya ocurrido  ha sido en la finca de ‘Las Quemadillas’, propiedad de la familia. Los niños no habían salido de allí. Lo primero que hallaron cuando entraron en la parcela fueron los restos de una hoguera, aún humeante, que había sido detectada por el Infoca. Era ya la noche del 8 de octubre de 2011. Al día siguiente, agentes de la Policía Científica encontraron restos biológicos entre las cenizas. Se  hablaba de lo que podían ser fragmentos óseos, así como una mesa metálica con signos de oxidación térmica. Los policías ya barajaban que Bretón había matado a sus hijos y se había deshecho allí de sus cadáveres. Pero la respuesta del laboratorio fue negativa.

Sólo dos días tardó la antropóloga forense de la Comisaría General de Policía Científica en  asegurar, sin fisuras,  que los restos no eran humanos, sino de un animal. Las hipótesis múltiples: un perro, un conejo o, incluso, los esqueletos de estudio de Ruth Ortiz, la madre de los pequeños, veterinaria de profesión. Entonces no lo sabían, pero aquel informe le proporcionaría al padre, y aún único sospechoso, la coartada perfecta que ahora podría estar a punto de resquebrajarse.

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El documento pericial cercenó todas sus pesquisas. Allí no había nada de lo que esperaban. El documento era tan concluyente que no pidieron segundas opiniones. En una investigación policial sólo se piden segundas periciales cuando existen dudas razonables. No era el caso. No ante un informe tan categórico que sólo proporcionaba fuerza y validez a una tesis. Y empezaron, de nuevo, a buscar, en otra dirección. Tres días después llegó la Unidad Canina de la Policía Nacional. No hallaron nada. La Policía seguía sospechando de la hoguera y creía que Bretón había enterrado a sus hijos justo debajo, que la fogata era sólo para despistar. Pero en febrero, la investigación policial descubrió que Bretón se había hecho con 140 litros de gasoil un par de semanas antes de la desaparición de sus hijos. Él dijo que era para su coche, pero la familia de su mujer, Ruth Ortiz, no le creyó y  su abogada pidió otro informe forense sobre los restos de la hoguera. El juez lo autorizó y la Policía puso a disposición del forense todo lo que precisó para realizar la pericial.

Parte de esas dudas quedaron reflejadas este miércoles por el responsable de la investigación, el comisario de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV), Serafín Castro, en una intervención inusual en un caso abierto, en la cadena de televisión Telecinco. Castro aseguró  que le preguntó al padre durante las primeras horas de la investigación, muy cerca de la hoguera,  por el paradero de sus hijos. “En una ocasión, estábamos en una barandilla a dos metros de donde estaba el foco de la hoguera y yo personalmente le digo: ‘José, ¿por qué no terminamos ya con todo esto? Dinos dónde están los niños’. Y me dice: ‘Comisario, muy cerca, muy cerca’”. Sin embargo, ante el juez, lo negó y sólo acertó a decir que había quemado perros y gatos”.

Diez meses después, el informe realizado por el antropólogo Francisco Etxeberría, a instancia de la madre, y   el encargado por el Ministerio del Interior y realizado por José María Bermúdez de Castro Risueño, después de conocerse las conclusiones del primero, afirman que los restos pertenecen a uno o más individuos inmaduros. En el primero, se afirma que  los huesos son humanos y, además, se especifica incluso que se encuentra, por ejemplo, un fémur infantil de 6 años o fragmentos de arcos vertebrales infantiles. En el segundo, Bermúdez constata que lo restos corresponden a un niño de 6,22 meses de edad, con un margen de error de 43 días.

Intentemos traducir los tres informes periciales. El informe pericial con número 15.926 es el informe que la policía elaboró. A las 18.00 horas del 10 octubre comienza, según describe, el estudio pormenorizado de la hoguera que durará hasta las 03.00 horas de la madrugada. La prueba pericial parte de más de 120 fragmentos óseos, dos fragmentos de ropa calcinada, un elemento circular metálico, al parecer, un botón y varias piezas dentales. En el inicio del documento, se recoge cómo la técnico forense comunicó verbalmente a los presentes en el registro la naturaleza no humana de aquellos restos y cómo solicitó el análisis de la ropa y del botón para saber si la talla podía corresponder a la de un niño de 2 años y una niña de 6. El laboratorio que realiza dicho análisis concluye que la primera muestra de ropa corresponde a un resto de tejido de algodón, de color verde y de la parte de la axila de una camiseta, compatible con la talla de un niño de dos años, aunque podría pertenecer a tallas de otras edades. En cuanto al botón se especifica que no se trata de un botón sino de algún tipo de remache, falso botón o pieza similar. En cuanto a los restos, se concluye que son todos de naturaleza animal; de edad subadulta y de distintos tamaños (roedores, pequeños carnívoros, pequeños herbívoros, omnívoros). Además, se especifica que los huesos fueron sometidos a altas temperaturas (más de 800 grados) que provocaron distintos grados de carbonización. Conclusión: en esa hoguera no se ha producido la incineración de ningún cuerpo o resto humano.

