Solidaridad y preguntas del día después en Compostela

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Alberto Ramos *

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Decenas de personas convocadas a través de las redes sociales, reunidas ayer en una concentración de solidaridad con las víctimas de la tragedia, en la estación de Santiago de Compostela. / Alberto Ramos
(Actualización de las 14:10 horas tras el recuento de fallecidos hecho por la Policía Científica)

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SANTIAGO DE COMPOSTELA.– El día después suele presentarse siempre como una prueba. Normalmente, de resistencia. Y todos los días, los de después también, arrancan con la pura rutina. Ahí empezó, con la rutina,  la resistencia en este negro 25 de julio, a primera hora, con el choque de las miradas contra las portadas de los diarios que, más allá de unas cifras que ya lo decían todo, se lanzaron a unas imágenes que, aún diciendo demasiado, resultan innecesarias. Así arrancaba el día después en Santiago, donde el  miércoles se registró el peor accidente ferroviario de las últimas décadas.

El descarrilamiento del Alvia Madrid-Ferrol, a la altura de Angrois, dejó un total de 78 fallecidos entre sus 218 pasajeros. A tal hora y según los datos de la Consellería de Sanidade, 87 personas heridas siguen ingresadas. De ellas, 33 se encuentran en estado crítico. Las familias de las víctimas, por su parte, esperaron a lo largo del día unas temibles confirmaciones que llegaban a cuentagotas. Ese es y no otro el balance provisional de la tragedia. Esos fueron y no otros los datos del día después. ¿Al rededor de esas cifras? Muchas imágenes, varios vídeos, demasiadas fotos. Y entre todas las instantáneas hubo una que, quizás, no decía tanto como las que invadieron las portadas. Tal vez, esa instantánea a la que nos referimos transmitía poco o casi nada. Puede ser que sea poco espectacular, que sea demasiado mundana. Quizás tan sólo dice una cosa: “Solidaridad.”

Eso es lo que dice esta imagen, porque era lo único que se escuchaba en el momento en que la fue sacada. ¿Qué momento? Las 20.41 horas. ¿Qué lugar? La Estación del Tren de Compostela, donde más de cien personas acudieron a la concentración de homenaje convocada a través de las redes sociales. En un contenido silencio, los congregados recordaron a las víctimas antes de aplaudir al unísono exactamente a la hora en la que, 24 horas antes, se producía el siniestro. Después, se repitió una y otra vez esa palabra, una de las más escuchadas la noche anterior, en la que los vecinos de Angrois fueron los primeros en auxiliar a los pasajeros de los vagones y en la que cientos de gallegos acudieron al llamamiento para donar sangre mientras que el personal sanitario y los agentes se afanaban en los trabajos de rescate.

Y fue solidaridad lo que se respiró en el Centro de Transfusión de Galicia, que agradeció a todos los donantes su inmediata colaboración. Tanta solidaridad se respiraba que el centro tuvo que decir basta. “La marea solidaria que experimentamos tras la mayor tragedia vivida en Galicia ha dado como resultado que las necesidades de todos los grupos sanguíneos han sido cubiertas”, anunciaba en un comunicado el  centro en la mañana de ayer para frenar el torrente de donantes.

Velocidad y seguridad

El día después también llegó cargado con la reiteración, sobre todo, de otras dos palabras. La primera, “velocidad”. Desde el momento en que se descartó la posibilidad de un atentado, las hipótesis sobre las causas del accidente apuntaron al exceso de velocidad. Según publica La Voz de Galicia, el tacógrafo -la caja negra del tren- confirmaría que el convoy entró a 190 km por hora en la curva, tramo limitado a 80 km. Por otra parte, el vídeo de la cámara fija en el que se recoge el descarrilamiento -filtrado en las primeras horas de la mañana de ayer- reforzaría la teoría del exceso de velocidad con el que entró en la curva el tren conducido por Francisco José Garzón. Ése el nombre del maquinista del Alvia Madrid-Ferrol que, tal y como publicó El País, comenzó a trabajar en Renfe hace treinta años y que, desde hace una década, es maquinista de Renfe. Garzón se hizo cargo de los mandos del tren  en Ourense, dando el relevo a su compañero, y actualmente se encuentra bajo custodia policial por orden del juez encargado del caso.

