Los jóvenes beben, los padres pagan las copas… y las multas

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Imagen de archivo de varios jóvenes durante un botellón. / Efe

Hace unos días El delegado del Plan Nacional sobre Drogas, Francisco Babín, anunció, que “El Gobierno estudia sancionar a los padres de los hijos que repitan coma etílico”. ¿Sólo si repiten? Es la primera pregunta que se me ocurre, pero puedo hacer más. Por ejemplo: ¿Si los hijos se emborrachan regularmente, pero no llegan a entrar en coma, se sancionará a los padres también? Y si cómo viene sucediendo desde hace años, cuando los menores de edad beben en parques y plazas hasta hartarse, ¿se le pedirán cuentas a sus progenitores? O: ¿Puede haber algún argumento que suavice el rechazo por beber cuando se trata de menores? Finalmente: ¿Es aceptable que los adolescentes vuelvan a casa después de la media noche y, no digamos ya, después de las 2 o las 4 de la madrugada? Pues bien, a todo esto, la mayoría de las asociaciones de padres dicen que ellos no tienen la culpa y, por supuesto, están en contra de cualquier sanción.

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Entienden que la futura medida que baraja el Gobierno no tiene otro fin que “el recaudatorio”, reclaman “apostar por la educación”. ¡Apostar por la educación! A esto el profesorado responde que ya está bien de que cualquier problema social (drogas, alcohol, rebeldía, educación sexual, etcétera) acabe en la escuela; que ellos son docentes, sí, no los padres de los alumnos Y que alguna responsabilidad directa deben tener éstos en la educación de sus hijos. Sin embargo, hace ya años que la Unión Europea viene pidiendo a sus Estados miembros que se le preste una mayor atención al alcoholismo, en general y, en particular, que se impartan “programas educativos desde la infancia para concienciar sobre los daños que causa el alcohol”. Con todo, lo que parece más lógico es exigirle a los padres que se ocupen de que sus hijos no consuman alcohol a edad tan temprana y a los poderes públicos vigilar que las leyes se cumplan.

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Pero si la ley se ignora, como viene sucediendo hasta ahora, es “poco clara” o no existe... la situación se agrava. Y saltan todas las alarmas. Los casos de intoxicación etílica entre los jóvenes españoles se han duplicado en los últimos diez años. Hace ya más de una década que algún Gobierno debería haber tomado las medidas pertinentes para evitar esta lacra que dice tan poco en favor de nuestra sociedad. La laxitud está siendo tal que el último estudio de marzo del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) recoge que el consumo de drogas o alcohol entre los jóvenes está al mismo nivel de preocupación entre los españoles que el que se tiene por el medioambiente o la ganadería.

No es fácil encontrar razones que justifiquen que un menor de edad pueda bebe sin control y cuando quiera. Y para reforzar esta opción el Estado legisla, claro. Es lo que pretende hacer ahora el Gobierno del PP. Pero que nadie se llame a engaño, porque el poder del lobby que promueve el consumo de alcohol en España (y en otros muchos países) es tal que ni siquiera el Poder Ejecutivo se atreverá a ponerle coto. Las medidas que acaba de anunciar Francisco Babín, si al final se concretan en una ley (de momento son sólo propuestas de un anteproyecto), no son más que parches que no servirán para nada o casi nada.

Cuando se ve a grupos de menores, de ambos sexos, transportando botellas de alcohol por la calle en bolsas de plástico para celebrar un ‘botellón’ en parques y plazas, da que pensar; uno cree que nuestra sociedad “ha perdido el norte”. Cuesta entender que los jóvenes no tengan nada mejor que hacer que beber alcohol. Porque una cosa es una celebración puntual: un cumpleaños, la superación de un examen, una fiesta... Y otra, muy distinta, es el ritual de reunirse a beber cada fin de semana; el ritual de comprar litros de alcohol para beber cada viernes o sábado hasta ahogarse. Si el reunirse a beber es la principal actividad lúdica que esta juventud puede tener, apañado va este país.

