MEDIO AMBIENTE / “El paisaje ha pasado a ser un decorado. No se gestiona”, dice el experto Marc Castellnou

España arde: hemos abandonado los bosques y solo nos acordamos de ellos en verano

MARÍA F. SÁNCHEZ | Publicado:

Un hidroavión sobrevuela el incendio de Ayora (Valencia) que tuvo lugar en agosto de 2013.
Un helicóptero sobrevuela el incendio de Ayora (Valencia) que tuvo lugar en agosto de 2013. / Unidad Militar de Emergencias (Flickr)

Más de 140.000 hectáreas quemadas en Portugal, más de 70.000 hectáreas calcinadas en España en lo que va de año. Observamos las espectaculares imágenes de la tragedia y nos invade una sensación que es mitad rabia y mitad incomprensión. Lo cierto es que un 99,8% de los incendios son sofocados por los eficaces dispositivos de extinción y solo un 0,2 llega a superar las 500 hectáreas y, por lo tanto, convertirse en un Gran Incendio Forestal (GIF). Pero este pequeño porcentaje nos hace vulnerables porque se trata de fuegos cada vez más ingobernables. Entre las causas, el cambio climático, pero también la transformación de una sociedad rural y agrícola a una sociedad urbana y de servicios que no vive de los bosques, los desconoce y los descuida. “El paisaje ha pasado a ser un decorado, por eso no se gestiona”, explica a este diario Marc Castellnou, jefe del Grup d’actuacions forestals (GRAF) de los Bomberos de Cataluña, un reconocido experto en incendios forestales a nivel internacional.

En 2017, hasta este 6 de agosto, hemos alcanzado la peor cifra de los últimos cinco años, aunque el año con mayor cantidad de terreno devastado de la última década fue 2012, según el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Los expertos coinciden: el cambio climático provoca que los incendios puedan agravarse hasta niveles desconocidos hasta ahora. “Empiezan sequías profundas y largas, que no son nuevas, pero sí es una novedad que las sequías vayan acompañadas de un auge en las temperaturas. Aunque llueva lo mismo, hace falta más agua. Hay más combustible muerto y esto provoca que haya que luchar contra situaciones tremendamente adversas”, indica Castellnou, también presidente la Fundación de Ecología del Fuego y Gestión de Incendios Pau Costa Alcubierre (FPC).

Los servicios de extinción son cada vez más eficaces, pero en unos pocos incendios nos encontramos con más superficie quemada, explica Luis Suárez, biólogo y responsable de especies de la organización WWF.  Cuando las circunstancias son adversas: olas de calor intensas, sequía, fuertes vientos y escasa humedad, no hay dispositivo que sea capaz de actuar. “También influyen el tipo de vegetación, la zona donde se presente… Hay momentos en los que no se puede llegar al incendio y hay que esperar a que avance para poder atacarlo”, indican desde la Unidad Militar de Emergencias (UME), que interviene cuando los órganos competentes de las Comunidades Autónomas deciden que los incendios han alcanzado el nivel 2 de gravedad – entre 0 y 3–. “El sistema de extinción no van a poder aguantar porque hay incendios que no se pueden apagar”, advierte Castellnou.

Unos bosques abandonados o desconocidos para quienes los habitan

El problema es que no basta con sofocar las llamas y menos cuando los dispositivos de emergencias no siempre son capaces de controlarlas. Hay un trasfondo mucho más complejo, que tiene que ver con el cambio en nuestro modelo de vida y el sistema productivo. “Hay un cambio de paisaje hacia uno de mayor continuidad, un abandono de usos y costumbres tradicionales de la gestión forestal que provocan que los montes puedan arder con mucha más intensidad”, indica Castellnou. Un dato: Europa tiene un 53% del paisaje forestal que no gestiona porque no lo usa y en algunas partes de España hay zonas en las que esta cifra se incrementa.

Los incendios no son un fenómeno nuevo, ocurren desde hace siglos e incluso a veces son positivos para el ecosistema, pero los ciudadanos han perdido la capacidad de enfrentarse a ellos. Ya casi nadie sabe como reaccionar. Han aumentado el número de viviendas, urbanizaciones que se encuentran dentro del bosque o el número de autopistas que lo atraviesan y, por tanto, el peligro es mayor. Ahora el fuego en el bosque ha pasado a una emergencia civil. Según el Ministerio del Interior, en 2015 se produjeron un 40% más de evacuaciones de incendios respecto a 2005. El litoral mediterráneo, la Comunidad de Madrid, Galicia o el valle del Tiétar en Ávila son las regiones que presentan más zonas peligrosas para los ciudadanos en caso de incendio.

