Desde la barrera

Imagen del dispositivo policial montando ayer en las inmediaciones del Congreso de los Diputados. / Zipi (Efe)

@ocupaelcongreso. 25 S. De nuevo, la música que sonaba era la misma. El mismo asfalto, las mismas vallas, el mismo escenario…que las últimas concentraciones convocadas frente al Congreso de los Diputados en el último año. De nuevo, la institución se alzaba aislada y custodiada por “furgonas” policiales. Las calles que rodeaban a la cámara de la soberanía nacional comenzaban a teñirse de azul sobre las dos del mediodía. Las vallas cerraban calles, las papeleras desaparecían de sus habituales decorados para impedir ocultar en ellas algún objeto susceptible de albergar algún momento ‘peligroso’. Los rostros de los viandantes se tornaban preocupados, hastiados y, algunos, expectantes. “No va a pasar nada”, decían muchos de los trabajadores del Congreso.  Una portavoz de la Coordinadora 25-S anunciaba  antes de la concentración que la marcha se trataba de “una acción” no violenta y, por eso, la plataforma sólo llamaba a hacer “un escrache al perímetro” del Congreso. La Plataforma ¡En Pie!, sin líderes visibles, había convocado el asedio a partir de las 17.00. En su documento de “estrategia y táctica“, un manual con consejos de guerrilla urbana, los convocantes buscaban una “masa enfurecida” para intentar desbordar a las fuerzas antidisturbios, más de 1.400 agentes.

En su convocatoria expresaban que habían elegido la fecha por la buena climatología, por la ausencia de exámenes y de festividad. El caudal de seguidores que esperaban eran, en su inmensa mayoría, jóvenes. Y algunos venían aleccionados. Se les veía entre la multitud. Idéntica vestimenta, capuchas y rostros tapados. Sobresalían, se dirigían unos a otros con consignas y se movían entre los asistentes que simplemente protestaban. No era difícil distinguirlos.

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Los primeros manifestantes eran adultos con banderas republicanas o con camisetas verdes a favor de la educación pública. Poco a poco, un goteo de manifestantes más jóvenes y con estética ‘antisistema’ llegaban y ocupan la primera fila junto a la valla. Mientras en la retaguardia los más mayores cantaban La Internacional o Grándola Vila Morena, el himno oficioso de la revolución de los Claveles portuguesa.

Las vallas separaban escenarios. Atemperaban emociones. Disuadían. Y ‘enfrentaban’ pensamientos. Ayer cumplían todos estos cometidos. Impedían la subida a la Carrera de San Jerónimo y frenaban a los asistentes ante los agentes que suponían el obstáculo final. En medio, la prensa como testigo de lo que sucedería entre unos y otros. Muchos ya señalizados con chalecos para alejarlos de los golpes de unos y otros o ése era el objetivo. Tranquilos, expectantes, escuchando los lemas que proferían los convocantes, observando la calma tensa y comentando la escasez de  manifestantes. La plataforma pretendía la dimisión del Gobierno, la disolución de las Cortes y la apertura de un nuevo proceso constituyente, y, a las ocho de la tarde, el punto más álgido de la concentración, no había logrado congregar a unas  2.000 personas.

La valla aguantaba la concentración. Los gritos pasaban de la policía asesina a la prensa manipuladora. “Pásate a este lado o estás con ellos”. “Zorra, de qué te ríes, paga mi hipoteca”. Un zigzag de palabras que no llevaban a nada. Insulto contra escepticismo. Y a pesar de los insultos tres plumillas nos acercamos a cambiar impresiones al muro impuesto e intercambiar una conversación a gritos. No importaba la posición de cada uno, ni las diferencias. En el fondo, y a pesar de las formas, las sensaciones eran las mismas; las del fracaso, las de la impotencia, las de una sociedad en declive que no logra salida, la de un sistema que carecía de un mecanismo representativo…La conversación empezaba a caldearse. Era imposible permanecer inalterable cuando todos percibimos los efectos de los ajustes, de la crisis, del paro, de los recortes… ¿cómo no estar de acuerdo con algunas de sus reclamaciones? Pero la violencia de sus gritos o de sus pretensiones les restaba credibilidad. “¿Y qué hacemos cuando no hay salida?”, respondía uno. Pulsar la calle en las aceras a pesar de los gritos debería ser una imposición para los que legislan. Acercar posiciones; atemperar medidas … La conversación giraba hacia el idóneo sistema representativo. ” ¿El de Inglaterra?”, preguntaba uno. Y más…el desgaste del 15M, la esclavitud de los medios a las empresas….los argumentos se entrelazaban hacia un lado y otro de la valla  tanto como que naciera el deseo de una conversación más sosegada. Hasta que llegó la violencia.

Poca gente congregada, pero nada evitó que la convocatoria acabara de forma violenta. Alrededor de las 20.30, un grupo de manifestantes inició el torpedeo de piedras y petardos al otro lado del muro. Y la Policía se lanzó a disuadirlos. Tan pocos asistentes había al otro lado que no les fue difícil dispersarlos. Entonces, llegó la orden. Fase 3. Acciones descentralizadas o, lo que era lo mismo, escaramuzas dispersas con ataques concentrados. Unos hacía Atocha. Otros hacia Alcalá. La mayoría, muy jóvenes, con el rostro cubierto, lanzando piedras, acorralando,  o intentándolo, a los agentes. Sin orden ni concierto. Con órdenes espontáneas que les impedían organizarse o tener cierto éxito. Algunos se llevaban la contraria y se echaban en cara ciertas acciones como la de cortar la Gran vía después de subirse a un Mercedes todoterreno negro que intentaba saltarse el atasco. “El del Mercedes, capitalista. ¡Qué listo¡”, le decían… y la dispersión proseguía hacia el barrio de Chueca arrasanso contenedores y arrojándolos a la carretera ya con la única intención de causar daño. Y, de pronto, uno se fijó en una transeúnte que les seguía los pasos. “Anda, la periodista: ‘vete, guapa, que aún te van a ver y te vas a llevar‘”, me dijo. Y el diálogo en las vallas empezó a desmoronarse. La violencia lo oscureció todo. La convocatoria quedó, de nuevo, en grupos violentos que arrasaban aquellos argumentos desde la barrera. Y atrás quedó el paro, y la falta de democracia…y las ideas de unos y otros.

La misma violencia  que había impregnado la convocatoria de “Asedia al Congreso”, que convirtió la iniciativa de marcado carácter antisistema en un fracaso reconocido incluso por algunos de los propios asistentes. Ni el 15M ni la Plataforma por los Afectados por la Hipoteca los había secundado los días previos.  Twitter certificó su defunción pasadas las 21.00. “Continuar con la Estrategia de Asedio dado el escaso apoyo social no tiene sentido”.