El segundo informe, el realizado por Etxeberría, precisó que existían molares infantiles con características morfológicas claramente humanas, varios incisivos fragmentados de un individuo infantil e incluso vértebra humanas con los característicos canales o surcos que presentan durante el proceso de maduración esquelética. El antropólogo aclara que la incineración ha provocado una gran fragmentación de los huesos y dientes y que los tamaños de los restos oscilan desde el nivel pulverulento y de cenizas, hasta el granulado y las esquirlas y fragmentos  debido a temperaturas superiores a los 650-800º C como mínimo. Entre otras explicaciones, recoge que ninguna de las formas anatómicas de la muestra recuerda a fauna, sea salvaje o doméstica y que la totalidad de los dientes son claramente humanos. Se trata, afirma, al menos de dos individuos por la existencia de tres astrágalos (hueso del pie): dos son iguales en tamaño (pertenecientes a un menor de unos 6 años) y otro de menor tamaño, unos 21 milímetros. Esto es, se encuentran representados dos individuos infantiles de unos 6 y 2 años. A su juicio, además, los restos fueron quemados con sus partes blandas; es decir, cadáveres y no esqueletos.

¿Qué aporta el tercer informe? Mucho más breve que los dos anteriores,  dice que se trata de restos humanos de, al menos, un individuo de seis años y ochenta días, con un error de unos cuarenta y tres días, y cabe la posibilidad de que exista un segundo individuo. El autor del informe, Bermúdez de Castro, afirma que entre los restos identificables hay varios inequívocamente de seres humanos: piezas dentales en concreto: tres molares, dos premolares, cuatro incisivos, y otros restos y raíces dentales. Asimismo, afirma que la posibilidad de que el fragmento de íleon y el parietal sean de origen humano está fuera de toda duda. Otros, tienen un origen humano altamente probable y pertenecen a uno o más individuos inmaduros. Y, por último, existe un tercer grupo, sin posibilidad de identificación ni del elemento esquelético ni de la especie biológica a la que pertenecen, por lo que la posibilidad de que se trate de restos humanos debe de considerarse simplemente como una intuición del observador pero sin valor pericial.

Dos informes contra uno que coinciden en un único dato: las altas temperaturas a las que fueron expuestos los restos. Por su parte, Castro afirma que no se puede hablar de errores, sino de informes contradictorios. La forense autora del informe ha reconocido su error pero muchas dudas quedan pendientes. Una de ellas es si falló el protocolo. Los informes periciales de la policía deben ir firmados por dos peritos aunque es cierto que en la práctica, y ante el cúmulo de trabajo, los juzgados aceptan las periciales firmadas por un solo perito. El informe de la forense carecía de esa segunda firma pero estaba avalado por sus superiores. El Ministerio de Interior ha abierto una investigación para aclarar el error pericial en el análisis de los restos. Lo cierto es que no hablamos de una inexperta. En su haber figura su aportación al caso de los “Tigres de Arkan”, en el que su pericia fue determinante para llegar a la saber que le ocurrió al cadáver que se encontró descuartizado en el río Manzanares y que era miembro de los Tigres. También colaboró en la identificación de las víctimas de Spanair y las del 11-M.

La clave ahora está en el ADN de los restos. El Instituto de Ciencias Forenses de la Universidad de Santiago  está dispuesto a participar en el esclarecimiento del caso, aunque por el momento «no hay petición formal» . El Instituto ya realizó análisis en investigaciones destacadas como la del 11-M y la relacionada con las jóvenes de Alcásser. Lo cierto es que el caso puede llegar a su  final en breve. El fiscal también anticipó en unas declaraciones que Bretón acabará siendo juzgado por un jurado popular lo que hace pensar que ya podría estar barajando una acusación por asesinato, y no por detención ilegal, como hasta ahora.