Habitamos en los bosques, pero nuestro sustento no se encuentra en ellos, no son el medio del que depende nuestra economía. Tampoco importa gestionarlos para mantener su equilibro, hasta que vemos que se ve amenazada nuestra seguridad. “Incendios ha habido siempre, lo que es nuevo es que haya incendios tan devastadores en zonas habitadas por las sociedades modernas”, explica Castellnou. “Los que atraen la atención son los de California, Francia, España, Portugal… Las noticias son proporcionales a la riqueza del país afectado. Cada año se queman millones de hectáreas en Siberia y no oímos ni una palabra”, cita Castellnou para contextualizar el fenómeno y advertirnos de que nuestra percepción de la realidad se limita, a menudo, a una pequeña parte de una realidad mucho más amplia.

Efectivos de la UME trabajando para extinguir el incendio en Sertã, en el centro de Portugal el pasado mes de julio.
Efectivos de la UME trabajando para extinguir el incendio en Sertã, en el centro de Portugal el pasado mes de julio. / UME (Flickr)

La solución está en la prevención, no solo en apagar las llamas

Los expertos coinciden en señalar que para encontrar soluciones habría que destinar más dinero público a la gestión de los bosques. Más del 70% dinero invertido por el Gobierno central y los autonómicos para luchar contra los incendios se utiliza para la extinción, no para realizar verdadera prevención que ataje el problema de raíz. “Hay presión para apagar las llamas, pero éstas solo son la parte final. Nos hemos gastado 2.000 millones de euros en extinción de fuegos este verano, pero todo lo que no apaguemos este año se va a poder quemar igualmente el año que viene. Es como una pandemia de gripe: una solución es no hacer nada y poner más sábanas blancas para que los enfermos estén más cuidados y otra es invertir en una vacuna efectiva. La vacuna es la gestión forestal, la economía rural o el pastoreo”, indica Castellnou.

Algunas soluciones: la clásica silvicultura –el cuidado de los bosques–, el aprovechamiento de los montes para la madera, la gestión de pastos, incluso las pequeñas quemas controladas para permitir incendios de baja intensidad que dinamicen el ecosistema. También la alteración de grandes masas de pinares o viejas plantaciones para introducir especies más resistentes al fuego. Al final, se trata de crear una “bioeconomía”, explica Castellnou. “Ahora mismo, ¿cuánta gente tiene un mueble de madera de Valsaín y cuanta gente lo tiene de madera de Suecia?”, señala.

Pero nuestra responsabilidad como consumidores se enmarca en un problema político y social. “Es un asunto que requiere políticas a medio y a largo plazo, que involucre a los ciudadanos”, explica Suárez. “Somos una sociedad heroico-sensacionalista. La faena del día a día no atrae inversión, no atrae votos, y por lo tanto no se hace”, indica el jefe del GRAF, de los Bomberos de Cataluña.

La prevención que no solo pasa por gestionar los bosques, sino por concienciar a los ciudadanos. El 96% de los incendios son producidos por los humanos y, de ellos, un 55% es intencionado. “Los motivos son lo más discutible: especulación, prácticas ganaderas, rencillas personales, personas enfermas… Otras veces es la forma más rápida que alguien tienen de quemar una parcela y poder disponer de la madera. La casuística es muy variada”, explica Suárez. Por eso, según el experto, la parte social es muy importante: se debería trabajar en los montes comunales o en la gestión colectiva. Haría falta un cambio completo de mentalidad para cambiar la relación a nuestros bosques e involucrar a lo ciudadanos en ellos. Pero vivimos cada vez más rápido, queremos soluciones instantáneas a problemas complejos y hemos perdido la capacidad de relacionarnos con la naturaleza.

  • florentino del Amo Antolin

    Como todo esto de la madre Naturaleza no da votos, pues pasa que el primo de Rajoy quiere sombra de buen pino. Las papeleras, eucaliptos de rapido crecimiento… El des gobierno pensando trasvasar agua a las comunidades del PP; no piensan que en Cieza por ejemplo durante milenios el esparto era su referente natural. La especulación urbanistica, con campos de golf; pero sin agua de boca para los nativos. Falta la educacion ambiental; desde niños la obligacion de aprender trabajando, y jugando con la Naturaleza… Crear, empleo limpiando montes; quitando cristales, botellas… No desperdiciar el agua con riegos de invasión los agricultores. Esto no es cosa de los ecologistas; si queremos un campo de visita, sin cuidarlo, ni mimarlo… El norte de Africa se ampliara más rapido de lo esperado Es un reto de todos!.

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