Con la crisis se ahonda en la desigualdad

Cartel de la Junta de Andalucía para el Día de la Mujer.

Noelia anda con un tacataca, con pasos temblorosos y cortos. Mira de frente, a través de sus gruesos cristales. Apenas oye, pero permanece al pie de su negocio todo el día. Sentada, atiende a los clientes que se acercan a su garaje a pie de calle en busca de naranjas, patatas o cebollas directas de su huerta en Guardamar, un pequeño pueblo en la costa alicantina. Es su aportación en este negocio familiar que radica en una huerta que, como el resto, no pasa por su mejor momento. Las naranjas las trae su marido cada día de la finca. A él también le pesa la edad. Se refleja en su espalda corvada por los años y el trabajo duro del campo. Ambos son octogenarios. Noelia se casó pronto. No fue a la escuela y no sabe escribir, pero si leer. Su vida ha pasado entre la cocina, su hijo y ayudar al marido que trabajaba en la huerta familiar. Nunca pensó en buscarse la vida fuera de casa. Pero Noelia es una mujer trabajadora. De sol a sol. En casa y en el negocio familiar. Con apenas tiempo para pensar en sus intereses, gustos, proyección o carrera. En su vida nunca ha existido un hueco para este vocabulario. Ni para la conciliación laboral o, si quiera, para la igualdad laboral. Dice, casi con extrañeza, que nunca le han interesado esos temas, que nunca ha tenido tiempo para ello, pero confiesa que le parecen bien. La mujer debe poder elegir su futuro. Ella forma parte de ese modelo de mujer trabajadora  que, como dicen nuestros mayores, han levantado el país a la sombra de sus maridos. Y a la sombra de ella misma. “La mujer debe trabajar en las mismas condiciones que el hombre, pero nunca seremos iguales. No lo somos y en la diferencia está nuestra diferencia“, dice. Son palabras de sabia, de baqueteada en la escuela de la vida. Sobre este cimiento de mujeres que representa Noelia hay otro escalón que aspira a forjarse fuera de sus hogares sin la sombra de sus maridos o parejas. Ellas solas, proyectadas en sí mismas y hacia el exterior. Existe un abismo entre ambas generaciones. Un abismo que se mide cada 8 de marzo, Día de la mujer trabajadora, como lo llaman los organismos oficiales.

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Este 8 de marzo está marcado por la crisis. La crisis no ayuda; daña la igualdad. España ha pasado del puesto 12 al 26 en el ranking sobre desigualdad de género, según recoge el Foro Económico Mundial en su Informe 2012. Otro organismo, la OCDE, señala en su informe Desigualdades entre hombres y mujeres que las medidas de austeridad pueden resultar desiguales en términos de género. También la Comisión Europea critica que las mujeres europeas tendrían que trabajar 59 días más para situarse al mismo nivel salarial que los hombres. Según estos datos, la diferencia salarial entre hombres y mujeres es del 16,2% en toda la Unión Europea, lo que confirma una tendencia ligeramente a la baja respecto a los últimos años, cuando se situaba en el 17%. Esta reducción no se mide en términos de igualdad sino respecto al impacto especial de la crisis en los sectores dominados por hombres como la construcción. “La brecha sigue siendo muy amplia y gran parte de la evolución se explica más por la reducción del sueldo de los hombres que por el aumento del de las mujeres“, explicó hace poco Viviane Reding, vicepresidenta y comisaria de Justicia de la Comisión.

España tiene el mismo porcentaje de diferencia salarial por género que la media de la Unión Europea. En los extremos se encuentran Eslovenia, con una brecha del 0,9%, y Estonia en la cúspide, con un 27,7%. Sin embargo, los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sitúan esta brecha entre hombres y mujeres españoles en el 22,55%, y según UGT, las españolas trabajaron 82 días más que sus compañeros para percibir la misma retribución media anual.

Las cifras están ahí; son datos objetivos, pero los avances legislativos también tienen algo que decir. Éstos no lo son tanto; algo se ha frenado en el campo de la igualdad con la llegada del nuevo Gobierno. El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, marcó un hito en esta lucha con una frase que parecía recuperada de tiempos ya lejanos. “La libertad de la maternidad es la que hace a las mujeres auténticamente mujeres”, señaló.  ¿Es este el nuevo modelo de mujer que se favorece desde el Gobierno? ¿La vuelta al hogar?

Quizás sea significativo apuntar otro dato. La Asociación de Mujeres investigadoras y tecnólogas (AMIT), las mujeres cineastas y de los medios audiovisuales (CIMA); la asociación Clásicas y Modernas, por la igualdad de género en la cultura, y la organización de mujeres de artes visuales (MAV) con motivo de la celebración del 8 de marzo han firmado un manifiesto denunciando un retroceso en las políticas de igualdad en el sector cultural en el que la promoción se basa en procesos “poco o nada transparentes” que favorecen el corporativismo masculino. Dicen que, aunque hace décadas que hay tantas mujeres como hombres entre los licenciados, ellas no logran los puestos de responsabilidad. “Se da la paradoja de que el sector de la ciencia y la cultura, que debería favorecer la libertad y creatividad individuales sin prejuicios de género ni de ningún otro tipo, es uno de los más desiguales de la sociedad”, aseguran.

Según el manifiesto, una cultura creada principalmente por hombres “produce unos contenidos que refuerzan el protagonismo masculino” que pasan a la educación, “perpetuando y justificando la desigualdad“. Esta desigualdad produce un grave déficit democrático que contradice la letra y el espíritu de la Constitución y de la Ley Orgánica de Igualdad de 2007, así como resoluciones europeas. Por último destacan que apenas existen avances ya que, cuando la Ley de Igualdad estaba empezando a producir resultados, se ha iniciado “un vertiginoso retroceso, disminuyendo drásticamente las dotaciones presupuestarias tanto para cultura como para igualdad y demostrando una absoluta falta de voluntad política de hacer cumplir las leyes relativas a la igualdad“.

Lo cierto es que la ley de Igualdad daba en 2007 un plazo de ocho años para que las empresas incluyeran en sus consejos de administración un número de mujeres suficientes para alcanzar el equilibrio. Era un mandato no vinculante, sino un toque de atención. ¿Cuál es el balance? Solo uno de cada diez consejeros de las empresas del IBEX 35 son mujeres. Algunas voces como la de Viviane Reding quieren que se regule la paridad en los centros neurálgicos de las tomas de poder siguiendo el ejemplo de países como el de Noruega. La iniciativa cosechó críticas de todos los colores. ¿Obligar a las empresas decían desde los gobiernos de diferentes países?

La mejor política de igualdad es el empleo y la conciliación, el principal obstáculo para la equiparación. ¿Y en nuestro país? ¿Tiene cábida la política de igualdad en una política de empleo atenazada por la crisis?  Estas respuestas se ofrecerán hoy desde todas las instituciones, se leerán datos y se enumerarán medidas aprobadas y por aprobar. El Consejo Económico y Social (CES) certifica esta defunción. Tras un avance, ha llegado el tiempo del retroceso.  “El paro, el principal problema social, saca a las ciudadanas del mercado laboral y se convierten en inactivas. En este ambiente de desempleo y precariedad es difícil desarrollar medidas igualitarias en los convenios”, prosigue.

Por tanto, hoy, 2013, día de datos y celebraciones, faustos y promesas, la realidad es que seguimos sin estar en igualdad de condiciones, y quizás estemos un poco exhaustas. Pero, ojo, el cambio de mentalidad en el caso de las mujeres es imparable.