Desolación y muerte en el Mediterráneo: “Salvini ha ganado”

  • Nadie tiende la mano al otro lado y eso ayuda a convertir el Mediterráneo central en una gigantesca fosa común, según las ONG que se han visto forzadas a marcharse
  • “Hemos sido víctimas de una auténtica campaña de acoso y derribo”, denuncia el responsable de Relaciones Externas de Médicos Sin Fronteras, Carlos Ugarte

Llegan menos personas a Europa, pero la tasa de mortalidad es mayor. El año pasado por 42 migrantes que alcanzaban Italia uno moría. Este año, por cada 18 personas que han llegado, una fallece. Nadie tiende la mano al otro lado y eso ayuda a convertir el Mediterráneo central en una gigantesca fosa común, según las ONG que han estado operando allí y se han visto forzadas a dejar de hacerlo debido a hostigamientos o a la paralización de sus barcos. En estos mismos instantes no queda ni una sola operando en sus aguas. Las organizaciones hacen un juicio oscuro, pero certero: el ministro italiano de Interior, Matteo Salvini, “ha ganado”.

“Hemos sido víctimas de una auténtica campaña de acoso y derribo”, denuncia a cuartopoder.es el responsable de Relaciones Externas de Médicos Sin Fronteras (MSF), Carlos Ugarte. La ONG se embarcará a principios de la semana que viene junto a SOS Mediterranée en el buque Aquarius, el único que por el momento prestará servicio en el Mediterráneo central, según confirma MSF. Sin embargo, tendrán que hacerlo “sin la colaboración de nadie” porque las embarcaciones no contarán con el necesario apoyo en tierra de los Centros de Coordinación y Rescate de Italia y Libia.

Uno de los ejemplos más claros de la campaña de acoso y criminalización que han sufrido las ONG que trabajan en el Mediterráneo es el caso de la ONG Proactiva Open Arms, que desde 2015 ha salvado a unas 59.000 personas. “Nos retiramos del Mediterráneo temporalmente por dos motivos: porque nos han puesto muchos impedimentos –nos hemos visto obligados a abandonar Malta y a no desembarcar en Italia– y porque no podemos acceder a las aguas italianas con seguridad”, explica el coordinador de Operaciones de la organización, Gerard Canals. Sin embargo, dejarán un vigilante: el barco Astral, que aunque no pueda realizar rescates servirá para realizar labores de observación y denuncia.

Proactiva Open Arms tuvo su barco inmovilizado durante un mes y la tripulación fue acusada con penas de hasta 12 años de cárcel. Después, el pasado mes de julio, realizaron un agónico rescate de dos cuerpos sin vida de una mujer y un niño y otra mujer que sobrevivió entre los restos de una patera que llevaba dos días a la deriva en el Mediterráneo. Según la organización, los agentes libios abandonaron a estas personas en el mar y destruyeron su embarcación porque no querían subirse a la patrullera de Libia.

Salvini, la UE y las muertes en el Mediterráneo

Ya hace tres meses que Salvini, el líder de la xenófoba Liga Norte, comenzó su particular cruzada contra las ONG en el Mediterráneo central, las únicas que prestaban ayuda a las personas que huían del caos y la barbarie de Libia, donde se dan todo tipo de “horrores inimaginables” contra los migrantes, según la ONU. El Gobierno de Italia se ha negado a dar puerto a las organizaciones que rescatan a los refugiados en el mar acusándolas de fomentar las redes de tráfico de personas, mientras ha negociado con uno de los tres gobiernos libios para que la Guardia Costera libia –que no realiza labores de salvamento– devuelva las embarcaciones de migrantes a su puerto, pese a que no es seguro.

El número de migrantes que alcanzan la costa italiana es seis veces menor, pero las cifras muestran que la ruta es la más letal. Las llegadas a Italia hasta el 31 de agosto de este año fueron 19.874, mientras que el total del año pasado sumaron un total de 119.369. Sin embargo, en 2017 se produjeron 2.853 muertes y este año – a fecha de septiembre– se han registrado 1.130 fallecidos. Esas son tan solo las muertes registradas porque, en realidad, las propias organizaciones desconocen cuanta gente abandona las costas libias y pierde la vida en el intento. Explican que seguramente muchos no habrán sido reportados por los guardacostas de Libia y otros muchos habrán muerto sin testigos para que puedan contarlo.