Con todo, no es culpa de ellos, de los jóvenes; ni, por supuesto, de su total responsabilidad. Lo grave es que los padres lo consientan. Y más grave aún, que la Autoridad lo permita. Todos hemos visto a varios coches de la policía municipal “vigilando” esas reuniones, de cientos de bebedores... sin que lleguen a intervenir. ¿Están vigilando...? ¿Para qué? ¿Para que cuando haya coma etílico llevarlo al hospital enseguida?

Permitir que los jóvenes menores de edad beban alcohol es muy grave. Máxime cuando se sabe que el alcohol es una fuente de problemas de todo tipo que acabarán siendo crónicos en muchos casos. El consumo continuado de alcohol afecta al desarrollo cerebral y al sistema nervioso, a la memoria y al aprendizaje; propicia el cansancio y la descoordinación y, a la postre, perjudica la calidad del sueño. También tiene graves repercusiones en el crecimiento y en la madurez sexual; esto sin olvidar que es una fuente de grasa y acné. Muchos de los jóvenes que abusan del alcohol acaban teniendo importantes conflictos familiares, psicológicos o fracasando en los estudios. Y más adelante vendrán los accidentes de tráfico y la inadaptación social...

Y es que iniciarse en el consumo de alcohol antes de los 14 años (la media en España está en 13,7 años) se antoja inadmisible. Las estadísticas dicen que más del 75% de los menores de 18 años consume alcohol; un 48% de éstos empieza con 14 años, pero si se habla de los jóvenes de 18 años, el porcentaje de los que lo consumen habitualmente se eleva al 86%.

Lo extraño es que hayan tenido que pasar tantos años de botellón para que las autoridades se planteen ahora legislar al respecto y tomar medidas serias. Lo dicho, es muy difícil aceptar que los jóvenes españoles empiecen a destruir su vida tan pronto bebiendo...

Claro que para muestra un botón, el del Congreso de los Diputados, que deja bien claro la permisividad que se tiene en este país con el consumo de bebidas alcohólicas —el que más alcohol consume de la Unión Europea por habitante; unos 15 litros al año de media—. Si sus señorías, además de subvencionarse con los impuestos del restos de los ciudadanos sus cañas y copas de vino, consumen alcohol (aunque sea moderadamente) en su lugar de trabajo, no sé como van a pedirle moderación en este tema a los españoles. Y, para los jóvenes, ¡menudo ejemplo!

3 Comments
  1. juan gaviota says

    El alcoholismo es la enseña de la marca España,esto es duro ,pero vivimos en un país de alcohólicos ,y encima lo vemos bien,nadie se escandaliza por ver una manada de borrachos tirados en la calle, pero si una pareja se magrea en una esquina ó en el coche ,puede causar escándalo publico.
    No existe ninguna fiesta que no navegue gracias al alcohol, es consustancial con nuestra idiosincrasia.
    Si a esto le sumamos ,la falta de objetivos vitales,en la juventud,y la falta de cultura en los padres ,ya tenemos el cóctel explosivo.
    Todas las drogas y el alcohol es una DROGA DURA,sirven para alterar la conciencia de las personas que las consumen, y eso es porque la realidad que les abruma,les hace muy desgraciados.
    Dijo Napoleón ,que es mas fácil ganar una batalla que cambiar una costumbre;Si alguien se propone seriamente corregir esta degradación nacional,tiene por delante una tarea ingente, pero creo que esto no será así ,porque un país lleno de catetos alcoholizados ha sido y es muy fácil de manejar.

  2. gente corriente says

    Estoy de acuerdo con el artículo pero con puntualizaciones. En este país la patria potestad cada vez está más menguada. Si se condena a un padre por darle una bofetada a un hijo o a una madre se le dicta orden de alejamiento de su hija, es difícil que puedan educarlos. Y no estoy defendiendo que se pegue a los hijos. Estoy defendiendo que se apoye a los padres en la educación porque no todos saben educar (aunque es verdad que la mayoría son muy laxos) y el síndrome emperador se extiende por nuestro país.

  3. Tejerina says

    La formación de los hijos es asunto de los profesores y la educación de los padres. Si un chic@ bebe, la responsabilidad es de sus progenitores

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