Hasta Rusia condena las pintadas fascistas en España

Pintadas fascistas en el cementerio madrileño de Fuencarral
Pintadas fascistas en un monumento a las Brigadas Internacionales en el cementerio madrileño de Fuencarral. / Twitter @EmbajadaRusaES

La embajada de Rusia en Madrid ha manifestado su protesta por las agresiones nazis y antisemitas a las tumbas y monumentos de los voluntarios soviéticos y de los brigadistas internacionales en el cementerio de Fuencarral (Madrid). En su cuenta oficial en Twitter divulgó varias fotografías con pintadas delictivas, acompañadas del siguiente texto: “Condenamos la profanación con consignas neonazis y antisemitas de los Monumentos a los voluntarios soviéticos, brigadistas internacionales y otros combatientes de la Guerra Civil española en el cementerio de Fuencarral en Madrid”. Aunque las pintadas con insultos y símbolos racistas contra los judíos y los voluntarios de la libertad aparecieron el jueves, los autores de los hechos no han sido todavía localizados ni detenidos.

Se necesita destilar mucho odio para trasladarse a un cementerio a deteriorar las lápidas y monumentos que honran la memoria de los voluntarios que hace ochenta años acudieron a España a defender las libertades democráticas de la II República, con independencia de que el bloqueo de las llamadas “potencias democráticas” (Francia y Reino Unido principalmente) obligara al Gobierno republicano a proveerse de armamento e instructores soviéticos. La manifestación de ese odio constituye un delito tipificado en el artículo 510 del Código Penal y castigado con penas de uno a cuatro años de prisión y multa de seis a doce meses.

La denuncia de la embajada de la Federación Rusa contrasta con la pasividad de las autoridades españolas

Llama la atención la denuncia de la embajada de la Federación Rusa, en contraste con la pasividad de las autoridades gubernamentales españolas. Sin ser el régimen de Moscú un dechado de virtudes democráticas (racismo creciente y persecución de gays, lesbianas y transexuales), su acusación en el sentido de que aquí, tras cuarenta años de andadura democrática, continúan las agresiones dentro de las tapias de los cementerios a la memoria los murieron luchando contra el nazismo y el fascismo (que eso fue el franquismo), deja la “marca España” a la altura del felpudo.

La impunidad de los elementos más podridos de la ultraderecha se explica en muchos casos por el cobijo político que les brinda el PP. Ejemplos y testimonios de camadas ultras bajo el paraguas del partido gubernamental se pueden encontrar en la Comunidad Valenciana, Cataluña y algunas localidades de Madrid y ambas Castillas. La exhibición de símbolos nazis y facciosos junto a la bandera del águila de San Juan forma parte de una época ominosa que algunos dirigentes del PP no sólo evitan condenar, sino que recuerdan con mucho agrado.

En ese contexto tampoco se iban a producir esmeradas acciones de investigación contra quienes amenazaron al alcalde de Pamplona [“Asirón, atrévete con los vivos”] por la decisión municipal de devolver a sus familias los restos de los golpistas Emilio Mola, José Sanjurjo y otros sepultados en la cripta de los Caídos. O contra quienes en la misma ciudad practican el deporte de deteriorar la placa de recuerdo al joven Germán Rodríguez, asesinado por un disparo de la policía en los San Fermines de 1978. Pero valía suponer, al menos, que la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, aplicara un correctivo a los militares que todavía incluyen en el orden del día de sus unidades la conmemoración del alzamiento fascista del 18 de julio de 1936 y se comprometiera a eliminar esa efeméride definitivamente.

Cospedal todavía no aplica un correctivo a los militares que aún conmemoran el alzamiento fascista del 18 de julio de 1936

Ni Cospedal ni el portavoz del PP en la Comisión de Defensa, Ricardo Tarno, lo han hecho expresamente. Tarno se hizo el gracioso diciendo, en referencia a los grupos Mixto y del PNV que forzaron la comparecencia de Cospedal el 23 de agosto pasado: “Yo entiendo que ustedes estaban aburridos este verano y necesitaban llamar la atención”. Y Cospedal expresó su disgusto por tener que comparecer por “un tema tan enjundioso” en comparación con los incendios de este verano y la operación naval ante las costas de Libia. Es más, a Tarno le pareció muy bien el texto de la orden del día de la Agrupación de Apoyo Logístico número 61, radicada en Valladolid, con la efeméride golpista “para que las generaciones futuras eviten las circunstancias que propiciaron el enfrentamiento bélico. Los pueblos que olvidan su historia están irremisiblemente condenados a repetirla”.

¿Amenaza? ¿Concepción de unas fuerzas armadas vigilantes de la sociedad? ¿Promoción intelectual por dejación de responsabilidad de un renovado golpismo? Para el catalán Jordi Xuclá “estamos ante un caso de preocupante banalización del mal; nadie puede imaginar que en el año 2017 en Alemania o en Italia se pueda celebrar una efeméride similar”. Para el vasco Mikel Legarda “no basta con pedir disculpas en un tuit o una nota de prensa”. Para Irene Montero, de Podemos, “la democracia no es compatible con honrar, con homenajear un golpe de Estado contra un Gobierno democráticamente electo”. Para Zaida Cantera, “las Fuerzas Armadas deben guardar la debida neutralidad y respetar la Constitución, y el Ministerio de Defensa no puede decir a la sociedad a través de un tuit que vanagloriarse de una sublevación que provocó una guerra civil es un error”. Y para la secretaria general del partido gobernante y ministra de Defensa, “una anécdota” que ya el Instituto de Historia Militar que desde 2014 estudia el contenido de las 2.390 efemérides militares corregirá en su momento.

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