Un año con el Papa Francisco: luces y sombras

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Lucia Magi *

El papa Francisco saluda a su llegada a la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano, la semana pasada. / Maurizio Brambatti (Efe)
El papa Francisco saluda a su llegada a la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro (Ciudad del Vaticano), la semana pasada. / Maurizio Brambatti (Efe)

ROMA.– Jorge Mario Bergoglio se asomó al balcón de la Basílica de San Pedro a las 20.10 del 13 de marzo de 2013. La chimenea de la capilla Sixtina había anunciado su elección con la fumata blanca una hora antes. El Papa apareció sin la moceta roja y con una cruz de hierro al cuello. Saludó con la mano, escuchó el himno vaticano y luego sonrió y dijo: “Fratelli e sorelle ¡buonasera!”. Fue el principio de una revolución de estilo: más cercano, sencillo, directo. “Desde los primeros instantes - comenta Sandro Magister, influyente vaticanista del semanario italiano L’Espresso- , el Pontificado de Francisco se caracteriza por un cambio expresivo fortísimo respecto a sus predecesores. No se trata sólo de un rasgo retórico, sino que se concreta en la estrategia de acción del Papa. Este Pontífice quiere conquistar una gran popularidad, gracias a su insistencia sobre temas y maneras de expresarse que le acercan a la sensibilidad de todos. No habla sólo a los católicos, sino que quiere la atención también de ateos y personas con creencias distintas. A cada uno dice algo que corresponde a su propia expectativa”. No es casual que decidiera conceder entrevistas a los diarios de más difusión en Italia y empezó justo con La Repubblica de vocación izquierdista y laica.

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La situación en la que se encontró al reinar sobre la Iglesia ese hombre “llegado casi del final del mundo” era revolucionaria de por sí. Codo a codo, arrodillados en el mismo banco, concentrados en la oración, los dos vestidos de blanco. Lo que hace un año parecía impensable, ocurrió el 23 de marzo, cuando el Papa Francisco voló a Castel Gandolfo, la residencia estival de los Pontífices, para saludar a su predecesor Benedicto XVI, el primer Pontífice en renunciar a su ministerio en siete siglos. El 2 de mayo, el Papa emérito se fue a vivir a un convento ubicado en el Vaticano. “Entre los dos se estableció enseguida un estupendo equilibrio. Nadie con cierta cordura puede cuestionar una relación de sincera amistad y estima”, dice Andrea Tornielli vaticanista y director del sitio VaticanInsider. Algunos analistas dijeron que la renuncia de Ratzinger se debió a presiones internas y no sería válida. Pero el mismo Benedicto XVI le escribió a Tornielli: “No existe la más mínima duda sobre la validez de mi renuncia. La condición para que sea válida es la libertad de la decisión. Las especulaciones sobre la invalidez de mi renuncia son absurdas”. En la entrevista con Corriere della Sera, el Papa lo definió “como un abuelo” que da consejos y fuerza a la Iglesia.

El 13 de abril, el Papa celebró el primer mes de Pontificado, nombrando un Consejo de 8 cardenales que deben estudiar y asesorarlo en los cambios que urgen dentro de la Curia: excesiva burocracia y repetición de funciones hacen de la reforma del Gobierno central una prioridad. Una necesidad para mejorar la imagen de la Iglesia y su misión. El C8 se h reunidos ya dos veces pero no trascendieron decisiones muy concretas. “Cuando se cumple un año de pontificado, es normal trazar balances”, opina Iacopo Scaramuzzi, experto de VaticanInsider y de la agencia TMNews. “Algunos comentan que esperaban más resoluciones de esta ‘mesa redonda del Papa’. Pero hasta el Papa en Brasil declaró que serán necesarios al menos dos años para cosechar resultados. Creo que la tarea se está revelando más ardua de lo que pensaban al principio”, señala. Está de acuerdo Magister: “No creo que pudiera haber hecho más de lo que hizo. A mi juicio el ritmo de acción de Francisco es muy alto, con palabras y hechos”. Pero esto también puede ser un problema: “La prisa se paga - evalúa el vaticanista de L’Espresso - No siempre Francisco hizo nombramientos bien preparados. Por ejemplo, el prelado del IOR (Instituto para las Obras de Religión, más conocido como Banco Vaticano) sigue siendo aquel Monseñor Ricca acusado de ‘conducta escandalosa’. No es el único nombre que se reveló como un paso en falso. Pero los errores se perdonan al Papa porque son absorbidos por una popularidad que sigue siendo muy alta”.

Los asuntos económicos, de hecho, reservaron algún que otro problema al nuevo Papa. Tras sus presiones, dimitieron los directivos del IOR: el director general Paolo Cipriani y su brazo derecho Massimo Tulli. Pocas horas antes fue arrestado Monseñor Nunzio Scarano, el hombre que administraba el patrimonio de la Santa Sede. El Pontífice instituye dos comisiones especiales que se encargan de estudiar la gestión del dinero vaticano. Una controla la transparencia y las cuentas del IOR; otra escudriña la entera estructura económica de la Santa Sede (entre sus miembros hay una mujer laica). Como consecuencia, el IOR desvela sus cuentas por primera vez en la historia (29 de septiembre) y se crea un superministerio de Economía que controla y centraliza la gestión de dinero y bienes (finales de febrero). “El apartado económico es uno de los aspectos en los que ha trabajado más Francisco -considera Scaramuzzi-. Estas cuestiones no estaban entre sus prioridades, como confesó en la vuelta desde Brasil. Pero el escándalo le explotó entre las manos y tuvo que cambiar su agenda. Actuó rápido. Es verdad que de momento todo está en obras y hay que recoger los frutos más adelante”. Hay que recordar “que todavía no existen los estatutos del nuevo Ministerio - dice Magister - es una señal de la prisa de Francisco en querer hacer cosas que complacen las expectativas de los observadores”.

