BERTA CAO | Publicado: - Actualizado: 6/1/2017 17:58

Imagen de una de las protestas contra la violencia machista convocadas este 2016. / Efe
Imagen de una de las protestas contra la violencia machista convocadas este 2016. / Efe

Ha llegado el día de la reflexión, de la exaltación del compromiso, de los datos. 25 de noviembre, contra las violencias que sufren las mujeres. Y la disparidad surge hasta en la denominación del Día, que ha ido evolucionando desde su proclamación por la Asamblea General de Naciones Unidas en diciembre de 1999.

En el último año, desde la celebración de la gran movilización del 7N, se han producido cambios sustanciales en el posicionamiento contra estas violencias. Hemos pasado de explicar el concepto “violencia de género” y la importancia de su dimensión frente al manipulador y reduccionista “violencia doméstica”, a una definición clara desde el feminismo, vanguardia y altavoz en la denuncia de las situaciones de discriminación y desigualdad que viven las mujeres, exigiendo el reconocimiento de todas las violencias que se ejercen contra las mujeres y que se incluya el verdadero origen de estas violencias: el machismo.

Hablar de machismo, en el siglo XXI, no tiene más lectura que la de ser conscientes de lo poco que ha calado en nuestra sociedad (y en muchas otras) el respeto a la igualdad y a los derechos de las mujeres. Y poco a poco se va poniendo la carga en quien la tiene: el violento. Sea éste el agresor sexual, la pareja maltratadora, el acosador o la sociedad que perpetúa comportamientos de superioridad masculina que desprecia, humilla y somete a las mujeres.

También los gobiernos tienen su responsabilidad en la situación que viven millones de mujeres en el mundo, miles de mujeres en nuestro país. Porque la atención a las violencias machistas sigue sin ser un punto central en la agenda política. No importan los escalofriantes datos –para que cada cual extraiga sus propias conclusiones, pincha aquí si quieres conocer los datos de feminicidio y aquí si quieres ver los datos oficiales-. Tampoco parece incidir que algunos aspectos de estas violencias, como la sexual, lleven meses en las páginas de los periódicos y en los juzgados, para vergüenza de propias y ajenas. De hecho, a solo unas horas de la conmemoración de este día seguimos teniendo información de la dejación en centros tutelados que lleva a la prostitución de niñas y adolescentes.

No queda más que preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo, qué sociedad es esa en la que cada día conocemos el caso de uno o varios hombres que ejercen violencia contra mujeres. Una sociedad donde la vida tiene valores distintos, en función del sexo, del posicionamiento en las jerarquías que se van creando (económicas, raciales, políticas, sexuales). Donde cualquiera pretende imponer su razón y sus “necesidades” a partir de su construcción del poder. Del podercillo de los hombrecillos que tienen que subyugar y tiranizar a mujeres y niñas para sentirse algo en la vida.

Mientras, aunque las violencias machistas no se consideran una cuestión de estado, ha arrancado el proceso de un futuro pacto (de estado, por supuesto) que dé respuesta a necesidades tan perentorias que da hasta pudor relatarlas: más financiación para luchar contra las violencias y para atender y reparar a las víctimas y revertir la tendencia de los últimos años, cuyas consecuencias estamos viendo con el retroceso en seguridad e integridad de las mujeres; atender y reparar también a las víctimas indirectas de los asesinatos de mujeres: sus hijas e hijos, asegurando la protección económica; más formación para que, quienes tienen que juzgar, aprendan a ver; más coordinación, para que la protección sea real y no un factor más en el riesgo; más sensibilización… y sobre todo, que los violentos no se puedan acoger a indultos y la imprescindible modificación de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género para que se consideren víctimas a aquellas mujeres que sufren esas otras violencias, ajustándose a lo firmado por el Gobierno español en el Convenio de Estambul, de prevención y lucha contra estas violencias, entre las que incluyen también la violencia sexual en el matrimonio, los matrimonios forzosos, las mutilaciones genitales femeninas, la esterilización y el aborto forzosos…

Ahí estamos, con todo esto por hacer. Con otro 25 de noviembre de lucha. Y lo que nos queda.

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  • Mendi Mendia

    Hete aquí la fuerza centrífuga de la izquierda moderna.

  • Eliane

    Para acabar con esta lacra es necesario cambiar mentalidades e involucrar a toda la sociedad, sin excepción.
    Una utopía? . No si desde nuestra infancia nos explican y se actúa con igualdad: mujeres y hombres, el conjunto de la sociedad

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