El oscuro monje shaolín

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Miembros de la Ertzaintza sacan una caja del gimnasio de artes marciales propiedad de Juan Carlos Aguilar, cuya imagen aparece en el cartel del fondo, tras descubrir en el interior del local a una mujer que había sido brutalmente agredida. / Alfredo Aldai (Efe)

No cuenta con antecedentes, sino con un brillante historial en artes marciales y un profundo conocimiento del budismo. No era partidario de la violencia y alardeaba de control mental. Fue el fundador del Monasterio Budista Océano de la Tranquilidad en España y el primer occidental en ser aceptado en el templo shaolín chino de Songshan. Era un guerrero capaz de doblar lanzas, caminar sobre fuego o ayunar hasta la extenuación. Parecía no sentir el dolor físico. Su cuerpo era de acero, casi como su mente. De ese guerrero no quedan más que las trazas.

Juan Carlos Aguilar o Huang C. Aguilar se ha confesado autor del asesinato de una prostituta checa y sospechoso de haber golpeado brutalmente hasta el coma a Ada, otra meretriz de 29 años natural de Nigeria. La Policía se pregunta si es su única víctima. Ayer rastrearon su lugar de trabajo, casa y las ría de Bilbao en búsqueda de restos de otras posibles víctimas. Si algo parece ya claro en la investigación es que su objetivo eran prostitutas sin papeles a las que posiblemente descuartizaba pensando que nadie las echaría de menos.

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Huang C. Aguilar no solía evitar las cámaras. En ellas se mostraba orgulloso de ser el primer occidental en acceder al templo shaolín chino al que llegó, según él, en 1992. Su maestría supo explotarla en diferentes platós televisivos en los que hablaba con la serenidad propia de un aventajado alumno de las enseñanzas orientales que había recibido. “Llevo años sumergido en el proyecto de forjar mi propio camino. Aplicando todos los estudios que he realizado: filosofía, teología, budismo, arquería, chi kung, pintura, escultura, diseño, música y artes marciales para desarrollar el Dharma y la esencia del Chan/Zen. Por eso mi camino se separa de toda organización, estilo o familia. Mi objetivo es dominar la mente y el cuerpo de manera suave”, expresaba en uno de los vídeos.

Según relató él mismo en el programa "Redes", los monjes actuales no distaban mucho de los originales. De hecho, decía, llevaban una vida muy similar a la de hace 300, 400 o 500 años. “La única diferencia es que ahora tenemos coches, aviones, móviles”, explicaba. El "monje español" protagonizó también todo tipo de vídeos promocionales que pueden verse en YouTube y que suscitan sorpresa o admiración por las exhibiciones de fuerza y destreza.

Todo es energía”, decía en uno de esas grabaciones cuando se le preguntaba por el secreto de un guerrero saolín [vídeo, abajo]. Nada de secretos ni de claves mágicas. “Las artes marciales siempre han sido una enseñanza normal, aunque en algunos casos tenían un potencial bélico y, por eso, en muchas ocasiones se las había prohibido. ¿Cuál es la realidad que percibimos? ¿Es lo que vemos y oímos lo que es, o hay algo más?", explicaba a Eduardo Punset.

Había algo más en Aguilar. Convertido en guerrero saolín, y de regreso a España, abrió su gimnasio de artes marciales en la calle Maximo Aguirre al que llamó ZEN4 y lo decoró como un antiguo t emplo. Allí enseñaba técnicas marciales como el Kung Fu. Se jactaba de haber enseñado a más de 10.000 alumnos. Después expandió su empresa con la apertura de otro negocio en la calle Particular de Costa. Se convirtió en campeón del mundo de Kung Fu en tres ocasiones y fue ocho veces campeón de España. Su formación budista le dio una fortaleza mental ahora ya quebrada. Aseguran fuentes de la investigación que Aguilar confesó hace poco a algunos de sus alumnos que tenía un tumor en la cabeza que le estaba volviendo violento.

Tumor o no, lo cierto es que, tras la detención, les contó que había empleado la misma violencia la semana pasada contra otra mujer, además de a la que hallaron en su gimnasio el domingo pasado después de que varios vecinos alertaran, primero, de cómo le habían visto obligarla a que entrara en el local y, después, de cómo escucharon gritos. La Ertzaintza tiró la puerta abajo y la encontró herida, atada de manos, pies y cuello. Aguilar estaba a su lado, vestido con un pantalón de chandal. Le había propinado tal paliza que le provocó el coma. En la inspección ocular los agentes hallaron bolsas de plástico bajo un tatami con restos óseos supuestamente de la mujer que confesó haber matado. El detenido parecía seguir una especie de ritual a la hora de matar a sus victimas, hasta ahora todas mujeres.

Según explicó el jefe adjunto de la Ertzaintza, Lucio Cobos, las bolsas de plástico no estaban muy escondidas. De hecho, el lunes hallaron más bolsas con restos en su domicilio y creen que puede haber tirado más a la ría. Quedan muchos incógnitas que descifrar, sobre todo en lo que se refiere a los motivos de los asesinatos. Los forenses deben determinar si los restos óseos hallados corresponden a uno o varios cadáveres. Los psiquiatras deberán desentrañar su mente. Como él dijo en uno de sus vídeos, “en las artes marciales no existe diferencia entre hombres y mujeres. Un padre o un maestro enseña lo mismo a su hija que a su hijo. Siempre explico en mis clases que las mujeres han tenido en muchos casos más potencia que los maestros más reputados, por una simple razón, porque un padre va a tener mucho más mimo con su hija porque sabe que va a tener mayores agresiones”. Será un análisis psiquiátrico el que aclare qué le motivaba a actuar contra estas mujeres a las que, decía, consideraba iguales y no pudieron repeler sus agresiones.