A los tres días de ser nombrado Papa, hablando a los periodistas que cubrieron el Cónclave, el Papa explicó cómo se le ocurrió elegir el nombre de Francisco, el santo medieval que renunció a sus riquezas. “‘No te olvides de los pobres’, me recomendó mi amigo el cardenal de Sao Paulo, Cláudio Hummes. ¡Ay como querría una Iglesia de los pobres y para los pobres!”, exclamó. A partir de ese entonces, comenzaron a llegar una serie de actos coherentes con estas palabras: el lavado de los pies a los presos de una cárcel romana el jueves santo; la visita a la isla de Lampedusa a donde arriban las barcazas de inmigrantes africanos; el cambio en la programación de la Jornada Mundial de la Juventud de Río para acudir a una favela de la metrópolis brasileña. Reflexiona Magister: “Se trata de un expediente comunicativo que linda con la retórica. Bajo este punto de vista, el Papa Francisco, del que se ha escrito mucho sobre su pasado, no innovó nada. En sus viajes, Juan Pablo II iba a cualquier sitio mezclándose con todas las situaciones más dramáticas. Cada vez que iba a un lugar con problemas serios de pedofilia, Benedicto XVI convocaba a las víctimas y se entrevistaba con ellos. No hay que olvidar los gestos de los de antes. La diferencia es que el Papa Francisco encontró un modelo comunicativo extraordinario y eficaz, que transforma todo en algo nuevo”.

Un modelo que tiene una frase símbolo, pronunciada justo en la mitad de este año. En el vuelo que le devolvió a Roma tras el viaje a Río, a finales de julio, el Papa Francisco contesta a un periodista que le pregunta sobre la posición del Vaticano sobre los homosexuales. La respuesta será titular de los diarios durante días y marca el Pontificado: “Si una persona es homosexual y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgar?”. “El riesgo de ser instrumentalizado es fuerte - opina Sandro Magister -, pero el Papa lo corre conscientemente. Hizo una apuesta y cuenta con ganarla. Su cálculo es crear grandes expectativas placenteras, de consuelo, que corresponden a las expectativas no solo de los fieles, sino de la parte de sociedad que solía chocar con la Iglesia. Bergoglio quiere derrotar al adversario - el secularismo, el relativismo - sin combatir en el terreno de los valores, sino simplemente desarmando al contrincante, quitándole argumentos con la fuerza de su popularidad”.

“Considero la más grande novedad del Papa la discusión sobre la familia actual, aunque solo está en estado embrional”, sigue Scaramuzzi. El Pontífice puso en marcha una maquinaria inmensa de debate y convocó dos Sínodos especiales sobre el tema, uno en octubre de 2014 y otro en 2015. “Hizo efectivo el rol que el Concilio Vaticano II imaginó al instituir el Sínodo. Nunca hasta ahora fue utilizado para crear participación y colegialidad sino que siempre fue un órgano de consulta, sin valor vinculante. El Papa Francisco convocó dos y los quiso preparar con el envío de un cuestionario a los obispos con preguntas concretas -los divorciados que se vuelven a casar, contraceptivos, las nuevas formas de familias- para tomar el pulso de los fieles. Todo el mundo espera grandes decisiones sobre estos asuntos. Aunque él no lo llame así, es como un Concilio Vaticano III”.

A principios de febrero, la ONU criticó a la Iglesia por no haber hecho lo suficiente sobre la pedofilia y los escándalos de sacerdotes abusadores. “El ataque (de la ONU) fue muy violento, no solo en el terreno de la pedofilia, sino contra muchos pilares de la doctrina como el aborto y la homosexualidad -considera Magister-. El Papa dejó pasar un mes y dijo que la Iglesia hizo más que cualquier otro Estado en la materia. Como siempre, no se involucró en batallas ideológicas. En noviembre se anunció una Comisión para formar sacerdotes y prevenir la pedofilia y en marzo no hay noticia de ello”. Según Scaramuzzi, “tampoco se han dado pasos hacia las sanciones contra los culpables de abusos”. El experto cita como ejemplo el caso del ex nuncio apostólico en República Dominicana Josef Wesolowski, acusado de violencia a menores en ese país. “Fue llamado a Roma y no sabemos nada: con las nuevas normas , debería ser juzgado por la Congregación de la doctrina de fe y por el Tribunal vaticano. Pero aún no se ha movido nada”.

(*) Lucia Magi es periodista.
3 Comments
  1. juanjo says

    hombre, puede haber papas buenos y papas malos, papas conservadores y papas progresistas y hasta es posible (¿Qué podría impedirlo?) que mañana una mujer llegue al papado

    Pero lo que resulta absolutamente incompresible es que a la altura del siglo XXI se continúe hablando en serio de las aberrante supersticiones y hechicerías eclesiásticas.
    Y máxime cuando tiene la historia que tiene

    ¿Recuperará algún día nuestra sociedad el sentido común?

  2. Desconfiado says

    Y otro error,sensible, el que haya nombrado Cardenal a un obispo malagueño que tiene ramalazos muy conservadores en materias que no conciernen a la Iglesia.

  3. casas rurales con encanto en ademuz says

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