Por su parte, el Sindicato Español de Maquinistas y Ayudantes Ferroviarios  (Semaf) -al que pertenece Garzón- lanzó ayer un comunicado lamentando “el elevado número de víctimas” y mostrando su “apoyo” al maquinista “implicado en este trágico suceso”. Precisamente, el secretario general de este sindicato, Juan Jesús García Fraile, ha puesto el punto de mira más allá del maquinista y de la velocidad al señalar posibles deficiencias en el sistema de seguridad. Aquí surge esa otra palabra tan reiterada en el día después: “seguridad.”

En declaraciones a Radio Nacional, recogidas por Europa Press, García Fraile ha asegurado que el siniestro se hubiera evitado si el sistema de seguridad  ERTMS (European Rail Traffic Management System) -una especie de frenado automático independiente de la voluntad del conductor- estuviese implantado hasta la capital gallega, en vez de funcionar hasta 4 kilómetros antes de la estación. ¿Qué hubiera pasado en ese caso? “Pues no hubiera ocurrido esto”, aseguró Fraile en RNE, dejando claro que este último tramo no contaba con las mejores medidas que si están disponibles en gran parte de la red de alta velocidad.

Tales palabras llevaron la atención a la seguridad del trazado. Sus carencias fueron centro de debate desde primera hora de la mañana y, junto al exceso de velocidad, parecen ser las claves para que la investigación judicial pueda aclarar lo ocurrido, más allá de la posible responsabilidad del maquinista. Un maquinista muy cuestionado por la opinión pública, sobre todo, desde el momento en que salió a la luz una foto descontextualizada -es de marzo de 2012- y extraída de su perfil en Facebook -ya eliminado- en el que se podía ver un cuentakilómetros de un tren marcando 200 y varios comentarios jocosos sobre la velocidad.

Lutos y reyes

El día después, además de resistencia, fue de palabras reiteradas. Por encima de “solidaridad”, “velocidad” o “seguridad”, otras intentaron colarse entre las voces del día. Eran las palabras de las autoridades. El primero en hablar fue el presidente de la Xunta,  Núñez Feijóo, que decretó siete días de luto oficial. Poco después, Mariano Rajoy llegó a la zona del siniestro y anunció  luto durante tres jornadas en toda España. Por la tarde, las palabras fueron del rey Juan Carlos, que visitó primero el Hospital Clínico para después desplazarse al Policlínico de la Rosaleda. Precisamente, al mismo tiempo que el monarca se encontraba en este centro  privado de Santiago, decenas de personas se congregaban en la estación del tren de la capital gallega. Allí, al pie de las vías. no se escuchaba la voz de ningún rey ni de ningún político. Lo que se escuchaba era silencio. Lo que se escuchaba era respeto. Después, lo que sonó por encima de todo fue una simple palabra: “Solidaridad”. Y no solo en la estación de Santiago. La misma imagen, a la que nos referimos al principio, se reprodujo en las estaciones de tren de toda Galicia. Pero sólo es eso, otra imagen del día después. Quizás, tal vez, diga poco o casi nada.

(*) Alberto Ramos es periodista.
2 Comments
  1. por joder un poco !! says

    se deberia empezar a hablar de los recortes y privatizaciones del mantenimiento de renfe desde principios de 2012, para compensar las cazas de brujas que ya pululan por ahi.

  2. Verbarte says

    El tren de la solidaridad es el único que ha funcionado con una precisión y una velocidad muy superiores a las de cualquier AVE y, por supuesto, a la de cualquier cadena de televisión. http://wp.me/p2v1L3-me

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