Asesinatos con audiencia

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Portada de la obra ‘Hadas con tacones afilados’

– Señor Velano, ¿tiene idea de por qué le han escogido a usted y a su programa para anunciar un asesinato?

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No. No la tenía. Era su primer asesinato. Cesar Velano, el conductor del programa nocturno de videncia Astroesotériko, se hallaba desbordado por la situación. Un cadáver dentro de una iglesia con muchas pistas. ¿Un juego? ¿Una venganza?  Ahí empieza “Hadas con tacones afilados  Pasión. Deslealtades. Violencia… ingredientes mezclados en una trama que ocupa 450 páginas y protagonizada por un asesino que se hace llamar Ofiuco y al que los medios de comunicación bautizan como “El asesino del 806”. Un asesino que reta, domina las escenas del crimen, los tiempos de la investigación… Sádico, vengativo, cruel e inteligente  establece a través del programa un duelo de poder entre la pseudociencia, las habilidades policiales del inspector Silvio, la religión y la fuerza del destino.

Todo eso es esta novela negra de Ruben Sánchez Fernandez, alias Rudo Safer, un policía que se mueve entre el asfalto y las letras. Escrita en dos años y medio en momentos arañados a su profesión, entre su escritorio y habitaciones de hotel en las que recala entre servicio y servicio. “Recuerdo una habitación de hotel en Albacete, una cafetería en Melilla…y las palabras que escribí allí. Dos años conviviendo con personajes que conocieron mi nombre solo porque yo imaginé que lo hacían. Sintiendo cómo me observaban desde el cobijo de sus penumbras, frente a mi escritorio, mientras se impelían a escribir las palabras precisas que habrían salir de sus bocas”, recuerda.

Eligió el título (que bien podía pertenecer a una novela erótica) por el papel de la mujer en cada subtrama del libro. Eligió la trama entre varias ideas que le rondaban por la cabeza.  El relato dibuja a los protagonistas y las escenas con minuciosos detalles llenos de jerga policial (tronchas, SITEL…) aunque diste mucho de ser un manual policial. “He intentado encontrar el equilibrio entre la ficción y la realidad diaria de una investigación sin contar nada que sea secreto”, destaca. Inspecciones oculares detalladas, intervenciones de los GEO, las pesquisas del grupo de Homicidios… escenas que son fotografías de la realidad policial. La obra es su primera novela, pero no su primera incursión en las letras. Autor del blog de literatura “Meros indicios” en el que realiza incursiones en la actualidad, reflexiona o escribe pequeños relatos.

En toda novela negra hay un investigador; un sabueso. Silvio es el inspector de Homicidios de esta novela negra. Un perro viejo; un inspector al que las sombras personales le acaban alcanzando e hiriendo al final de la trama. “Durante años fue un eficaz marinero que al llegar a capitán traspasó la dudosa línea que separa la vocación del profesional de las manías de un mercenario”, retrata Rudo.  Y por traspasar estas líneas rojas le acaban cesando en medio de la investigación, pero sorprendentemente es el propio asesino quien lo restituye en el caso.  “Silvio es un antihéroe; tiene un pasado y un presente aunque lo he alejado del arquetipo entre buenos y malos porque en esta novela no hay ni buenos ni malos perfectos”, retrata Rudo.

Y en toda novela negra hay un asesino. Ofiuco es un asesino en serie que han procurado dar la máxima difusión a sus crímenes a través de un programa de televisión. Ahí el autor introduce otro debate: la influencia de los medios de comunicación en los asesinatos con publicidad, la televisión como espectáculo, la guerra de las audiencias sin importar las vidas que se cobran mientras el programa lidere la audiencia…Y, mientras el asesino anuncia en televisión la muerte de un secuestrado, millones de personas histéricas saturan las centralita de la comisaría y media plantilla de la policía es avisada de urgencia, la mayor preocupación de un comisario y un inspector es mantener a raya a Silvio. ¿Qué tenían que esconder? Esta será otra de las subtramas no menos excitantes que se dibujan debajo de la historia principal. Y no olvidemos el papel de Raquel, una policia descreída, en la vida de Silvio. Todo hilado con la adrenalina suficiente para mantener atento al lector.

Rudo ya tiene en mente la próxima novela. Un pianista de jazz, un intérprete de árabe, una psicóloga… y otro investigador porque no habrá saga para Silvio al estilo de otros autores de novela negra como Camila Lackberg o Lorenzo Silva. Cada novela será un nuevo comienzo en la que, seguro, nada será lo que parece y, porque según esa frase de Antonio Molina que a él le gusta tanto, uno no se cura de un libro corrigiéndolo sino escribiendo otro.

Rubén Sánchez Fernández (Youtube)