Nicolini, exalcaldesa de Lampedusa: “Nunca imaginé que vería un horror semejante”

  • Era alcaldesa durante la tragedia de Lampedusa de 2013 y se volcó en dar una acogida digna a los inmigrantes que llegaban
  • Se presentó a la reelección pero perdió en junio del año pasado. Ahora ha visitado Madrid para ofrecer su poderoso testimonio y abrir una ventana de esperanza

El octubre de 2013 un barco repleto con 480 refugiados sirios a bordo se hundió mientras Italia y Malta se pasaban la pelota para decidir quien iba a su rescate. Unos escalofriantes audios que revelan esta omisión de socorro fueron publicados el año pasado por el diario italiano L’Espresso. En ellos se escucha a un médico sirio pedir ayuda desesperadamente y un operador de la guardia costera italiana que contesta: “llame a Malta”. Cinco horas después y sin que nadie acudiera a prestar ayuda, fallecieron más de 360 personas, incluidos 60 niños.

Tanto los supervivientes como los muertos de aquella tragedia llegaron a Lampedusa, la pequeña isla italiana que ha sido testigo del horror y de la muerte a la que se enfrentan los refugiados. Sobre todo antes de que se pusiera en marcha el programa Mare Nostrum y las ONG comenzaran a efectuar rescates. En aquel momento, la alcaldesa era Giuseppina Nicolini, quien se volcó en dar una acogida digna a los inmigrantes que llegaban y pregonó un urgente cambio en las políticas fronterizas y migratorias para que Europa dejara de mirar hacia otro lado.

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Nicolini se presentó a la reelección, pero la perdió el pasado mes de junio. Si comparamos el resultado electoral de “la alcaldesa de los refugiados” con la victoria de las fuerzas extremistas de la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas, el panorama se torna desesperanzado. En tiempos de urgencia y después de cierto silencio ante los medios, la exalcaldesa ha visitado Madrid para ofrecer su poderoso testimonio y abrir una ventana de esperanza.

Asegura que la geografía de Lampedusa, en medio del Mediterráneo, enseñó a sus habitantes a “acoger a los demás” y cree que el resto de Europa debe aprender a hacerlo. “La política vive una etapa tímida y miedosa, así que tenemos que realizar una labor cultural. No solo la economía mata: es muy peligroso que la cultura se adapte a lo que quiere el poder”, explica la exalcaldesa en una entrevista con Cuartopoder.es, después de participar en las jornadas de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) que se han organizado este martes por ser el Día del Migrante.

“Tuvimos que guardar los cuerpos en un camión frigorífico”

Nicolini llegó al poder con la efervescencia de una gran crisis en la isla. En 2011 la Primavera Árabe había dejado en la isla a unos 10.000 tunecinos, cuando los habitantes de Lampedusa son tan solo 6.000. En aquel momento el ministro de Interior era Roberto Maroni (Liga Norte) no prestó ninguna ayuda a los lampedusianos. “El Gobierno dejó tirados a los tunecinos dos meses y la gente cuidó de ellos. Aunque estaban en la calle, les daban de comer”, relata la exalcaldesa. “Yo dije que había que cambiar el modelo de acogida y por eso me eligieron”, indica.

Después, llegó la crisis de Libia y la apertura de una nueva ruta que traía a personas subsaharaianas. En su relato descarnado, la exalcaldesa narra como Lampedusa ha visto a los migrantes que bajan de los barcos “han dejado todo atrás”, aunque “los medios hablen de ellos como personas desarraigadas”. Llegan tan solo con “una foto, una biblia o un corán”. Algunos incluso “venden un riñón”para poder seguir el viaje, mientras “todas las mujeres han sido violadas”, apunta.

El 13 de octubre de 2013 tuvo lugar la gran tragedia que marcó Lampedusa para siempre. “El barco se hundió, llegó a posarse en el fondo del mar y los cuerpos que se habían quedado atrapados en la bodega fueron rescatados por submarinistas”, explica la exalcaldesa. “Tuvimos que prestar ayuda psicológica a estos trabajadores. Cuando volvían al muelle se desmayaban porque los cuerpos, al sacarlos del mar, explotaban debido al agua que habían ingerido. El horror que vivimos durante esos días dejó mucha más huella que cualquier campaña de concienciación”, narra.

