Asesinos de mujeres

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La asociación Ve-la Luz llevó el pasado miércoles su campaña "Zapatos Rojos" contra la violencia de género frente al TSXG tras el suceso que acabó con la vida de dos hermanas menores de edad, presuntamente víctimas de un crimen perpetrado por su padre. Cabalar (Efe)
Activistas de la asociación Ve-la Luz, el pasado miércoles frente al TSXG, denunciando con su campaña "Zapatos Rojos" el suceso que acabó con la vida de dos hermanas menores de edad en Galicia a manos de su padre. /  Cabalar (Efe)

Que estemos en verano no es óbice para que las fuerzas políticas y el gobierno manifestaran su repulsa, estupor, preocupación, malestar o lo que sea. Tampoco para que posicionaran su rechazo ante los asesinatos que están sufriendo ciudadanas españolas o residentes en este país. Pero no hemos escuchado nada.

Mujeres de todas las edades están siendo masacradas a manos de quien debería mostrar y dar afecto, incluso de quien debería protegerlas. Porque por si no llegara con asesinar a la pareja, el mayor bien a proteger, la infancia, está siendo objeto de atentados con consecuencia de muerte. Cuatro menores en menos de una semana, la mitad que en lo que llevamos de año.

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Reconozco que el hartazgo me ha impedido llevar la cuenta, y da igual que sean 23 (cifras oficiales) o 60, según feminicidio.net. Incluso una sería demasiado. Pero lo que estamos viviendo estos días supera cualquier templanza. Y sí, estos últimos asesinatos sobrepasan toda capacidad de resignación. Desde el tal “Makelele” que maquinó sus coartadas en Gijón para asesinar a Sonia Meléndez Mitre, hasta el incendio en casa de Lola Moya, la exconcejala de Esquerra Unida en Serra, asesinada 'presuntamente' por su marido, concejal de la misma formación en la actualidad. Y qué decir de Sara Calleja, que con su suicidio dio luz a un caso de violencia psicológica de libro, pero que nadie fue capaz de evitar, por citar sólo algunos, porque la lista es larga en exceso.

En lo que si están poniendo la máxima celeridad es en la prevención de agresiones a alguno de los “presuntos” asesinos. Podemos leer en varios medios de comunicación las precauciones que tienen con el parricida de Moraña, al que han trasladado de cárcel, por si en A Lama, la cárcel de Pontevedra donde ingresó inicialmente, sufría alguna agresión. Sería una agresión por haber asesinado a sus hijas, porque en la misma cárcel coincidía con cinco asesinos (¡uy, perdón! "presuntos") gallegos que han matado a sus parejas o a sus exparejas, los más recientes en Ourense y Arbo, y ninguno de ellos ha tenido el menor problema con otros presos por sus delitos.

Mientras la indignación va creciendo entre las mujeres, y entre muchos hombres, las declaraciones políticas siguen ausentes. Por tanto, parece que nos queda a la sociedad civil la obligación de tomar medidas. Entre ellas, la primera, exigirle al gobierno de Mariano Rajoy acciones contundentes y, si no, considerar a este gobierno cómplice de los asesinatos. Vergüenza tendría que darles a algunos de estos que se rompen el pecho en sus oraciones (y me refiero a los rezos) tener este balance de asesinatos durante su mandato y no haber hecho nada. Nada. La segunda, que digan a cuánto asciende la partida para la lucha contra la violencia de género en los Presupuestos Generales del Estado para 2016, como están reclamando las organizaciones de feministas.

La tercera medida es la gran marcha sobre Madrid el próximo 7N. No cabe duda de que el grito #MachismoMata se escuchará alto en la manifestación, porque mata el machismo y los machistas. #NiUnaMenos, porque no puede haber un asesinato más, ni una mujer menos. La exigencia de que la violencia de género sea #CuestiónEstado estará presente desde el inicio de la marcha, a las 12:00 en el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (Paseo del Prado, 18).

Por si alguien duda de la transcendencia histórica del #7N, a estas alturas asociaciones de mujeres, organizaciones feministas, sociales, sindicales, etc., están trabajando ya porque hay que movilizar a miles de mujeres y hombres que exijan la erradicación de la violencia; la implementación de políticas y acciones para la prevención de la violencia y la atención y reparación a las víctimas, que denuncien el calvario que viven miles de mujeres, niñas y niños en nuestro país, porque hablamos de los asesinatos, pero no de las torturas que sufren a diario dentro de las paredes de lo que se llama “hogar”. Y recordar que #NosQueremosVivas.

Y esa gran movilización debe acompañarse de otras actividades, y se están lanzando pequeñas iniciativas, como esa de L.G.R., que marca los billetes con leyendas denunciando la violencia de género, que podemos conocer gracias a la fanpage de la comunidad Women In Black.

Yo me sumo con una acción de denuncia de canciones que exalten comportamientos violentos como actos de amor. Por si Víctor Manuel leyera esto, y sé que es un militante contra la violencia de género, le pido que no vuelva a cantar eso de “Si fueras posible amarrar, tenerte siempre cerca, poderte controlar, saber cada paso que das, si sales o si entras, si vienes o si vas…”, porque ¡ay amor! O nos haces libres, o no eres amor.

Aunque seguiremos hablando de ello, hay que ir marcando en las agendas que el 7N nos vemos llenando las calles de Madrid.

5 Comments
  1. Croquetiforme says

    Repulsivo artículo, vive Dios.

    En primer lugar está el sensacionalismo. Mujeres masacradas. De todas las edades. Y niños, ¡niños! Ni Ana Rosa Quintana. Poco importa que la realidad muestre un descenso en los uxoricidios, o que las cifras españolas sean de las más bajas del mundo. Que no empañe la verdad un buen amarillismo.

    En segundo lugar, y sin investigación ni pesquisas, la autora ya llega -por supuesto sin el más mínimo dato ni fuente- a las conclusiones que desentrañan las razones y causas de ciertos sucesos recientes. Es de puro sentido común esperar a ver qué ocurre con dichas investigaciones antes de sacar explicaciones basadas en la más absoluta NA-DA.

    En tercer lugar se queja de que se pongan medidas para proteger a los asesinos. La señora Cao debe pensar que vivimos en un poblado del lejano oeste en el que no vale la pena evitar linchamientos.

    Y para rematar habla de complicidad de las instituciones con los asesinatos, ahí es nada. Poco importa que haya unidades especiales en la policía, leyes específicas, enorme sensibilidad social y un rechazo absoluto y definitivo a este tipo de delitos. En el mundo mental de la autora, la realidad no aparece, ya que estropearía el discurso victimista de ciencia-ficción que no se sabe muy bien a quien ayuda salvo a ella misma y sus intereses (psicológicos o de modo de vida).

  2. juni says

    Bien, Berta, bien. …Sólo una pregunta: ¿Qué motivos tienes para pensar que las personas que se «rompen el pecho rezando» son mejores (o deben ser mejores) y tener mejores sentimientos e inclinaciones que las que sólo vemos en los rezos, las misas, y demás prácticas supersticiosas una serie de estupideces sin fundamento in re?

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