Cada 15 segundos una mujer es agredida en algún lugar del mundo

Detalle de un panel informativo instalado en una calle de Pontevedra, que forma parte de la campaña contra la violencia machista promovida por el Ayuntamiento para hacer ver que la agresión física va precedida de la verbal. / Salvador Sas (Efe)
Detalle de un panel informativo instalado en una calle de Pontevedra, que forma parte de la campaña contra la violencia machista promovida por el Ayuntamiento para hacer ver que la agresión física va precedida de la verbal. / Salvador Sas (Efe)

La llegada de un nuevo 25 de noviembre, Día Internacional contra la violencia de género, supone un momento de reflexión sobre el avance o el retroceso en la lucha por la erradicación de esta lacra que, año a año, va segando la vida de decenas de mujeres en nuestro país, cientos de mujeres en la Unión Europea, miles de mujeres en el mundo. Según señala ONU Mujeres, cada 15 segundos, en algún lugar del mundo, una mujer es agredida. No es de extrañar, por tanto, que este mismo organismo de Naciones Unidas recuerde que esta violencia asesina a más mujeres que el cáncer, los accidentes de tráfico, la malaria y las guerras juntas, siendo la primera causa de muerte entre las mujeres de 15 a 44 años. Una de cada tres mujeres sufre violencia física o sexual en algún momento de su vida. NN.UU nos dice que podemos calcular que la mitad de todas las mujeres asesinadas lo son a manos de su pareja actual o anterior.

A lo largo de este 2014, desde este espacio, hemos ido trasladando información y denuncia de todo lo que ha ido sucediendo mes a mes, desde la impunidad, la escalada de asesinatos de este verano o el escaso compromiso del gobierno con las víctimas y la eliminación de la violencia de género, hasta en los Presupuestos Generales. Sin embargo, aún queda mucho por denunciar, mucho por sensibilizar. La involución que está viviendo la sociedad en este tema se palpa día a día, y está provocada por la falta de políticas reales, que lleguen a la ciudadanía, dirigidas a re-construir un discurso social que rechace la subordinación de las mujeres y la condición de superioridad de lo masculino.

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El papel del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, máximo responsable en este tema, sigue centrado en actos que no tienen ninguna repercusión. Ni la lotería del 22 de noviembre, ni el cupón de la Once del 25N, ni la publicidad en los carritos de Correos. Eso es sólo marketing. La violencia no se elimina con campañas, sino con actuaciones reales de formación, sensibilización, atención a las víctimas, y acciones penales. Ni maltratar ni asesinar mujeres puede seguir saliendo gratis durante más tiempo.

En España nos ceñimos, cuando hablamos de violencia de género, a la Ley de Integral, que sólo reconoce la violencia psicológica y física en el ámbito de las relaciones de pareja presentes o pasadas, no otros tipos de violencia dirigida por un hombre o un grupo de hombres hacia una mujer o un grupo de mujeres. Volviendo a Naciones Unidas, su registro sobre la violencia de género es mucho más amplio; en España se dan casos que no se catalogan como tal: el acoso sexual, las agresiones sexuales –de las que este año también hemos tenido un buen número de casos-, la violencia sexual en el matrimonio –que ni se reconoce como delito-, o la prostitución.

Este último tipo de violencia está adquiriendo, además, nuevas modalidades y, por lo que hemos visto en estas últimas semanas, sigue siendo un ámbito, el de la prostitución, de reconocimiento masculino, de exaltación del poderío (el caso de Francisco Granados es la manifestación de algo que sigue normalizado en nuestro entorno: ir a celebrar el cierre de los negocios a locales de prostitución). ¡Qué decir de los que pagaban con las tarjetas opacas los servicios de algún que otro chalet en la calle de Alfonso XIII de Madrid, conocida por albergar el mayor número de locales de prostitución llamada ‘de lujo’ de España!

Mucho camino queda por recorrer, desde la intervención real de los gobiernos, nacional y autonómicos para frenar el avance de la violencia de género entre adolescentes y jóvenes -como denunciamos en cuartopoder.es hace exactamente un año- hasta romper el nuevo discurso del ‘y yo más’, en referencia a la violencia que sufren los hombres, pasando por una nueva presencia de la lucha contra la violencia de género en la agenda política y de quienes hacen, o dicen, hacer política.

Y no olvidarnos de las otras violencias de género, las que nos tocan colateralmente, las que sufren mujeres que están a nuestro alrededor y las que están lejos. Ser mujer es en muchos contextos una situación de riesgo. Lo dramático es ser hombre y permanecer impasible ante tanta tropelía.

(*) Berta Cao es consultora de género y Máster en Género y Políticas de Igualdad.