“Ningún ministro del miedo ni ningún Salvini pueden transformar esa realidad, que es el drama más grande de nuestra época”, asegura. “Nunca imaginé que vería un horror semejante”, relata. “Los cuerpos recuperados fueron únicamente 26. El olor de aquellos muertos invadió la isla durante meses. No teníamos ningunas cámaras frigoríficas, así que tuvimos que conservarlos en un camión frigorífico, que tuve que intervenir a unos ciudadanos que trasladaban el pescado. Cuando una comunidad vive horrores semejantes, ¿de que más puede tener miedo?”, añade.

Nicolini no quiere que el resultado de las últimas elecciones tiña con un halo de fracaso esa política de acogida que pueden poner en marcha otras alcaldías y que la hizo merecedora del Premio Houphouet-Boigny a la Paz que otorga cada año la Unesco. “Tenemos el orgullo de haber salvado a 300.000 personas”, subraya. Su fracaso en los últimos comicios lo achaca a otros asuntos: “fueron mis políticas en medioambiente y mi oposición a que se siga construyendo en Lampedusa. De forma paradójica, con nuestras políticas migratorias se produjo un repunte del turismo en una isla que vive de él. Fuera se puede pensar que han castigado mis políticas de acogida, pero estas ha mejorado la economía. Sin embargo, ellos tienen un modelo de desarrollo diferente al mío”, explica.

“A los migrantes los dejan morir en el mar, pero cuando llegan los explotan”

En época de monstruos y fantasmas que siembran la desesperanza, Nicolini hace un diagnóstico: puede que consiga calar un discurso manipulador, pero las personas acabarán percatándose del engaño. “Cuando los gobernantes no puede cumplir con los compromisos que ha adquirido con la población, quieren desplazar la atención de sus fracasos personales hacia el exterior. Señalan un enemigo para ocultar que la razón de los males es su incapacidad de gobernar. Pero el Gobierno actual ha hecho unas promesas que son profundamente asistencialistas y que ningún país europeo se puede permitir hoy en día”, asegura.

No obstante el Gobierno italiano sí ha cumplido una promesa, la criminalización de las ONG en el Mediterráneo, a las que Italia prohíbe atracar en sus costas. “Es lo más vergonzoso”, considera. “La Fiscalía de la República comenzó unas investigaciones en contra de las organizaciones que se quedaron en nada”, añade. Sin embargo, cuenta que desde octubre un nuevo barco con bandera italiana, el remolcador Mare Jonio, apoyado por la sociedad civil “y financiado por varios parlamentarios de la izquierda”, se encuentra en el mar para vigilar y monitorizar la dramática situación que viven en el Mediterráneo aquellos que se juegan la vida para alcanzar Europa.

La receta no pasa tanto por poner los números sobre la mesa, según Nicolini, sino por demostrar que otros tipos de políticas migratorias, más acogedoras y garantistas con los Derechos Humanos, son posibles. Admite que ella misma está cambiando su discurso. “Debemos hacer que a este sentir común se imponga en temas como la paz, el medioambiente o la igualdad. A los migrantes los dejan morir en el mar, pero cuando llegan los explotan. En una sociedad que combatiera la explotación no haría falta una migración clandestina porque no hacen falta personas ilegales que se puedan explotar”, defiende.

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“En Italia llegaron 118.000 personas en 2017 y en 2018 menos de 28.000. Ha habido una disminución de más del 80%, pero Salvini habla todos los días de crisis migratoria”, critica. Por el contrario, ella rescata ejemplos “muy útiles”, como el del alcalde de Riace, Domenico Lucano, hoy encarcelado por supuestamente favorecer la inmigración ilegal. “Ha repoblado con inmigrantes un lugar que estaban abandonando, como sucede en los países del sur de Europa. Aquellos habitantes de Riace que habían marchado han vuelto porque ha aumentado el comercio y se ha relanzado la economía”. Este es, a sus ojos, “el ejemplo que hay que rescatar” para poder vislumbrar “el horizonte que queremos construir”.