El hombre del entrecot, o cómo disfrutar comiendo y no coger peso en Navidad

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Dulces típicos de Navidad que 'ayudan' a coger peso. / turronesydulces.com

Éste era un hombre que vivía preocupado por su peso. El bombardeo continuo de familiares, amigos y publicidad institucional recordándole, casi a diario, la lista de enfermedades que el exceso de kilos provocan, hizo que al fin se decidiese a ir al médico; para ser más exactos, visitó a un nutricionista. Y éste, como es preceptivo, le pesó, le midió el porcentaje de grasa, escudriñó sus hábitos, y le puso una dieta; al principio muy restrictiva, luego ya más suave. La cosa iba bien. Pero nuestro protagonista tenía un vicio del que no se atrevía a desprenderse: salir a cenar cada viernes con su mujer y se comía un entrecot de medio kilo con sus correspondientes patatas rehogadas con mantequilla, la botella de vino...

Luego, cada lunes, rendía al nutricionista la visita de rigor. ¡Y siempre llegaba con la misma cantinela! Es que no lo puedo evitar, doctor... No lo puedo evitar. “Pero, hombre, búsquese usted un sustituto para ese entrecot; algo que le complazca igualmente. ¿Es que no hay nada en la carta que sea de su agrado... que no sea ese entrecot”, le argumentaba su médico. “¡No ve que está usted tirando por tierra el esfuerzo que hace durante la semana!”

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Hasta que... ¡Eureka! Nuestro hombre entró en la consulta un buen día con una sonrisa de oreja a oreja. “Qué, ¿se ha producido el milagro?” le inquirió el vigilante de su dieta, intuyendo que algo pasaba. "Efectivamente doctor, el viernes se me ocurrió, la verdad no sé como ni por qué, ponerme a mirar la carta y... ¡Había unos espárragos gordos...! ¡Tenían una pinta...! En fin, los pedí a la plancha... Y, ya puesto a hacer las cosas bien, me dije, cambiaré el vino por agua... Y, ¡oiga, cómo dormí esa noche, doctor, qué bien dormí! El sábado me sentía otra persona... Qué quiere que le diga".

Y así fue como el ‘Hombre del Entrecot’ —llamémosle así aunque, no crean, tiene nombre real y apellidos— aprendió a comer de otra forma, a disfrutar de la comida igualmente y a controlar el peso.

Claro que ustedes dirán: Pero qué tristeza... si no volvió a comer un entrecot en su vida... ¡Pobre hombre! ¡Con lo que le gustaba la carne! ¡Pues también vivir para eso...!

Ah, pero es que, como cualquier otro cuento, éste también tiene epílogo. Sí, sí, nuestro protagonista volvió a comer carne, faltaría más. Al cabo de un tiempo, y una vez hubo consolidado el hábito de controlar qué comía, el Hombre del Entrecot retornó a salir a cenar cada viernes con su mujer y a pedir su chuletón favorito (eso sí, a la plancha y sin patatas rehogadas con mantequilla). Pero, para entonces, ya habían sucedido dos cosas: una, que había perdido el peso que necesitaba perder. Y dos, que había aprendido también que el sábado, e incluso el domingo, debía reducir la ingesta de calorías. Los sábados tomaba ensaladas, frutas, nada de grasas... Y el domingo comía ya normal, pero en menor cantidad. Con lo cual, cuando llegaba al lunes “había amortizado” ya (y equilibrado) los estragos del consabido y ‘famoso’ entrecot.

Esta historia viene a cuento motivada por los días que estamos viviendo. La Navidad suele ser un tobogán por el que se deslizan ahítos miles y miles de españoles que, cuando caen en la cuenta, al día siguiente de Reyes, de todo lo que han comido, se desesperan. La invitación a comer a todas horas es tan seductora e insistente que, aún estando en alerta, son muy pocos los que no terminan ahogados, por decirlo de algún modo, de tanto comer. Por eso es tan importante no olvidar le que el Hombre del Entrecot ha aprendido. Su reflexión es la cuestión es la que hemos de tener en cuenta.

Frente a la desmedida oferta gastronómica navideña siempre caben atajos. Es fundamental contar con un ‘buen manual’ que nos guíe para, sin dejar de comer, comer distinto o, en última instancia, ‘comer mejor’. O sea: hacerlo de forma más sana e ingiriendo menos calorías.

Veamos que atajos se pueden tomar y cómo sobreponerse, o cómo llevarlo mejor,  frente al bombardeo constante de la oferta nutricia. Lo primero es reafirmarse en que el ejercicio físico que habitualmente se hace no debe abandonarse por nada del mundo estos días; al contrario, hay que ser más constantes si cabe, tener más voluntad, proponerse que no pase ni un sólo día sin salir a caminar, correr... o hacer lo que sea para oxigenar ese cuerpo embotado de tanto comer y beber. Esto ayudará a quemar esas calorías de más, tan alegremente ingeridas. Y luego está la elección. ¿Qué se come? Hay que contar hasta diez antes de... ¿Me sirvo un canapé de salmón o uno de tomate con queso fresco?, ¿una ración de berenjenas a la plancha o una de riñones a la manteca de cerdo? ¿Preparo una ensalada de espárragos con corazones de alcachofas o una de pasta con jamón picadito, queso curado...? Ah, el saber elegir los platos que reducen la ingesta de calorías es otra de las claves que evitarán que al día siguiente de Reyes uno se encuentre con 3, 4..., o quién sabe cuántos kilos de más.

Muy sucintamente, les propongo estas reflexiones sobre un posible menú: Para empezar, mejor hacer ensaladas (con verduras frescas o frutas) que reducir la creatividad a colocar en la mesa una amplia batería de embutidos y quesos. Igual que es mejor esmerarse en preparar al horno la carne o el pescado que pasarlo por la sartén o guisarlo con una amplia guarnición y abundancia de aceite. Evítense las salsas; mucho mejor es recurrir a las verduras frescas crudas o a pasarlas por la plancha. Y sobre postres, ¿qué decir? Todo el mundo sabe qué engorda más y qué engorda menos. Una buena ensalada de frutas o la fruta presentada tal cual es infinitamente más sano que acercarse (aunque sólo sea acercarse) a los consabidos pasteles  o al turrón. E igualmente ocurre con las bebidas... El agua es un regalo de los dioses que no hace daño.

Al final, como ven, todo se reduce a tener más o menos sentido común... Y a aprender. ¡Aprende a comer!, ésta es la clave.

Este es el mensaje navideño que desde A tú salud quería mandarles; simple y sencillo: si es cierto que cuesta adquirir hábitos nuevos —no seré yo quién lo niegue—, la verdad es que una vez adquiridos, la recompensa es tan grande y tan evidentes los resultados que ya no se va a querer volver atrás. Quienes superan la prueba del entrecot, llamémosla así, y en consecuencia consiguen controlar su alimentación y su peso, además de tener mejores digestiones, piel más limpia y sana,  estos días contarán hasta diez y... ya no se lanzarán sobre los platos de embutido o de marisco, guisotes de carne, turrones, mazapanes y todas esas, esas cosas...  que,‘venenosillas’ ellas, minarán su salud. ¡Salud!

2 Comments
  1. Jonatan says

    En Navidad, indulte usted a un animalillo, hombre, y cómase una buena quiche de calabaza y puerros gratinada con ralladuras de anacardos. Hágase vegano y disfrute y deje disfrutar de la vida al mundo mundial. ¡Feliz Año Nuevo a todo el mundo!

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