El panorama es “desolador”, según lo describe Ugarte. Las torturas, los abusos e incluso la compra-venta de migrantes están a la orden de Libia, donde además los últimos días se están viviendo una escalada del enfrentamientos entre facciones rivales –MSF ha pedido la evacuación inmediata del país de migrantes, refugiados y solicitantes de asilo–. “El efecto huida se mantiene y las embarcaciones en ningún caso pueden recorrer las más de 300 millas que separa la costa libia de Italia. Todos son candidatos a naufragar en esa franja en la que hemos estado operando las organizaciones de rescate y que está entre las 20 y las 30 millas de la costa italiana. La gente está saliendo, los barcos se están hundiendo, pero ese rescate que antes esperaban no se produce. En el mejor de los casos las devuelven al mismo lugar del que estaban huyendo”, explica el responsable de MSF.

Otro de los efectos perniciosos de las medidas puestas en marcha por Italia de la mano de Salvini es que los buques mercantes también evitan ya prestar ayuda a las pateras que encuentran a su paso. “Subirlos a bordo significa parar el barco o tenerlo dando vueltas durante varios días y los navíos van a hacer negocio. En definitiva, las medidas van encaminadas a convertir el Mediterráneo en una gran fosa común si es que no se había convertido en eso ya”, añade Ugarte.

Las ONG subrayan que la Unión Europea no ha tenido capacidad para responder a Salvini y que le han dejado vencer. “Las políticas migratorias de la UE se fundamentan en la disuasión y el Mediterráneo está siendo utilizado como criba”, explica Ugarte. “El problema es que, cuando nos quitan a nosotros, no incorporan barcos de rescate de alguna otra agencia estatal”, añade el coordinador de Proactiva Open Arms. Todas las organizaciones que han trabajado en el Mediterráneo han sufrido represalias por sus labores humanitarias: el barco alemán de rescate Seawatch permanece detenido en Malta, la embarcación de la ONG alemana Lifeline también estuvo retenida y su capitán fue acusado de irregularidades en el registro marítimo. Por último, la salida del Aquarius se ha retrasado por las dificultades para encontrar un país que les respalde con su bandera: nadie quiere responder cuando los guardacostas italianos denieguen la coordinación de un evento de rescate.

España, la principal ruta de llegada

España se ha convertido en la principal ruta de personas migrantes y refugiadas para llegar por mar a Europa. La externalización de fronteras de la UE a países terceros que violan los Derechos Humanos, como son Libia y Turquía, obligan a los migrantes a buscar rutas alternativas. En lo que va de año han llegado más de 20.000 personas a España, aunque la cifra se mantiene bastante alejada de otros repuntes de salidas como el que experimentó Grecia en 2016, cuando en solo tres meses el país recibió a unos 200.000 migrantes y refugiados.

Sin embargo, la ruta de entrada a España no deja de ser peligrosa. En lo que va de año, ya habrían perdido la vida más de 300 personas, más que todas las registradas durante el año pasado, según señala la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Por eso, no existe ningún “efecto llamada”, sino un “efecto huida ante el riesgo de muerte”, explican.

La semana pasada conocíamos que la ONG Proactiva Open Arms rescatará migrantes en aguas del Estrecho de Gibraltar y el Mar de Alborán bajo la coordinación de Salvamento Marítimo, gracias a un acuerdo con el Gobierno. “Nos ofrecimos al Gobierno español debido al aumento de llegadas y contestaron de forma positiva. Estamos dándole forma al acuerdo que nos va a llevar a trabajar al sur de España y nuestros técnicos están trabajando en el barco”, explica Canals.

Aunque haya algunos gestos que invitan a la esperanza, como el reparto de las personas que viajaban en el Aquarius entre los países de la Unión Europea, las organizaciones denuncian que los migrantes seguirán enfrentando maltrato, abusos y muerte si no se buscan vías seguras y legales para que puedan llegar a Europa y solicitar refugio. “No hay forma de llegar a Europa que no sea poniéndote en las manos de las redes de tráfico de personas, con el resultado que ya conocemos. Al contrario de lo que dice Salvini, el sistema para que estas redes no saquen beneficio es que las personas no se tengan que poner en sus manos. Pensar lo contrario es absurdo”, remarca Ugarte.

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